La casa, de dos plantas y de aspecto moderno y sencillo, estaba en un barrio relativamente nuevo de Springfield. Sólo se veían luces encendidas en la planta superior. Según la información que teníamos, era la vivienda de un tal Fabio Malatesta (joder, vaya nombrecito, ¿el propietario iría a juego?), uno de los hombres de Liotti. Desde el otro lado de la ancha calle y sentado en el coche podía vigilarla con toda comodidad. Creo que no me han descubierto. Si ocurre, el pescuezo de Apu podría peligrar. Crucemos los dedos.
Bueno, mi posición tampoco era la mejor de las posibles. Mi amigo se había llevado su pistola y yo volvía a tener aquel revólver antediluviano. No podía haber sido de otra forma: él era el que iba a meter la cabeza en el avispero.
Disfrazado de sultán de las mil y una noches, Apu entró al pequeño palacio donde se celebraba aquella fiesta y hora y media más tarde salió con la nonna, apareció raudo un enorme coche negro de lunas tintadas, se metieron dentro y salieron pitando hacia un destino indeterminado. Y yo detrás discretamente pero con cuidado de no perderlos.
No habíamos pensado mucho en lo que podía salir de aquel plan. Esta no era la peor posibilidad, aunque tampoco era la mejor. No se sabe, nunca se sabe hasta el final.
Y ahora llevaba dos horas esperando frente a la casa del esbirro de Liotti adonde finalmente se dirigían. Esperé porque me pareció prudente cuando llegué. En ese momento estarían más vigilantes. No sé cuantos hombres hay en la casa. Mínimo uno, el chófer. Máximo, ni idea. Pero, como decía, esperar era prudente hace dos horas, ahora es una cobardía. Podrían haber descubierto a Apu, lo cual era probable. Incluso a estas alturas podía ser un fardo muerto en un rincón.
Así, que me subí el pistolón aquel a la cintura (joder, el armatoste con el peso se me escurría por las perneras del pantalón) y me bajé los asustados huevos de la garganta al sitio que les era natural (sí, tenía miedo, ¿qué pasa? Tampoco era para menos, ¿no?). Dí un rodeo hasta el final de la manzana y con discreción avancé por la calle de atrás.
Con la manga de la camisa hecha un ovillo rompí el cristal de una ventana. Aunque el interior estaba a oscuras, pude ver a duras penas lo que parecían los muebles de un pequeño salón: un sofá sobrio, una lámpara de pie, una mesa baja. Metí la mano por el hueco de cristal roto y abrí el pestillo, que (me cago en la leche) cedió un ruidoso crack. Coser y cantar, ya estaba dentro. No se oía nada, sólo coches en la calle. Al fondo, al otro lado de un amplio vestíbulo frente a mí, había algo de claridad, que provenía de alguna habitación escondida a mi vista. Estaba como un flan. Yo era un tipo apañadito en una pelea, pero una cosa era unas cuantas magulladuras, e incluso la nariz rota era un daño aceptable; y otra, esto: mafiosos, armas de fuego, muertes. Estaba en una ratonera, podía no salir vivo de allí. Podía largarme de allí tan tranquilamente como había entrado y meterme de nuevo en el coche, y marcharme de la ciudad ahora mismo, cagando leches por la carretera interestatal. Pero ¿y Apu? Joder, no podía dar media vuelta sin más. Así, que me saqué el pistolón otra vez del pantalón por el que ya quería llegar a mi rodilla izquierda y, por un segundo, lo sopesé en mi mano. Entonces, apareció el tipo. Pasaba casualmente por delante de la puerta que había frente a mí y giró la vista por casualidad también. En un primer momento no me vio, pero supongo que algo intuyó, yo que sé. Yo estaba en una habitación a oscuras, era un bulto oscuro entre otros bultos oscuros. Él, por el contrario, aparecía recortado contra la luz difusa del fondo y yo veía su silueta perfectamente. Con un gesto casi mecánico, el tipo, parado en el marco de la puerta, alargó la mano hacia el interruptor de la luz y dio un paso hacia dentro. Fue un instante revelador. El tipo tenía una pistola automática en una mano al final de un brazo relajado que caía junto al costado y la otra mano la tenía frente a su rostro moreno llevando a sus labios un vaso de leche. Cuando me vio de repente, sus ojos por encima del vaso con el líquido blanco se abrieron en todo el ancho y largo de las órbitas. Para entonces yo le apuntaba con el pistolón. Disparé sin perder un segundo. La fuerza del disparo me hizo retroceder, pero, al contrario que lo que temía, el cacharro funcionaba. Pero que muy bien. Y mejor que bien, realmente fantástico. Me acerqué y luego me agaché junto al cuerpo inmóvil. La bala había atravesado limpiamente el vaso de leche y su dentadura apenas entreabierta. Uno y otra tenían perfectos orificios de bordes sin grandes astillas. Tal era la potencia con que la bala salía del arma. Debajo de la cabeza había un gran charco de sangre y masa encefálica. Prácticamente la parte posterior de la cabeza se había desintegrado, pulverizada contra las paredes del saloncito y, más allá, hacia el amplio vestíbulo que le seguía. Era la primera vez que mataba a alguien. Una vez le corté una oreja a un tipo. Me tendió una emboscada en un callejón por un dinero que le debía. Pues no sólo no le pagué, sino que me quedé con su navaja y su oreja. Bueno, una semana más tarde mi chica entonces tiró aquel orejón a la basura. Decía que olía mal y que me estaba volviendo un tipo raro. Joder con las mujeres. La navaja la perdí en alguna mudanza. Joder con las mudanzas. Bueno, a lo que iba. Que el episodio de la oreja fue lo más fuerte que me pasó, bueno, que le haya pasado a un tipo que se cruzara conmigo y me cogiera de malas pulgas. Ya sé quién es. Liotti. Lo he reconocido por las fotos que vimos en los periódicos de la hemeroteca. Tal como lo describió Apu. Pinta de chuloputas de libro. Se acabaron tus días de semental. Bueno, en realidad se habían acabado todos tus días, los de semental y los otros. Ya no luciría ninguna sonrisa ni en su funeral porque la parte delantera de su dentadura se había volatilizado mezclada con su materia gris. Ni tampoco luciría grasa en aquel peinado estúpido porque no había donde ponerla: le faltaba parte de la cabeza. Mejor lo enterraran con la tapa del ataúd puesta. No era un espectáculo agradable. Mi primer muerto. No sabía que pensar. Mi primera reacción fue de curiosidad. Luego, una oleada de desprecio me invadió al ponerle nombre al fiambre aún caliente. Luego no tuve tiempo para más introspección morbosa porque parece que el estampido del pistolón había avisado a los matones de la casa. Se oían pasos acelerados que venían y gritos en espagueti. Se ve que por un momento me distraje como un tonto con un yoyó.
martes, 24 de junio de 2008
viernes, 20 de junio de 2008
Domingo (Episodio 23) (Miriam)
También escupió varios dientes mientras se agarraba la cara con las manos y gemía mientras hacía bajar a todos los santos del cielo en una retahíla de juramentos e insultos mientras se acordaba de mi madre y mis parientes muertos. Le pegué una patada en las costillas con todas mis fuerzas que le hizo soltar un grito de dolor. ¡A mi madre no la menta ni Cristo!Levanté de nuevo el arma dispuesto a defenderme de los tres compinches del gordo. Supongo que veo muchas películas y que esperaba que los tres tipos me atacasen para ajustarme las cuentas por haberle arreglado la dentadura a su amigo, pero no. Habian parado de trabajar y se desternillaban de la risa a costa del gordo mofándose cruelmente de él.Me di la vuelta para largarme mientras intentaba esconder la Magnun sin éxito. ¡Joder! al final ya me veía llevando una mochila para cargar aquel trasto. Me la coloque por dentro del pantalon y la culata la tapé con la camiseta. ¡Joder! me sentía como si hubiese metido una víbora dentro del pantalon. Me estaba jugando los huevos... ¡ porque a saber como estaba el seguro de la pipa!Salí caminando con las piernas un tanto separadas, sin poder evitarlo,. .. Ahora ya sé porque caminan asi los cowboys, no es por chulería, es por miedo a quedarse eunucos.Apu me estaba esperando fuera, al lado del coche...¡hay que joderse! se suponía que éramos algo asi com Starky y Hutch en este asunto, uno la mano derecha del otro, pero a la primera de cambio se había largado dejando que me entendiera solo con aquellos tipos. - ¿Qué coño te pasa? ¡Me has dejado solo con esos hijos de puta ahí dentro, cabrón! - le grité mientras me sacaba la magnun de los pantalones y la metía bajo el asiento del conductor.- No...- ¡Joder! Me he librado de milagro, porque son una panda de colgados, y tu aqui fuera, poniendo tu culo a salvo.- No es lo que crees... había venido a buscar esto y volver para ayudarteDe debajo de su asiento, el del copiloto, Apu sacó una pistola.- Es una GLOCK 17C, la compré por internet. Me llegó hace unas semanas, pero no te dije nada porque no estaba seguro de que quisiera usarla ni de que tú la usases. Me da miedo, pero no podía descartar que fuese necesaria. - se puso rojo de la vergüenza.Ahi estaba el bueno de Apu, con un pistola de puta madre que se había comprado tan ricamente por internet, mientras que yo había tenido que pagar una fortuna por una antigüedad.Me metí en el coche y di un portazo, no podía hablar porque solamente me habrían salido sapos y culebras, asi que pisé el acelerador a fondo y tiré en dirección a la hemeroteca de Springfield.Aparqué y le dije a Apu que era hora de empezar a investigar en serio. Yo me ocuparía de los periodicos y revistas, y él de internet. Revisariamo todo lo referente a la familia Liotti. Los lugares en que era más frecuente ver a "Donatello" y a la "nonna", las casas que tenían, sus amigos, sus amantes, sus enemigos sobre todo,. .. cualquier detalle. A partir de la información que lograsemos reunir, trazaríamos un plan, indeterminado por el momento, para que Apu lograse encontrar a Karen y para que yo le diese su merecido a Silvia.Estuvimos recopilando información durante tres dias. Rastreamos todo el material sobre los Liotti que teniamos a nuestro alcance y lo ordenamos hasta completar un mapa de lugares, actividades y personas relacionadas con ellos.Apu sugirió a la vista de nuestro "puzzle" unas cuantas ideas pero de dificil realización y mucho riesgo. A mi me conocían y él no tenia el temple ni el aspecto para hacerse pasar por otro mafioso, un gorila o un policia.Mi plan, modestia a parte, era perfecto, brillante. .La "nonna" era el punto que yo veía mas débil de todo aquel enredo. Los hombres jóvenes le pirraban. Había un montón de documentación con fotos en los que aparecia acompañada en recepciones por hombres jóvenes con aspecto de modelos, incluso sus jardineros o empleados que salían en algunas fotos eran todos jovenes y de buen aspecto.Me estremecí al pensa que Silva me queria enrolar en el sequito de la "nonna". Seguramente a estas alturas la vieja cacatua ya me habría violado tras amenazame con echarme a los perros o algo peor.Pero Apu estaba enamorado de Karen, y tendría que sacrificarse si quería volver a verla.Se puso pálido y se llevó la mano al estómago como si se estuviese mareando cuando le expliqué mi plan. La "nonna" estaría sin duda en el acontecimiento social del mes en Springfield, una gala benéfica con el fin de recaudar fondos para hacer escuelas en Latinoamerica. Allí Apu tendría que ganársela, insinuarsele, o lo que fuese que tuviese que hacer para que la Urraca quisiese volver a verlo y asi ir metiendola en el bolsillo poco a poco.Un Smokin de Armani y un poco de "chapa y pintura" sería suficiente para transformar al invisible Apu en un príncipe hindú, ( y unas cuantas clases gratuítas, cortesía de la casa, sobre el arte de la seducción) y la "nonna" sería nuestra.
miércoles, 11 de junio de 2008
Domingo Episodio 22 (Teseo)
El gordo, que se bamboleaba, nos precedía en aquella nave. Tras una pared de tablones de varios metros de altura más allá de la hornacina, vimos piezas de madera en distintas fases de trabajo repartidas por todo el suelo. Muebles a medio terminar, una escalera de una sola pieza, puertas y ventanas, y todo tipo de objetos de distintos tamaños de madera, a decenas, aquí y allá. Avanzamos hacia el fondo, donde tres hombres trabajaban alrededor de unas sillas con un diseño muy recargado, en las que no había centímetro descubierto de volutas, motivos botánicos e incluso cabezas de animales. Todos estaban desnudos de cintura para arriba y parecían de músculos delgados pero fibrosos. Un fino polvo de aserrín les cubría el torso y la cara y se mezclaba con el sudor. Pararon su tarea al acercarnos y el gordo le hizo una señal con la cabeza a uno de ellos, más delgado que los otros y con una barba sucia y espesa, que desapareció tras una puerta en un lateral. Mientras tanto nos miraban con curiosidad y con cierta sorna en sus semblantes, presididos por los ojillos semicerrados y escrutadores de rata del gordo que hacían compañía a su sonrisa burlona. Me estaba empezando a tocar los cojones. El de la barba volvió a aparecer y entregó a su jefe un bulto envuelto en trapos, que dejó encima de una mesa y desenvolvió: era un pistolón de gran tamaño y aspecto antediluviano.
-¿qué coño es este armatoste?- me habían puesto de mala leche y todo para esto.
-Es un mágnum 47, mi niño, el revólver de Harry el Sucio- la sonrisa del gordo se ensanchó cuando notó mi malestar.
-No soy un cinéfilo, no he venido a buscar una reliquia de una película. Quiero un arma, y eso es un cacharro.
El gordo ya comenzaba a carcajearse de nosotros abiertamente y los otros tres le hacían los coros con sus risotadas de comadrejas. Apu tenía los ojos fuera de las órbitas y no sabía donde meter las manos, se las metía en los bolsillos y a continuación las sacaba y cruzaba los brazos sobre le pecho y luego manos en los bolsillos otra vez.
-Eso es lo que tengo y no hay otra cosa en la ciudad, mi niño. No hay donde elegir y quiero 800 dólares por ella. No, no me caes bien. Me vas a aflojar 1.000 pavos porque a mi me da la gana y si no te gusta te jodes, mi niño.
Gordo cabrón.
-¿Por lo menos dentro del precio están incluidas las balas?
El gordo entró en éxtasis cuando vio bajaba la cabeza y me jodía porque no tenía más remedio que comprar aquel arma. El precio era exageradamente alto por aquella mierda y, aunque Apu tenía pasta de sobra para comprar un arsenal completo, me daba por el culo tener que bajarme los pantalones delante de aquel cabrón.
-Claro, mi niño. De repente, estoy de buen humor. Te regalo las balas, mi niño. Tienes 6 en el tambor y una caja de otras 100, mi niño.
Ya no aguanté una más. Apu y yo podríamos haberles dado el dinero e irnos tranquilamente con el arma. Pero a mí nadie me toca los cojones de aquella manera.
Con un movimiento rápido cogí el armatoste por la culata y se lo planté en la cara al gordo, que dio un respingo, o todo el respingo que podía dar aquella bola de grasa. De su cara fofa se le cayeron a la vez la sonrisa y la colilla asquerosa.
-¿qué coño es este armatoste?- me habían puesto de mala leche y todo para esto.
-Es un mágnum 47, mi niño, el revólver de Harry el Sucio- la sonrisa del gordo se ensanchó cuando notó mi malestar.
-No soy un cinéfilo, no he venido a buscar una reliquia de una película. Quiero un arma, y eso es un cacharro.
El gordo ya comenzaba a carcajearse de nosotros abiertamente y los otros tres le hacían los coros con sus risotadas de comadrejas. Apu tenía los ojos fuera de las órbitas y no sabía donde meter las manos, se las metía en los bolsillos y a continuación las sacaba y cruzaba los brazos sobre le pecho y luego manos en los bolsillos otra vez.
-Eso es lo que tengo y no hay otra cosa en la ciudad, mi niño. No hay donde elegir y quiero 800 dólares por ella. No, no me caes bien. Me vas a aflojar 1.000 pavos porque a mi me da la gana y si no te gusta te jodes, mi niño.
Gordo cabrón.
-¿Por lo menos dentro del precio están incluidas las balas?
El gordo entró en éxtasis cuando vio bajaba la cabeza y me jodía porque no tenía más remedio que comprar aquel arma. El precio era exageradamente alto por aquella mierda y, aunque Apu tenía pasta de sobra para comprar un arsenal completo, me daba por el culo tener que bajarme los pantalones delante de aquel cabrón.
-Claro, mi niño. De repente, estoy de buen humor. Te regalo las balas, mi niño. Tienes 6 en el tambor y una caja de otras 100, mi niño.
Ya no aguanté una más. Apu y yo podríamos haberles dado el dinero e irnos tranquilamente con el arma. Pero a mí nadie me toca los cojones de aquella manera.
Con un movimiento rápido cogí el armatoste por la culata y se lo planté en la cara al gordo, que dio un respingo, o todo el respingo que podía dar aquella bola de grasa. De su cara fofa se le cayeron a la vez la sonrisa y la colilla asquerosa.
Domingo Episodio 21 (Teseo)
En todo caso, no podía hacer otra cosa sino esperar. Debía recuperarme de mis múltiples heridas, magulladuras, roturas, laceraciones, esguinces, torceduras y dolores. Si apenas puedes moverte, mucho menos estás en situación de enfrentarte a pistoleros. Me armé de paciencia y me dispuse a acomodarme en mi habitación de hospital y descansar hasta reestablecerme.
Los días pasaron. Hice cierta amistad con algunos de los polis que se encargaban de mi protección. Por ellos me mantenía informado procurando sonsacarles la información confidencial sobre la marcha de la guerra de bandas, pidiéndoles que me confirmaran los artículos que los periódicos dedicaban a la noticia. Era un conflicto sordo en el que apenas había movimiento a la luz del día. Todo pasaba de noche al abrigo de la oscuridad. La cantidad de bajas en ambos bandos no había sido mucha, pero la crueldad era inconcebible. Uno de los pistoleros fue encontrado en la Iglesia de San Genaro. Lo descubrió con horror el párroco a la mañana siguiente temprano. Habían quitado a Jesucristo de la cruz tras el altar y en su lugar habían crucificado por la zona genital a Fabio Tazotti, que así llamaba el agraciado con el premio. Claro estaba que el respeto por la religión ya no formaba parte de la última hornada de cachorros de la mafia.
El mismo Apu me traía los periódicos. Fiel y obediente como un perrito, cuando yo despertaba, su carita morena estaba allí con su sempiterna mirada de súplica como si permanentemente estuviera pidiendo disculpas. Me daba los buenos días tímidamente y me alargaba una montaña de periódicos. Luego permanecía todo el día conmigo, mirando al suelo sentado y con los hombros hundidos. A ratos sollozaba, pero en cuanto veía la reprobación en mi cara, callaba o iba a llorar silenciosamente al baño. La razón de su estancia conmigo, me había explicado, era que consideraba que sólo yo podía salvar a Karen y él debía garantizar mi seguridad en estos momentos. Menudo guardaespaldas, vaya desgraciado. No le dije nada, por supuesto, no quería herir su sensibilidad, que, por otro lado, no era poca.
Tras una semana allí, telefoneé a El Chato. Muy espabilado, El Chato siempre había vivido del delito y además con cierto grado de lujo. No demasiado valiente, nunca se mojaba y simplemente sacaba tajada de los golpes que ejecutaban los que arriesgaban el pellejo. Sospecho que también a veces hacía de soplón de los polis. Fácil y sin riesgos. Lo conocía desde que éramos chavales y jugábamos al béisbol en los descampados del barrio. Nunca supe su verdadero nombre, ni por qué le llamaban el Chato. No tenía una nariz pequeña, aunque tampoco era grande. Nunca pensé en su nombre, ni creo que nadie lo hiciera. Era El Chato y punto.Yo quería saber donde estaba Silvia y él me lo dijo. Resulta que era otra de las amantes de Liotti. Increíble. Me habia estado poniendo los cuernos, bueno a su marido y a mí, con el espagueti chulo putas aquel. Colgué el teléfono del pasillo de un golpe y cayó al suelo. Mierda. Hija de puta. Bueno, por lo menos ya sabía donde buscarla.
Tras dos semanas allí, la custodia policial era cada vez menor. Necesitaban agentes en las calles para evitar el derramamiento de sangre y ya no me dedicaban más de 1 ó 2 hombres. Mi pellejo se había devaluado y ya no estaba seguro allí. Era hora de levantar el vuelo. Así que, aunque todavía estaba convaleciente, con ayuda de Apu abandoné el hospital subrepticiamente.
Nunca he sido partidario de las armas de fuego. Normalmente cuando un tipo corriente tiene una pistola alguien termina disparándole con ella o directamente lo hace él mismo. Por eso nunca tuve un arma. Pero ahora sí necesitaba una si quería salir con vida de la casa de Liotti. El Chato me había hablado de un fulano que tendría una para mí: Mastro Paco el carpintero.
Llegué al lugar donde el fulano tenía una nave enorme, en las afueras de la ciudad. Él mismo salió a nuestro encuentro en el patio exterior de aquel almacén. Debía pesar 150 k y no caminaba moviendo las piernas hacia delante como el resto de los mortales. La grasa que le rodeaba la cintura como un flotador fofo le obligaba a sacar cada pierna desde las postrimerías de su paquidérmico culo con un movimiento semicircular hacia fuera y luego otra vez hacia dentro. Como dice la canción, pura poesía en movimiento. Su pelo ralo parecía el de una fregona vieja y su enorme bigote estaba en parte asquerosamente amarillo por efecto de una colilla que solía tener colgando de las comisuras de los labios, la mayor parte de las veces apagado y mojado de baba. Aquella colilla estaba permanentemente enmarcada por una molesta sonrisa burlona. Esta joya era Mastro Paco el carpintero. Así, en español. El fulano era descendiente de canarios que habían llegado a Texas hacía unos siglos y luego se asentaron en Springfield, pero había conservado el castellano aplatanado y arrastrado que se hablaba en aquellas islas dejadas de la mano de Dios.
En la misma entrada de aquel almacén había una especie de hornacina en la pared. En lo que casi parecía un altar había una foto de grupo en blanco y negro. Hombres que miraban a la cámara, unos de pie y otros sentados, como si fuera un equipo de fútbol o béisbol. Pero bajo ellos no había el césped de un campo de juego, sino callaos de una playa. Aunque con modesta ropa de trabajo, aquellos hombres miraban con orgullo y sonreían ampliamente al fotógrafo. Alguno llevaba en su mano algún martillo o algún instrumento de trabajo que yo desconocía. Un título adornaba la parte inferior del marco: “Carpinteros de ribera en el Muelle de San Telmo. Las Palmas de Gran Canaria”.
Los días pasaron. Hice cierta amistad con algunos de los polis que se encargaban de mi protección. Por ellos me mantenía informado procurando sonsacarles la información confidencial sobre la marcha de la guerra de bandas, pidiéndoles que me confirmaran los artículos que los periódicos dedicaban a la noticia. Era un conflicto sordo en el que apenas había movimiento a la luz del día. Todo pasaba de noche al abrigo de la oscuridad. La cantidad de bajas en ambos bandos no había sido mucha, pero la crueldad era inconcebible. Uno de los pistoleros fue encontrado en la Iglesia de San Genaro. Lo descubrió con horror el párroco a la mañana siguiente temprano. Habían quitado a Jesucristo de la cruz tras el altar y en su lugar habían crucificado por la zona genital a Fabio Tazotti, que así llamaba el agraciado con el premio. Claro estaba que el respeto por la religión ya no formaba parte de la última hornada de cachorros de la mafia.
El mismo Apu me traía los periódicos. Fiel y obediente como un perrito, cuando yo despertaba, su carita morena estaba allí con su sempiterna mirada de súplica como si permanentemente estuviera pidiendo disculpas. Me daba los buenos días tímidamente y me alargaba una montaña de periódicos. Luego permanecía todo el día conmigo, mirando al suelo sentado y con los hombros hundidos. A ratos sollozaba, pero en cuanto veía la reprobación en mi cara, callaba o iba a llorar silenciosamente al baño. La razón de su estancia conmigo, me había explicado, era que consideraba que sólo yo podía salvar a Karen y él debía garantizar mi seguridad en estos momentos. Menudo guardaespaldas, vaya desgraciado. No le dije nada, por supuesto, no quería herir su sensibilidad, que, por otro lado, no era poca.
Tras una semana allí, telefoneé a El Chato. Muy espabilado, El Chato siempre había vivido del delito y además con cierto grado de lujo. No demasiado valiente, nunca se mojaba y simplemente sacaba tajada de los golpes que ejecutaban los que arriesgaban el pellejo. Sospecho que también a veces hacía de soplón de los polis. Fácil y sin riesgos. Lo conocía desde que éramos chavales y jugábamos al béisbol en los descampados del barrio. Nunca supe su verdadero nombre, ni por qué le llamaban el Chato. No tenía una nariz pequeña, aunque tampoco era grande. Nunca pensé en su nombre, ni creo que nadie lo hiciera. Era El Chato y punto.Yo quería saber donde estaba Silvia y él me lo dijo. Resulta que era otra de las amantes de Liotti. Increíble. Me habia estado poniendo los cuernos, bueno a su marido y a mí, con el espagueti chulo putas aquel. Colgué el teléfono del pasillo de un golpe y cayó al suelo. Mierda. Hija de puta. Bueno, por lo menos ya sabía donde buscarla.
Tras dos semanas allí, la custodia policial era cada vez menor. Necesitaban agentes en las calles para evitar el derramamiento de sangre y ya no me dedicaban más de 1 ó 2 hombres. Mi pellejo se había devaluado y ya no estaba seguro allí. Era hora de levantar el vuelo. Así que, aunque todavía estaba convaleciente, con ayuda de Apu abandoné el hospital subrepticiamente.
Nunca he sido partidario de las armas de fuego. Normalmente cuando un tipo corriente tiene una pistola alguien termina disparándole con ella o directamente lo hace él mismo. Por eso nunca tuve un arma. Pero ahora sí necesitaba una si quería salir con vida de la casa de Liotti. El Chato me había hablado de un fulano que tendría una para mí: Mastro Paco el carpintero.
Llegué al lugar donde el fulano tenía una nave enorme, en las afueras de la ciudad. Él mismo salió a nuestro encuentro en el patio exterior de aquel almacén. Debía pesar 150 k y no caminaba moviendo las piernas hacia delante como el resto de los mortales. La grasa que le rodeaba la cintura como un flotador fofo le obligaba a sacar cada pierna desde las postrimerías de su paquidérmico culo con un movimiento semicircular hacia fuera y luego otra vez hacia dentro. Como dice la canción, pura poesía en movimiento. Su pelo ralo parecía el de una fregona vieja y su enorme bigote estaba en parte asquerosamente amarillo por efecto de una colilla que solía tener colgando de las comisuras de los labios, la mayor parte de las veces apagado y mojado de baba. Aquella colilla estaba permanentemente enmarcada por una molesta sonrisa burlona. Esta joya era Mastro Paco el carpintero. Así, en español. El fulano era descendiente de canarios que habían llegado a Texas hacía unos siglos y luego se asentaron en Springfield, pero había conservado el castellano aplatanado y arrastrado que se hablaba en aquellas islas dejadas de la mano de Dios.
En la misma entrada de aquel almacén había una especie de hornacina en la pared. En lo que casi parecía un altar había una foto de grupo en blanco y negro. Hombres que miraban a la cámara, unos de pie y otros sentados, como si fuera un equipo de fútbol o béisbol. Pero bajo ellos no había el césped de un campo de juego, sino callaos de una playa. Aunque con modesta ropa de trabajo, aquellos hombres miraban con orgullo y sonreían ampliamente al fotógrafo. Alguno llevaba en su mano algún martillo o algún instrumento de trabajo que yo desconocía. Un título adornaba la parte inferior del marco: “Carpinteros de ribera en el Muelle de San Telmo. Las Palmas de Gran Canaria”.
¿Quién fue Teseo? La leyenda de Teseo y el Minotauro

Teseo fue un mítico rey de Atenas. Como ocurre sistemáticamente en la mitología griega, hay múltiples versiones de los mismos hechos y Teseo no es una excepción. Entre las muchas hazañas llevadas a cabo por este personaje la más conocida sin duda es la muerte del Minotauro.
Asterión ("el estrellado") el Minotauro era un monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro y era hijo de la unión de un magnífico toro blanco y Pasífae, la esposa de Minos, rey de la isla de Creta. De la razón de dicha y extraña unión existen distintas versiones, algunas están relacionadas con supuestas afrentas a los dioses del rey o la reina y otras simplemente se refieren a los peculiares apetitos de Pasífae.
El Minotauro sólo comía carne humana y, conforme crecía, se volvía más salvaje. Cuando la criatura se hizo incontrolable, Minos ordenó a Dédalo construir una jaula gigantesca de la que el monstruo no pudiera escapar. Entonces, Dédalo ideó el laberinto, una estructura compuesta por una cantidad incontable de pasillos que iban en diferentes direcciones, entrecuzándose entre ellos, de los cuales sólo uno conducía al centro de la estructura, donde fue abandonado el Minotauro.
Como tributo de guerra, Atenas estaba obligada a enviar periódicamente (anualmente según unas fuentes, y cada nueve años según otras) a Creta catorce jóvenes vírgenes, siete muchachos y siete muchachas. Éstos eran internados en el laberinto, donde vagaban perdidos durante días hasta encontrarse con la bestia, sirviéndole de alimento.
Se cuentan dos cosas respecto a cómo Teseo llegó a formar parte de una de estas ofrendas veintisiete años después de iniciado el terror del Minotauro. Unos dicen que cuando se enteró del sacrificio de los jóvenes se unió a éstos para poder enfrentarse al monstruo. Otra narración dice que, enterado del aprecio que sentía Egeo, rey de Atenas, por su hijo Teseo, fue Minos, que tenía la facultad de elegir a los muchachos, quien quiso que fuera uno de los que iban a ser devorados. Las naves que transportaban la ofrenda llevaban velas negras en señal de luto, pero el rey pidió a su hijo que, si resultaba vencedor, no olvidase cambiarlas por velas blancas, para que supiera, aún antes de arribar a puerto, que estaba vivo. Teseo se lo prometió y partió a Creta...(continuará)
DATOS EXTRAÍDOS DE LA WIKIPEDIA
Asterión ("el estrellado") el Minotauro era un monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro y era hijo de la unión de un magnífico toro blanco y Pasífae, la esposa de Minos, rey de la isla de Creta. De la razón de dicha y extraña unión existen distintas versiones, algunas están relacionadas con supuestas afrentas a los dioses del rey o la reina y otras simplemente se refieren a los peculiares apetitos de Pasífae.
El Minotauro sólo comía carne humana y, conforme crecía, se volvía más salvaje. Cuando la criatura se hizo incontrolable, Minos ordenó a Dédalo construir una jaula gigantesca de la que el monstruo no pudiera escapar. Entonces, Dédalo ideó el laberinto, una estructura compuesta por una cantidad incontable de pasillos que iban en diferentes direcciones, entrecuzándose entre ellos, de los cuales sólo uno conducía al centro de la estructura, donde fue abandonado el Minotauro.
Como tributo de guerra, Atenas estaba obligada a enviar periódicamente (anualmente según unas fuentes, y cada nueve años según otras) a Creta catorce jóvenes vírgenes, siete muchachos y siete muchachas. Éstos eran internados en el laberinto, donde vagaban perdidos durante días hasta encontrarse con la bestia, sirviéndole de alimento.
Se cuentan dos cosas respecto a cómo Teseo llegó a formar parte de una de estas ofrendas veintisiete años después de iniciado el terror del Minotauro. Unos dicen que cuando se enteró del sacrificio de los jóvenes se unió a éstos para poder enfrentarse al monstruo. Otra narración dice que, enterado del aprecio que sentía Egeo, rey de Atenas, por su hijo Teseo, fue Minos, que tenía la facultad de elegir a los muchachos, quien quiso que fuera uno de los que iban a ser devorados. Las naves que transportaban la ofrenda llevaban velas negras en señal de luto, pero el rey pidió a su hijo que, si resultaba vencedor, no olvidase cambiarlas por velas blancas, para que supiera, aún antes de arribar a puerto, que estaba vivo. Teseo se lo prometió y partió a Creta...(continuará)
DATOS EXTRAÍDOS DE LA WIKIPEDIA
Otra de superhéroes (Artículo de mentirijillas)
¿Es un pájaro?¿es un avión? No, ¡es Currela-man!D.C. Comics, editorial del Grupo Prisa (El País, Diez minutos, Cosmopolitan, Man, Cinco Días, etc) vuelve a publicar las aventuras y desventuras de este superhéroe al calor del nuevo auge (y esperemos que no efímero) de este género de cómic propiciado por taquillazos de películas como las sagas de Batman y Spiderman y el más reciente de Ironman protagonizado por Robert Downey Jr. Aparecido por primera vez en España en los 80 de la mano de Editorial Bruguera, la sociedad española de la época, con una democracia en pañales y una recuperación económica entre manos, no estaba preparada para este estreno y no llegaron a publicarse más que 5 números (ya en el número 3 de marzo de 1983 aparecía el supervillano, archienemigo y némesis de nuestro héroe, Euribeitor). En este ocasión con la presentación del 1er número de la II etapa en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, el Subdirector del Grupo Prisa, Aquilino Botijo declaró que España, ya formando parte de las primeras economías mundiales y en el 2º lugar en tasa per cápita de divorcios (después de Papúa-Nueva Guinea-Oriental), estaba lo socialmente madura para acoger un personaje tan complejo y posmoderno como Supercurrela-man.Don Aquilino mencionó el importante trabajo realizado por el Doctor en Literatura Contemporánea y Nuevas Formas de Expresión Literarias, Frikie González, que también acudió a la presentación, en su tesis de doctorado "Héroes:¿existe un eslabón perdido entre D.Quijote y Superman?". Dicha tesis recupera a Currela-Man como protosuperhéroe de los años 30 en los EEUU, precedente de los futuros Superman, Spiderman, los 4 Fantásticos, Condón-Man (hoy injustamente olvidado), la Mujer Maravilla y otros tantos que ya forman parte de la cultura moderna. Según Frikie González, fueron las circunstancias históricas de la época, la entrada de los estadounidenses en la 2ª Guerra Mundial tras el ataque a Pearl Harbor en diciembre de 1941, lo que propició la necesidad de un héroe más simple y monolítico como parte de la propaganda de guerra para mantener la moral de las tropas y de la población de la retaguardia. Así, Currela-Man, tras 237 números (desde enero de 1933 hasta marzo de 1942) fue sustituido en los corazones de los yanquis por Capitán América, más adecuado para los vientos de guerra que soplaban. Tras el fin de la guerra en septiembre de 1945, hubo algún tímido intento de Marvel para retomar a nuestro héroe, pero problemas economicos en la editorial lo hicieron inviable y Currela-Man fue olvidado y apartado en las hemerotecas.Así, ahora se presenta Currela-Man en España con intención de quedarse y llega acompañado de otros personajes de la serie: su inseparable Becario-boy (al que se refirió Frikie González en el capítulo de su tesis "Homosexualidad reprimida en el superhéroe tradicional"), el malvado Escaqueitor, las pérfidas Parienta-Woman y Suegra-Woman, el ya mencionado Euribeitor y otros muchos conocidos de esta saga.Ya a principios de junio estará disponible en todos los quioscos el nº1 que lleva por título "Currela-Man: el retorno". ¡No os lo perdáis!
lunes, 9 de junio de 2008
Domingo (episodio 21) (Miriam)

Ya vale... venga, venga, deje de llorar señor Elvis, me pongo nervioso. - le dije mientras retiraba mi brazo de sus hombros.Una cosa era consolar al tipo, y otra hacer de madre con él, y todavía necesitaba que me contase unas cuentas cosillas.- Llameme Apu, todo el mundo me llama asi - dijo mientras se secaba los ojos con los dedos y recuperaba el dominio - Estoy seguro de que usted sabe donde puedo encontrar a Karen, solo necesito que me diga todos los sitios que usted conozca en que se reúne esa gente. Puedo pagarle, y lo haré.. y muy bien.- ¿Cómo dio conmigo, y como ha logrado burlar a la policia que me custodia? Seguro que cuando usted dijo que yo era su hermano lo investigaron... sobre todo porque usted es ocho tonos hindús mas moreno que yo.. nadie se tragaria lo de que somos hermanos.- Uno de los guardias de la puerta es el novio de mi hermana Amina. - Ya veo que estoy a salvo - murmuré para mi. ¡Joder! Menos mal que el guardia no resultó ser el novio, por ejemplo, de la hermana de Fossey o de una nieta de la "nonna". Al reparar en eso un escalofrio me recorrió todo el cuerpo haciendo sufrir todavia más a mis huesos magullados. Grité un ¡ay! de puro dolor y Apu me ayudó a tenderme en la cama de nuevo.- ¿y como es que Karen cayó en manos de la mafia? no veo la relación- Donatello es uno de los cabecillas de la familia Liotti. Negocios múltiples, especialmente prostitución y contrabando de coches de lujo robados.- Se lo dijo su cuñado,. ..- No,. . bueno, en realidad al principio no sabia quien era "Donatello", sólo queria saber qué habia visto Karen en él, ver que clase de tipo era, y si su apariencia de macarra relmente correspondia a la realidad o si lo habia juzgado mal. Me metí en "budú" y cree un perfil alternativo a mi "Perseo", un perfil femenino, "Andrómeda" con una foto de una mujer preciosa que elegi entre varias fotos q encontre en internet, y que crei que le podia gustar. Le debió de gustar mi "Andrómeda", porque con el primer "hola" con el que me presenté, empezó a hablarme y a demostrar lo cateto, chulo y prepotente que era.El dia que Karen se marcho llorando de mi tieda, entre en "budú" y le dije a "Donatello" que me habia enterado de que conocía a mi amiga Karen "Ingrid Bergman" y le pregunté que porqué la habia dejado, que estaba destrozada.El se rio y dijo que estaba harto de ella, que Karen era una chica guapa, pero que se habia aburrido de ella. Que él solo buscaba sexo y que Karen no daba la talla, pero que yo parecia "una mujer muy sensual" y que le gustaria conocerme en persona.En ese momento se me ocurrió que yo tambien quería conocerle en pesona y partirle la cabeza, darle una paliza por lo que le habia hecho a Karen y dije que sí.Me propuso quedar en un hotel pero no estaba dispuesto a que me detuvieran en cuanto saliese por la puerta.Me sonreí - Por lo que veo, pensabas ganar la pelea. -dije recordando que el tal "Donatello" era un gorila de discoteca, mientras Apu tenia pinta de no haber hecho ejercicio en toda su vida, delgado y poco fibroso como era.Apu se sonrojó - Solo pensaba en destrozarlo. Le dije que no queria ir a ningun hotel, que si queria echarme un polvo tendria que ser en su casa. Aceptó y me dio la dirección, que no me resultó conocida. Cogí un taxi y las señas me llevaron a una enorme casa de campo a las afueras de Springfield. Le dije al taxista que esperase un momento porque en la casa había mucha seguridad: cámaras, guardas e incluso perros, que empezaron a ladrar furiosos mientras se dirigían a la verja cuando notaron mi presencia. Me subí al taxi y me marché antes de que alguien me viera y decidí que lo de la pelea no era una buena técnica para darle un excarmiento a aquel hombre.Hablé con el novio de mi hermana, el poli, y le pregunte quien era el dueño de la casa. El resultado, un mafioso de nombre Rafael Liotti. Mi cuñado me dijo que me mantuviese alejado, me prohibió intentar hacer nada contra él, pero cuando Karen desaparecio. . me volví loco. Primero pense que se habia suicidado o cualquier otra locura por el desprecio de "Donatello", pero la investigación hecha por la policia sostiene que está retenida por los Liotti. Quizas sabe algo, vio algo...¡¡Me voy a volver loco de tanto pensar!Luego cuando lo trajeron a usted aqui, mi cuñado me comento que pudiera ser que usted podría saber donde encontrar a Karen, ya que las cámaras el aeropuerto habian captado la imagen de la cabecilla de la familia Liotti y sus gorilas junto con otra mujer y usted. Dedujimos que si habian querido matarlo, es porque usted, por algun motivo, es un estorbo para ellos o un testigo, que tiene relacion con ellos de alguna manera.-¿Porque no detuvieron a esa gente cuando llegaro al aeropuerto?- ¿y de que los acusarian? No hay pruebas de nada...
viernes, 6 de junio de 2008
Notas sobre los Sad American Frogs
Grupo hoy casi olvidado, los Sad American Frogs ("Ranas americanas tristes") fue una de las bandas de rockabilly más innovadoras en el panorama musical de los 60 en EEUU. El original uso de hacían de las guitarras y la voz aguardentosa del malogrado vocalista Martin Montgomery ya los hizo destacar desde sus inicios en la agitada escena del Missisipi. Herederos inconfesados del Bluegrass negro, vivieron su época más creativa entre 1967 y 1969, último año este en el que editaron su disco más importante, "Yellow moon" (Luna amarilla). De este LP es la canción "Lula Mae in the moolight", cuya letra traducida al castellano es la siguiente:
LULA MAE IN THE MOOLIGHT
("LULA MAE BAJO LA LUZ DE LA LUNA"),
de los Sad American Frogs
(Traducido por Javier Cruz):
Los faros de mi Chrysler rompen la oscuridad
El asfalto de la noche arde bajo mis ruedas
El viento golpea los árboles en la cuneta
El mar ruge abajo, más abajo
Lula Mae bajo la luz de la luna
Lula Mae bajo la luz de la luna
A lo lejos ya se ve la ciudad
Ciudad de ángeles, ciudad de demonios
Ya aparece la luna tras el horizonte
Su luz baña mi coche que va hacia ti
Lula Mae bajo la luz de la luna
Lula Mae bajo la luz de la luna
Al final de la Avenida veo tu figura
En la esquina de siempre
Cansada de tanto amar
Cansada del frío
Que me espera
Lula Mae bajo la luz de la luna
Lula Mae bajo la luz de la luna
Domingo (Episodio 19) (Teseo)
Esperé y esperé y nada pasó. Una semana, y otra y otra más. Tenía su número de teléfono por el formulario de reparación, pero no me atrevía a llamarla. Hubiera sido demasiado atrevido. Hace una semana los periódicos sugirieron que tal vez había sido secuestrada en la guerra entre distintas facciones de bandas criminales. También leí que la policía anunciaba que tenía un testigo importante que había escapado y podría aportar información valiosa para acabar con la guerra mafiosa. Necesito su ayuda. Quiero a Karen. No puedo permitir que la maten. Necesito hablar con ella. Decirle lo que siento. Ella comprenderá y vendrá a vivir conmigo….
Domingo (Episodio 20) (Teseo)
Yo escuché aquella estrambótica historia durante un rato largo. Hecho un ovillo, debajo de la cama. Aquel tipo raro me había dado un susto de muerte, me había contado la historia más estúpida que podría haberme imaginado y ahora se echaba a llorar. El pobre diablo estaba colado hasta el tuétano por aquella pava. No sabía si tenerle lástima o envidia. En todo caso, yo debía llegar hasta Silvia, cosa que no iba a ser fácil. Ambos perseguíamos a una mujer, él para salvar a la suya de las garras de la muerte y yo a Silvia para asfixiarla con mis propias manos. En fin, no me vendría mal un poco de ayuda, aunque no sabía en qué medida aquel tipo sería una ayuda o un estorbo que me pondría en peligro. Seguía sollozando como una nenaza. Como pude salir de debajo de la cama y me senté a su lado apoyado contra la pared. Pasé mi brazo dolorido por sus hombros y lo abracé. En unos instantes sentí como sus lágrimas mojaban mis vendajes.
Domingo (Episodio 18) (Teseo)
Finalmente, mi paciencia no dio mucho de sí. Dos días tras su visita, entré en la web de budú y creé un personaje a mi medida. Me describía a la perfección, chico, treintaisiete, tranquilo, hogareño, responsable, culto y cariñoso busca chica similar. Avergonzado de que pudiera reconocerme, pusé la fotografía de un deportista, un ciclista australiano, delgado pero con cara de buen chico y me hice llamar “Perseo”. Busqué su perfil, “Ingrid Bergman”. Localizado. Estaba pendiente todo el tiempo por si se iluminaba su nick con le tomo verde que indicaba que estaba on-line. Sólo alguna vez respondió mi “hola” con otro “hola” y nada de lo que le decía por messenger a continuación funcionaba, incluso llegué a utilizar las estupideces de las que se había servido aquel imbécil. Nunca conseguía demasiada atención por su parte. Como un reloj su PC quedo inoperativo a la semana. Allí estaba ella otra vez. Seria y callada, paseaba por la tienda sin rumbo mirando sin demasiado interés el material que había en los expositores. Disculpe, ¿tiene prisa? Si no, echaría un vistazo y quizás pueda solucionar el problema. Asintió con un movimiento de cabeza, con una mirada distraída y triste. Yo simulaba estar enfrascado en aquel manojo de circuitos estúpidos mientras la observaba de reojo. Desganada se sentó en una de las sillas que tenía en el local y paseaba sus ojos cada vez más lánguidos por las paredes, el techo, las mesas. Un sollozo. Brusco, salió de su garganta, como si hubiera estado aguantando su congoja y no quisiera dejarla salir. Otro sollozo. Su bolso cayó al suelo. Karen se cubrió la cara con las manos y entre los resquicios que dejaban sus dedos infantiles se colaban lágrimas abundantes. Su cuerpo se estremecía a intervalos casi regulares en los que los sollozos arreciaban. Azorado, me acerqué a ella. Me rompía el corazón verla así. Quería abrazarla y susurrarle que yo estaba allí, con ella, que todo iría bien. No pude y me quedé plantado en medio de la habitación, sin saber que hacer. Intenté acercarme, balbuceé algo sin sentido. Me sentí avergonzado por estar asistiendo como un mirón no invitado. Di media vuelta, volví a mi mesa y agaché la cabeza detrás de su ordenador. Unos minutos después, cesó el llanto y oí como se abría y cerraba la puerta. Con el corazón en un puño, salí corriendo del local. Apenas vi como se alejaba calle abajo y dobló la esquina. Entré en su correo. El imbécil aquel la había dejado por otra y ella le rogaba desesperada. ¿Qué podía hacer yo? Sólo esperar a que volviera por su PC.
Domingo (Episodio 17) (Teseo)
Tal como habíamos acordado, regresó a los diez días. En esta ocasión vestía de blanco y su pelo estaba recogido en dos coletas como una colegiala. El sol se colaba radiante por el escaparate y Karen sonreía amable. No, no se preocupe, no le puedo cobrar nada, era una simple tontería –eso era cierto-, sí, en serio, señorita, espero que no vuelva a darle quebraderos de cabeza –ya eso no era tan cierto, esperaba que los tuviera y volviera, es más, iba a ser así, yo había programado su PC para que se colapsara a la semana. Sólo tenía que sentarme a esperarla, paciente, confiando en que acudiría a mí y no a otro establecimiento. Crucé los dedos.
Domingo (Episodio 15) (Teseo)
En ese momento apareció Karen. Entró un día en mi tienda hace más o menos tres meses. Llovía a cántaros y estaba totalmente empapada. Llevaba una falda hasta los tobillos y una chaqueta informal. Ambas negras, contrastaban con su piel extremadamente clara y su pelo rubio que le caía lacio sobre unos hombros delgados. Alta y de complexión normal, emergió como una visión de la espesa cortina de agua que no dejaba ver en la calle más allá de unos escasos metros. Algo incómoda por su aspecto, se pasó la mano por su pelo mojado y se adelantó hasta el mostrador. Creía que había entrado un virus informático en su ordenador y ni siquiera conseguía ponerlo en marcha. Su voz era delicada y suave. Le rellené un recibo de entrega y desapareció silenciosamente de la misma manera en que había hecho acto de presencia. Ese día cerré un cuarto de hora antes y me dirigí a su ordenador. El problema era una tontería con la contraseña de acceso. Era sueca, de Estocolmo. Su nombre completo, Karen Kristina Jorgensen. Acababa de cumplir VEINTICINCO años y llevaba cuatro años trabajando de azafata en la TWA y dos años con residencia en los Estados Unidos, uno en Nueva York y otro en Springfield. Fotografías con su madre y su hermano, con gruesos abrigos y gorros de múltiples colores, sonrientes, jugando con la nieve, sentados en algún café con sillas y mesas de madera y grandes ventanales. Más fotografías. La universidad. Algunos chicos. Con el uniforme de azafata, azul y blanco, con un simpático sombrero que parecía una caja circular de bombones. Nueva York: un pequeño piso en Manhatann, imágenes de la ciudad desde el Empire State, el Puente de Brooklyn, el Hudson, Staten Island, el parque de atracciones de Coney Island. Y fin de trayecto: Springfield. Y textos: correos electrónicos, pensamientos volcados en el disco duro en noches de insomnio, cálculos de gastos. En suma, una vida tranquila, pero satisfactoria. Y un hombre.
Domingo (Episodio 16) (Teseo)
Se habían conocido a través de una web de contactos sociales “budú” un par de meses antes. Localicé la página del fulano, quería saber qué tipo de hombre hacía latir con fuerza el corazón de Karen. Qué decepción. Alto, fornido, moreno y de pelo engominado, semejaba un mediocre portero de discoteca, de modales chulescos y gesto de latín lover barato. Se encendió en mí el fuego de los celos, ardiente, ulceroso. Se hacía conocer por el nick “Donatello”. Sus palabras, llenas de tópicos y lugares comunes, fórmulas millones de veces usadas, la habían conquistado por completo. Qué ojos más hermosos tienes, te alcanzaría la luna si la pidieras, daría mi vida por un beso tuyo. Frases sin imaginación, poemillas gastados, basura sentimental. Había sido suficiente para que ella estuviera a los pies de aquel tipo. Deprimido, volví a casa y me acosté sin cenar.
Domingo (Episodio 14) (Teseo)
Para referirme a la forma en que la conocí debo confesarle algo de lo que no estoy orgulloso en absoluto y las más de las veces me hace avergonzarme íntimamente. Verá, cuando alguien depositaba un ordenador en mi establecimiento para su reparación, me limitaba a hacer mi trabajo con eficiencia y nada más. No prestaba atención más que a los archivos que necesitaba para llevar a cabo mi tarea. Un día, por error, accedí a información privada de un cliente, en concreto, correos electrónicos. Eran una versión moderna de las clásicas cartas entre amantes, las primeras llenas de ilusión y “te quieros” y las que seguían, de la mujer que quiere más, que se ha cansado de pasar sola los domingos y de irse de vacaciones sola, de las promesas de divorcio. Decenas de correos comprometedores, que otro hubiera empleado para hacer chantaje, pero para mí era suficiente el tenerlos ante mis ojos. También había fotografías familiares, con la mujer y las hijas, en fiestas de cumpleaños, en la playa, con amigos. Era el material del que estaba hecha la vida, una vida que respira y late en cada palabra, cada imagen, cada nombre. Era precioso para mí. Si aquella vez ocurrió por accidente, a partir de entonces hurgué con ansia un archivo tras otro de un ordenador tras otro alimentándome de secretos ajenos, de promesas, a veces de amor, a veces no, en las que yo imaginaba ser el destinatario, de ratos felices, que los que yo de alguna manera también era partícipe, de momentos difíciles compartidos en cómplice compañía. Obtener claves y contraseñas no resultaba arduo. Así, sin darme cuenta se convirtió en una obsesión, sólo pensaba en la llegada de la hora de cierre para echar las persianas y comprobar lo que había entrado durante el día: la continuación de la historia de algún cliente fijo o lo que podía dar de sí uno nuevo. Me retraí más si cabe. Pozo de secretos ajenos, los rostros que formaban mi cotidianeidad y con los que vivía eran las esposas, hijos y amigos de otros a los que yo deseaba suplantar. A veces escenas de felicidad familiar, a veces sucesos pesarosos, y en otras ocasiones pecados inconfesables terminaron formando una costra pegajosa alrededor de mí de la que no podía deshacerme.
Domingo (Episodio 13) (Teseo)
Con los años mi padre se retiró y yo me hice cargo del negocio familiar. Sin embargo, eran ya otros tiempos. Las grandes superficies suponían una competencia demasiado dura en el comercio de electrodomésticos. Así que en el mismo local monté un negocio de venta y reparación de material informático, algo que hasta entonces había hecho a pequeña escala de manera semiprofesional y que me resultaba más estimulante que pasarme los días mostrando aspiradoras a amas de casa ociosas. Siempre he sido una persona más bien introvertida e incluso solitaria y nunca me fue fácil relacionarme y hacer amigos, por lo que me refugié en destripar ordenadores y estar al tanto de las últimas novedades de la fascinante tecnología, más sencilla y lógica que las complicaciones que conlleva el inextricable laberinto de las relaciones humanas. Todo era bastante llevadero… hasta que apareció Karen. A partir de ese momento mi vida me apareció un yermo insoportable.
Domingo (Episodio 12) (Teseo)
Señor,…¿se encuentra bien?- ¡el sicario me estaba hablando!- señor…- ¡¿a que estaba esperando para dispararme?! En cambio, se dirigía a mi con una voz tímidamente educada y con un exótico acento. Señor, siento…siento haberle asustado,… no lo pretendía en absoluto…deje que le ayude a salir de ahí- en ese momento noté la ligera presión de sus manos sobre mi brazo e instantáneamente lo retiré y me aparté con brusquedad golpeando con mi espalda la pared debajo de la cabecera de la cama. Señor, se confunde…no quiero hacerle daño…antes que nada, soy un maleducado, permítame presentarme, mi nombre es Elvis Aaron Apukrishnamurti- ¿qué estaba pasando?¿quién es este fulano?- y he venido a pedirle ayuda…verá- en ese momento parece que se sentó en el suelo a mi lado, mientras que paulatinamente mi cuerpo se relajaba pero no se decidía a salir de donde estaba-, pese a mi apellido y a mi forma de hablar que le sonará extraña, soy ciudadano americano, nací en este glorioso país hace treintaisiete años, precisamente aquí en Sprinfield. Mis padres emigraron aquí unos años antes de que se yo naciera procedentes de La India. No sé si sabe mucho de Historia, o si, incluso, pudiera interesarle. Es una de mis escasas pasiones. Durante la II Guerra Mundial la India era todavía una colonia del vasto Imperio colonial británico. En 1941 tras la entrada de este país en la contienda, el presidente esa época Franklin D. Rooselvelt, ante la necesidad de contar con el apoyo de otras fuerzas en la Asia continental, solicitó la ayuda de su homólogo británico, Winston Churchill. Éste, ante la situación que vivía Londres en esos momentos, objeto de intensos y continuos bombardeos por la Lufwafe, la aviación nazi, que se suponía un adelanto de la invasión de la isla por mar, y la necesidad de mantener controlado un incipiente movimiento independiente indio con un carácter mayoritariamente pacífico, supongo que habrá oido hablar de Gandhi, pero con algunos elementos violentos dispuestos a levantarse en armas contra la metrópoli en cualquier momento, como decía, ante esta complicadísima situación, Churchill no estaba en disposición de enviar un gran contingente de hombres. Sin embargo, brindó a Roosevelt uno de los destacamentos más importantes y mejor formados de la madre patria de mis padres, una fuerza de élite fundamental en la administración colonial: el 5º Regimiento de Lanceros bengalíes. Siguiendo la línea de los ejércitos coloniales de su majestad, era un destacamento compuesto de altos oficiales ingleses y de suboficiales y tropa nativos procedentes de pueblos y pequeñas ciudades lejanas a la capital donde debía residir. Este es un dato histórico muy poco conocido y menos divulgado: la contribución de La India en la campaña de Asia contra el expansionista ejército del emperador japonés Hiro Hito, contribución pequeña en número, eran sólo unos cientos de soldados, pero decisiva en las batallas en las que el 5º Regimiento participó. Una de ellas fue la famosa batalla de Iwo Jima, casi al final de la guerra. ¿Ha visto las películas de Clint Eastwood sobre ella, “Banderas de nuestros padres” y “Cartas desde Iwo Jima”?¿Vió algún valiente lancero bengalí en alguna de sus imágenes? Ni por asomo. La Historia se ha olvidado completamente de ellos. Pues bien, mi padre era uno de ellos y luchó valerosamente, sobreviviendo a aquella guerra junto a dos o tres docenas de lanceros. Éstos, sin embargo, al acabar el conflicto bélico, regresaron a su país y se encontraron con un desolador panorama: sus compatriotas les veían no como héroes de guerra, sino como agentes del poder colonial que les oprimía. Además, el país parecía estar al borde de la guerra civil entre la región del norte musulmán y el resto de confesión hindú. Su situación era doblemente peligrosa si cabe. Ante esa tesitura entablaron contacto con la administración americana, que les acogió con los brazos abiertos, la mayor parte de los excombatientes indios del 5º Regimiento abandonó con la mayor tristeza su patria y se asentaron en este gran país. Mis padres, como ya le dije antes, se establecieron en esta ciudad y abrieron un comercio en la avenida principal de venta de aparatos electrodomésticos: lavadoras, tostadoras, neveras, etc. Así aquella pequeña tienda prosperó al calor de la recuperación de la posguerra en una sociedad deseosa de dejar atrás el mal sueño de la contienda y de pasar página al abrigo de las nuevas comodidades de la vida moderna.
Domingo (Episodio 11) (Teseo)
¡Venían a matarme! Intenté erguirme y gritar a la enfermera que ya abandonaba la habitación, pero un latigazo de dolor lacerante me recorrió el abdomen y de mi garganta sólo salió un abortado gruñido apenas audible. Volví a caer sobre la cama como un fardo pesado y dolorido. Oí alejarse el eco de los tacones de la enfermera por un largo pasillo, en el que el sonido reverberó y luego se perdió. En su lugar, percibí unas pisadas masculinas y cautelosas de alguien que entraba y debió de pararse junto a la puerta. El estómago me latía con punzadas agudas mientras yo trataba de recuperar el aliento perdido. Entonces ¡oí como la puerta se cerró con sigilo! ¡el sicario quería hacer su trabajo sin ningún tipo de interrupción!. Con la fuerza que da el miedo a morir y a pesar de mi cuerpo descalabrado, con rapidez me giré a duras penas y busqué con los brazos el borde de la cama. La adrenalina entraba lanzada a mi circuito sanguíneo como un torrente desbocado. Agarré el travesaño metálico y frío y me levanté lo suficiente para hacer palanca y hacerme caer. Mi hombro izquierdo fue lo primero que impactó contra la dura superficie de aquellas baldosas frías. Empleando los codos traté de reptar debajo de la cama, pero mi cabeza golpeó contra la sólida estructura del camastro. Conseguí ponerme a cubierto, pero ya no podía más. Quedé de medio lado, exánime y presa del dolor. Así, sentí como se acercaban aquellos pasos, tranquilos, sin prisas. Rodearon la cama por el lado hacia el que yo había caído y se aproximaron hasta donde estaba. En ese momento pude escuchar la respiración ligeramente acelerada de aquel hombre. Ahora pareció ponerse en cuclillas y agacharse porque oí como respiraba frente a mí, mientras yo permanecía inmóvil con la cara vendada en dirección hacia donde debía estar la suya. Había llegado mi final. Imaginé la escena. Un tipo de aspecto corriente, vestido de manera discreta, con una mano adelantada agarraba de manera firme una automática con silenciador apuntándome. Y se acabó. Qué fácil era su labor. Dispararía a la cabeza de aquel cuerpo inerme, el mío, tres o cuatro veces a quemarropa, se levantaría con el rostro satisfecho del que ha terminado una jornada de trabajo más, desaparecería de aquel hospital por la puerta principal sin llamar la atención y se perdería definitivamente entre la multitud que paseaba, anónimo e indolente…
Domingo (Episodio 10) (Miriam)
VEINTIDOS dias despues desperté. No digo que abrí los ojos porque uno de ellos estaba vendado y el otro a penas se abría. Todo el cuerpo me dolia de tal manera que pense que quedarme k.o. otra vez era lo mejor que podía pasarme. Tenía muchas ganas de llorar, el dolor era insoportable y además acababa de darme cuenta de que después de haberme gastado un pico en ortodoncia, se me habían roto unos cuantos dientes. ¡Maldita fuese Silvia y aquel par de cabrones! Iba a matarla con mis propias manos en cuanto la encontrase.Una mujer entró en la habitación de forma apresurada, “Creo que está despierto, ha habido cambios en el monitor”. Oí más pasos entrando en la estancia mientras la mujer me torturaba palpándo mi descalabrado cuerpo y cegándome con una luz que dirigio a mis ojos. Quise decirle que me dejara quieto, que no estaba para que me manoseasen pero solo me salió un débil “grrrr” ”¿Podemos hablar con el?” pregunto un hombre de voz áspera y resacosa, pero la mujer le dijo que me dejara tranquilo, que si no veia que yo todavía estaba mas para allá que para acá. Sin duda la mujer sabía dar ánimos... eso sí, no se podía negar que era muy sincera, pues era completamente cierto que yo estaba medio muerto.”¿Puede oirme?” preguntó el hombre. “Déjelo tranquilo, ya le he dicho que está muy mal” contestó por mi la mujer de forma brusca. “Llevo VEINTITRES años en el oficio y le digo que este hombre ya tiene bastante con seguir respirando”En eso tenía mucha razón. El hombre no desistió en su afán de darme la tabarra. “Escuche esto, soy el sargento de la policia de Springfied. Está usted en el hospital. No sé si recuerda lo que le ha pasado, pero de no ser por los agentes de la policia que identificaron como camorristas a los gorilas y fueron a detenerlos lo hubiesen matado. Sus amigos se escaparon al ver a los agentes, pero esa gente de la camorra no deja testigos vivos, ya sabe lo que eso supone, que van a intentar terminar el trabajo. Ahora está usted en el hospital “VEINTICUATRO de Diciembre” con protección policial.En cuanto pueda usted hablar, tendrá que contestar muchas preguntas. Descanse lo que necesite y sobre todo no se muera. Nos veremos pronto.El simpatico del sargento salió del cuarto arrastrando los pies. Yo iba a vivir, porque tenía una cuenta pendiete con Silvia, y aunque fuese la ultima cosa que hiciese en esta vida, me iba a pagar todo lo que me había hecho. ”Por suerte no tiene ningún hueso roto, aunque eso sí, mazados los tiene todos. Le pondré un sedante para que se le pase el dolor” - dijo la mujer - “ Su hermano está ahi fuera. Le diré que por fin ha despertado. Se alegrará mucho, lleva todos estos dias sin moverse del hospital rezando porque se pusiese usted bien y suplicando poder entrar a verle”Un espasmo me hizo rebotar sobre la cama. Yo no tengo ningún hermano... (continuará)
Domingo (Episodio 9) (Teseo)
A ver si entiendo: la “nonna” viene a Springfield a “reorganizar la organización”...más bien, lo que hará será “joder la jodienda”...sabes perfectamente que se va a producir una guerra entre las familias...¿sabes lo que te digo? Que dentro de, a ver, VEINTIÚN minutos exactamente sale mi avión, me largo y no volveré a esta ciudad apestosa en mucho tiempo, ahí te quedas con el animal de tu marido y tus guerras mafiosas, así que good bye, auf fiedersehen, ciao...¡¿CÓOOOOMO?!...oye, rubia, si no has encontrado los espaguetis suficientes para garantizar la seguridad de esa vieja, escúchame: T-E J-O-D-E-S...conmigo no cuentes...Eres un bocazas, me decía el viejo, y tenía razón. Silvia hizo un movimiento de cabeza y aquellos dos roperos espaguetis disfrazados de polis que la acompañaban me cogieron en volandas sin que les supusiera el menor esfuerzo. Soltadme, putos espaguetis descerebrados, gritaba yo. Cabrones, hijueputas, maricones, hilvanaba yo insulto tras otro con una facilidad de palabra que nunca tuve para asuntos más útiles. Aquellos roperos con piernas (me sacaban dos cabezas de alto y otras dos de ancho) no parecían inmutarse, quizás solo hablaban napolitano, italiano o cualquier subdialecto espagueti. ¿Parla mia lingua? Bona sera, macarroni, inter de milan, bocato di cardinale. Había agotado toda la lengua espagueti que sabía por las pelis del Padrino y ni caso. Parece que me conducían hacia los baños. Pues si, porque abrieron la puerta de los aseos masculinos con mi cabeza. Por un momento pensé que quizás formaban parte de alguna rama gay de la mafia (¿no dice un dicho que “En todas partes cuecen habas”?) y por un instante temi seriamente que me sodomizaran salvajemente. Hice partícipe de mis temores a mis nuevos amiguitos y, por fin, uno de ellos encogió el gesto y mordió las primeras palabras (en perfecto inglés) que les oí. Al parecer no les interesaba el intercambio de fluidos, por no eso no debía preocuparme: sólo iban a matarme a golpes. No supe que decir. Tampoco hizo falta. Mientras el espagueti nº 1 (en adelante nº1) me agarraba de los brazos, el otro espagueti (nº2 obviamente) me zurraba alternativamente en la cara y en el estómago.Uf, uf. Uno-dos, uno-dos. Enseguida me empezaron a sangrar las cejas y los labios manchando de rojo el blanco inmaculado del servicio masculino. Nº 2 retrocedía con cada golpe, hacía medio giro con aquel torso de toro bravo y descargaba su puño ciclópeo contra mi cabeza de títere. Llegado un momento, mi sistema nervioso debió darse de baja y desapareció el dolor. Sólo había un pitido que debía provenir del interior de mi cabeza. Nº 2, jadeante y sudoroso, bajó los brazos y cedió su puesto a nº1, que continuó golpeandome la cara, o lo que quedaba de ella, con un sentido del ritmo casi musical. Yo, todavía milagrosamente consciente, paseaba mi mirada (la de mi ojo derecho, porque incluso creía que el izquierdo había saltado de mi cara hace rato y había aterrizado en uno de los lavamanos), paseaba la mirada por la pared de enfrente en aquel delirio más allá del dolor. Las pintadas la cubrían, “El Sr. Smithers es un rarito”, ponían, “Cómete mis calzones”, “Moe sirve bebida de garrafón”, “Multiplícate por cero”...fue lo último que vi mientras dejé de percibir el blanco salpicado de rojo, la cara de mastín de nº 1, el sabor de la sangre y cualquier otra sensación y todo se volvió negro...(continuará)
Domingo (Episodio 8) (Miriam)

¡Entonces esos no son policías! ¡joder! ¡me ha visto! No parece muy contenta, mas bien ahora mismo tiene pinta de arpía griega ¿es que no hay ningun policia por aqui que vea que esos dos que la acompañan son matones armados? ¡joder! ¿esta es la seguridad del aeropuerto? ¡mierda!¿Que qué hago aquí? ¡joder! y me lo preguntas. Me echas a tu marido encima y me preguntas que qué hago en el aeropuerto. ¡por supuesto que me iba a ir sin ti! ¿cómo se te ocurre? Si querias que lo nuestro continuase, no haberle dicho nada a tu marido, aunque de toda formas ya estaba sospechando.¿Qué le dijiste?, ¿que tu no querias y yo te seduje? ¿que te forcé, DIECINUEVE, VEINTE veces? ¿todas las que hemos estado juntos?No comprendo como he podido llegar a esta situación. De hecho, ya no se porque empecé con ella, ni siquiera me gusta demasiado, muy flaca... supongo que aquel día tenia el cerebro en otro sitio... otro sitio que siempre me traiciona.¡joder!Supongo que tú has venido al aeropuero de visita turística con estos dos señores, ¿eh cielo?...¡jajajaja! ¿La “nonna”? No me cuentes nada, Silvia ¡joder! se supone que las mujeres de la maffia son como tumbas y tu me lo cuentas todo, ¿que quieres? ¿que además de tu marido me persiga toda la camorra por todo lo que me has largado?Se supone que tendrias que estar enfadada conmigo por intentar largarme sin ti, como hace un segundo y no decirme que vienes a por la jefa.¿Una jefa de la camorra viajando en línea regular con una excursión de jubilados napolitanos? Sí supongo que es una buena tapadera... viene con un nombre falso ¿no?...¿y para que viene?
Domingo (Episodio 7) (Teseo)

Vaya fregado en el que me he metido yo solito. Ya me lo dijo el viejo, chico, decía, cuando Dios repartió la inteligencia, tú estabas en el baño meando. Siempre me soltaba lindezas por el estilo cuando estaba borracho. No era ni de lejos el típico padre afectuoso, pero a veces casi lo echo de menos. Está grabado a fuego en mi cabeza el día que estiró la pata, un QUINCE de diciembre, yo tenía DIECISEIS años por entonces. Lo encontré en el zaguán. Parece que no se sabe como consiguió un abeto enorme para que sirviera como árbol de navidad en casa y el esfuerzo de cargarlo lo reventó. Boca arriba y con los ojos vidriosos y muy abiertos, una pierna había quedado debajo del cuerpo. Se ahogó en sus propios vómitos, nada extraño en un alcohólico. Pobre cabrón, todo por darnos una alegría, hay que reconocer que aquel cabrón tenía sus puntos a pesar de las palizas y los insultos. Bueno, aquí estoy en el aeropuerto y compro el billete (¿DIECISIETE dólares? ¿una oferta, guapa? oye, ¿a que hora terminas?¿que me voy a Nueva York? bueno, puedes venir conmigo, jajajaj). Qué chica, esa es de las que te convienen, hubiera dicho el viejo, pero acabaras con una mujerzuela que te conducirá de cabeza al infierno. Como la vida misma. Qué razón tenía el cabrón. Bueno, ya estoy fuera de peligro hasta el fin del vuelo. No podía volver al apartamento a buscar al menos una muda de ropa. Fossy podría haber estado allí. Pero aquí es otra cosa, el simio cornudo ese no tendría nada que hacer contra los polis del aeropuerto...como esos de ahí, dos roperos con el pelo a cepillo y armados hasta los dientes, que fieron se ven junto a la mujer que acompañan, que parece un triste palillo de dien...espera...la mujer...esa cara...¡es Raquel!...¡¿qué coño hace esa estúpida aquí?!...¡ya me decía el viejo! ¡al infierno! ¡de cabeza al infierno! (continuará)
Domingo (Episodio 6) (Miriam)

Y no es que sea un cobarde, que no lo soy, pero es que Sergio tampoco es Sergio. Antes lo llamaban “Fossy”, por Diane Fossey, la de “Gorilas en la niebla”, porque ademas de parecer un gorila, con su nariz aplastada y rota por tantas peleas, la barbilla cuadrada y echada hacia fuera, y todo ese pelo negro que le cubre la cabeza, los hombros, el pecho y la espalda sin dejar un centimetro de piel limpia, ser gorila es su verdadero oficio.Es un gorila de la Camorra napolitana con, por lo menos, ONCE muertos en su haber. El circo es su escondite provisional, (es una historia larga la de porqué acabó escondido aqui) y lo de trapecista, porque es lo bastante fuerte para el oficio y algo tiene que hacer para no levantar sospechas entre el personal. No conozco a otro que sea capaz de balancearse a treinta metros de altura sin red, sujetandose por las piernas y soportar el peso de cinco de nosotros.Yo lo sé todo por ella, la muy cabrona, y me niego a ser la víctima número DOCE de “Fossey”. No sé mucho de mafiosos, pero ¡joder! seguro que lo que me va a dar por tirarme a su mujer no va a ser una felicitación. Irme a Nueva York es mi única opción o esto puedo convertirse en un “viernes TRECE”... (continuara)
Domingo (Episodio 5) (Teseo)

¿No?...¿seguro? Mentía. La conozco bien. Conozco su tono de voz cuando está mintiendo. Y cuando tiene miedo. En esta ocasión el pánico la devoraba, pese a que intentaba tranquilizarme. Mi amor, no se va a enterar de nada, decía. Y un huevo, Sergio ya lo sabía todo de pe a pa y a juzgar por el tono de Raquel quería venganza. Quizás me habia estado esperando en la casa y ahora venía hacia acá pisando hasta el fondo el acelerador de su Pontiac rojo del 64. Él mismo me decía siempre q para trabajar en el trapecio hacía falta tener no SIETE, sino OCHO vidas, y ahora resultaba que precisamente Sergio iba a acabar con todas las mías de golpe, fueran cuantas fueran. Sí, cielo, sí...te llamo más tarde...sí, voy a quedarme pronto sin batería...Corté la llamada. Debía pensar rápido. A las NUEVE había un vuelo a Nueva York, donde tenía amigos que podían ayudarme. Si no, estaba vendido. Quizás dentro de 10 minutos Sergio aparecería aquí y mi pellejo no valdría ni para hacer un par de zapatos (continuara...)
Domingo (Episodio 4) (Miriam)

Vaya mierda de bar, solo tienen CUATRO tapas diferentes con pinta de llevar CINCO dias hechas ¡ah! y tambien preparan bocadillos... pues como los hagan de esas barras de embutido que estoy viendo habrá que poner un cura de guardia en la puerta. ¡si parece que tienen moho! ¡joder, y on el hambre que tengo! Casi mejor me tomo un café y ya comeré luego. ¡Un cortado y un vaso de agua con gas, por favor!...¡mieda, el movil!.. Hola cielo,. .. no, me rajaron las ruedas del coche y acabo de perder el tren, ya no me da tiempo a verte porue no voy a ir SEIS kilometros a pie...no me vengas con eso que me tienes harto, además tenemos que hablar, tu marido esta sospechando, estoy seguro...¡joder! ¿pero se lo dijiste tú?...
Domingo (Episodio 3) (Teseo)

Bueno, por otro lado, puede que haya sido el destino...Al fin y al cabo, Sergio ya estaba sospechando. Quizás sea el momento oportuno de dejarlo: no es demasiado inteligente acostarse con la mujer de tu compañero de trabajo cuando trabajas en un circo de trapecista y que durante el cuádruple salto mortal el cornudo decida en el último momento que no le gustan sus cuernos y retire su brazo y que UNO se abra la cabeza después de un salto al vacío desde 30 metros de altura...
Muerte. Kaput. Finito. CERO. Pal’hoyo. ¡Joder! Así que va a ser que paso. Ciao, bambina. Te echaré de menos. ¡Joder! ¡Qué sucio estoy! Creo que voy a lavarme al menos la cara y el cuello al baño y luego al bar de la estación a tomarme UNA o DOS cervezas fresquitas a ver si se me pasa el sofoco. Además en los sitios de paso siempre encuentras gente interesante. Algún viajante de comercio que sepa contar chistes, un par de mochileros que hayan visitado lugares exóticos, a lo mejor alguna chica con mucho tiempo y mucha sed, yo que sé. Qué más da ¡joder! Al fin y al cabo, mañana empiezo en el circo a las TRES de la tarde, ¿quién tiene prisa? Yo, desde luego, no. (continuará)
Muerte. Kaput. Finito. CERO. Pal’hoyo. ¡Joder! Así que va a ser que paso. Ciao, bambina. Te echaré de menos. ¡Joder! ¡Qué sucio estoy! Creo que voy a lavarme al menos la cara y el cuello al baño y luego al bar de la estación a tomarme UNA o DOS cervezas fresquitas a ver si se me pasa el sofoco. Además en los sitios de paso siempre encuentras gente interesante. Algún viajante de comercio que sepa contar chistes, un par de mochileros que hayan visitado lugares exóticos, a lo mejor alguna chica con mucho tiempo y mucha sed, yo que sé. Qué más da ¡joder! Al fin y al cabo, mañana empiezo en el circo a las TRES de la tarde, ¿quién tiene prisa? Yo, desde luego, no. (continuará)
Domingo (Episodio 2) (Miriam)

Cuatro horas deciendiendome a llamarla para quedar ¡joder! no entiendo como puedo se tan cobarde, y cuando por fin reúno fuerzas y la llamo me dice que sí, que lleva estos tres dias deseando volver a verme, ¡joder! Dos de las ruedas de mi coche aparecen rajadas ¡malditos gamberros! Corro a la estación y llego resollando y empapado en sudo (bonita manera de acdir a una cita) solamente para comprobar que el tren ya se ha ido ¡joder!... (continuara)
Domingo (Presentación)
El relato o novela (todavía se desconoce su extensión) "Domingo" es un proyecto por entregas a cuatro manos, es decir, entre dos personas, el autor del blog y una amiga, Miriam. La idea consiste en desarrollar una historia poco a poco y sin un planteamiento previo, sino aportando uno un fragmento y luego a continuación el otro y después de este el primero y así ad infinitum (o hasta la muerte de uno y/o dos, o simplemente hasta que nos cansemos), es decir, alternando las aportaciones de ambos. Este planteamiento de trabajo, en apariencia anárquico y con un aspecto tan "poco serio", no ha dado un mal resultado (siempre a juicio de los coautores, que, por otro lado, no pueden ser demasiado objetivos), teniendo en cuenta el riesgo de dispersión de la trama y las consecuencias en cuanto a la (poca) uniformidad del estilo incluso dentro de textos del mismo autor.
Va a publicarse en este blog de una vez todo lo redactado hasta este momento y, Dios mediante, seguirimos añadiendo periódicamente (tal vez cada 3 ó 4 días) nuevas aportaciones.
Se ruega a los eventuales visitantes (si los hubiera, que está por ver) que no sean demasiado estrictos en su crítica pues el objetivo y fin último de esta narración es divertirnos y divertir, ejercitando nuestros espíritus para empresas literarias de más ambición.
Esperamos les guste.
Saludos
Va a publicarse en este blog de una vez todo lo redactado hasta este momento y, Dios mediante, seguirimos añadiendo periódicamente (tal vez cada 3 ó 4 días) nuevas aportaciones.
Se ruega a los eventuales visitantes (si los hubiera, que está por ver) que no sean demasiado estrictos en su crítica pues el objetivo y fin último de esta narración es divertirnos y divertir, ejercitando nuestros espíritus para empresas literarias de más ambición.
Esperamos les guste.
Saludos
jueves, 5 de junio de 2008
La angustia del asteroide
Después de orbitar durante miles de millones de años en el cinturón de Kuiper, el asteroide ha despertado de su letargo. Al acercarse a Júpiter en su órbita eterna, una tormenta le ha provocado un desequilibrio gravitacional y la eternidad se ha roto. Acostumbrado a la rutina, está desconcertado y no sabe reaccionar. Sus cadenas astronómicas han caído y él, sin embargo, intenta aferrarse a su espacio conocido. Pero las leyes del universo son iguales para todos y ve pasar a la velocidad de la luz a Neptuno, Urano, Plutón, y se dirige, aterrado, al confín del sistema solar más allá de la delicada Nube de Oort, y todavía más allá, hacia lo desconocido.
Jimmy Dean is dead (and we all miss him so much)
Actor que con su muerte ascendió a los cielos de los mitos con 24 años, sólo participó en tres películas con papeles importantes. Fueron "Gigante", "Rebelde sin causa" y "Al este del Edén", todas de 1955. Muy aficionado a las carreras de coches (tanto que algunos directores le prohibieron por contrato correr hasta después del fin del rodaje), la noche del 30 de septiembre de aquel año en Cholame (California) conducía a velocidad moderada a "Little bastard", como llamaba a su Porsche 550 Spyder, acompañado de su mecánico. Llevaba las luces apagadas. En un cruce se le echó encima un Ford a gran velocidad. Dean intentó esquivarlo y se incrustó en un poste de la luz, rompiéndose el cuello. Según el forense, murió instantáneamente o momentos después. Sobrevivieron el mecánico de Dean y el conductor del Ford, un estudiante que casualmente salía de un cine local de ver "Gigante" (Datos obtenidos de la Wikipedia).
Primer día en el laberinto
Llevo horas dando vueltas y más vueltas y no soy capaz de encontrar la salida. Tengo hambre y sed y estoy fatigado. Todos los pasillos parecen el mismo, con sus paredes altas y lisas, sin ranuras entre las piedras que lo forman. Se entrecruzan y a veces dos, y en ocasiones incluso tres pasillos confluyen en el mismo punto. Bien hizo Dédalo su tarea. Lo único que cambia es el cielo, por el que pasan las nubes, desgarradas y de un blanco impoluto, casi brillante. Pero no me sirven de guía porque corren por el fondo azul intenso demasiado rápido y, apenas aparecen por un lado, desaparecen por el lado opuesto. Voy a sentarme aquí mismo, sobre esta arena amarilla, extraída de alguna de nuestras playas cretenses. Sólo deseo descansar unos segundos para recuperar el aliento y limpiarme la cara y los cuernos de polvo. Luego seguiré buscando la salida a este laberinto.
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Declaración de intenciones
Este blog nace con la sana intención de dar salida a determinadas (quizás no tan sanas) inquietudes de su autor. Dichas inquietudes son principalmente literarias dada la afición del mencionado autor por escribir. Así, se publicarán microrrelatos y en algunos casos (seguramente los menos) narraciones más largas. Éstas últimas serán en ocasiones realizadas en colaboración, como se está haciendo en este momento con "Domingo" en grata compañía de la querida amiga de Tenerife Miriam.
Además también serán objeto de publicación otro tipo de textos atendiendo a los (veleidosos) intereses del susodicho (recalcitrante) bloguero, tales como artículos sobre Historia, Arte, pintura, fotografía, actividades culturales y comentarios varios.
Todo esto constituye el propósito inicial del blog en la actualidad. ¿Y el futuro? ni Dios sabe...
Por último, al autor le gustaría agradecer el eventual interés que pudiera o pudiese suscitar este blog y les invita a visitarlo cuantas veces quieran.
Un saludo
Teseo
Además también serán objeto de publicación otro tipo de textos atendiendo a los (veleidosos) intereses del susodicho (recalcitrante) bloguero, tales como artículos sobre Historia, Arte, pintura, fotografía, actividades culturales y comentarios varios.
Todo esto constituye el propósito inicial del blog en la actualidad. ¿Y el futuro? ni Dios sabe...
Por último, al autor le gustaría agradecer el eventual interés que pudiera o pudiese suscitar este blog y les invita a visitarlo cuantas veces quieran.
Un saludo
Teseo

