-Umpié…-los labios de Sebastián que repetían por segunda vez aquel nombre se quedaron mudos cuando el gigante embozado al otro lado del claro alzó despacio pero enérgicamente la mano derecha en una orden al silencio. Con la pose de un profeta del Antiguo Testamento, sus dedos índice y corazón quedaron unidos apuntado al cielo. El sombrero negro de ala ancha proyectaba una densa sombra sobre su rostro impidiendo totalmente atisbar su semblante. La noche calló. El viento dejó de silbar entre los árboles y alrededor de las pétreas esquinas del edificio de la capilla y los grillos enmudecieron al gesto de la inquietante figura.
-Chano, Chanito- el gigante empezó a hablar al tiempo que bajaba el brazo- siempre haciéndome perder el tiempo, dándome más trabajo del estrictamente necesario, mortificándome con mil y una tonterías…-su voz era recia y grave, con el mismo acento extranjero de Sebastián, y su tono era el de una fingida regañina en la que sin embargo se dejaba traslucir una irritación subterránea- y ahora molestando a ese señor…eso no está bien…no, no…claro que no puede ser ¿cierto, Hipólito?- preguntó, mientras su pequeño acompañante movió ligeramente la cabeza en sentido afirmativo.
Sebastián pareció perder toda su fuerza. Su cuerpo se encogió sobre sí mismo y se convirtió en un muñeco desgarbado. Sentí cómo dejó apoyar todo su peso contra la lápida a nuestras espaldas, como si repentinamente no fuera capaz de aguantarse por sí solo. Giró su cara hacia donde estaba yo. Tenía una mueca de infantil impotencia, la de un niño al que han castigado injustamente. La palidez de la cara se hizo más acentuada y su barba pareció más que nunca una invasión de hormigas hambrientas en busca del indefenso ojo sano. El ojo de cristal y la espantosa cicatriz que lo rodeaba le imprimían a su persona un aire de monstruo de barraca de feria que despierta más asco y lástima que miedo. Por alguna razón que yo desconocía, estaba aterrorizado.
Frente a nosotros los hombres continuaban de pie como los tótems de dos dioses malignos.
- ¿Dices que te han expulsado del lugar donde naciste?- volvió el gigante a tomar la palabra- Dí más bien que huiste como una mujerzuela. Cometiste una grave falta y huiste para eludir el consiguiente castigo. Con tu huida sólo has conseguido aplazar la ejecución de la justicia. Pero tu hora ha llegado y aquí está ya el vengador que reparará el equilibrio perdido borrando de la faz de la Tierra la sucia mancha de tu falta- en ese momento ambos hombres descubrieron simultáneamente sus cabezas y pudieron verse sus caras. Oí cómo Sebastián no pudo reprimir un impresionado murmullo ininteligible.
Umpiérrez, el gigante, adornaba sus más de dos metros de altura con un cabello pelirrojo ensortijado de apretados rizos. Su piel lechosa sumada a su enorme constitución le hacía parecer un formidable toro blanco con rabiosas crines del color del fuego. Por el contrario, su minúsculo compañero debía parecer raquitismo o alguna horrible deformación que le daba el aspecto de una rata repulsiva. Del tamaño de un niño que aún no ha llegado a la pubertad, su tez tenía un tono entre rojizo y marrón oscuro, con una textura escamosa que era evidente al reflejo de la luz. De su cabeza caían escasos mechones ralos de pelo largos y lacios. Unos pequeños dientes de roedor asomaban en una boca sin apenas labios.
-No vales nada. No vales ni una sola de las paletadas de tierra irlandesa que cubren las tumbas de mis antepasados- tronó, demoledor, el vozarrón de Umpiérrez-, ni la inútil paja que queda en la era después de la trilla, ni tan siquiera vales el fango de los charcos que tras la lluvia cubren los caminos en la aldea de mi familia, Inisfree. Ni los ciervos rojos de Connemara, ni los cardos de las marismas ni los colimbos que anidan en los lagos del norte oirán nunca llevadas por el viento palabras que deshonren mi origen irlandés. Así, desde los altos acantilados y las rocosas bahías de la península de Dingle que sobrevuelan los alcatraces de Little Skelling hasta las aguas que bajan límpidas y frías desde el naciente del Río Shannon, e incluso mas allá de las turberas y lagos de las tierras bajas del interior, nadie podrá acusar a este hijo de su estirpe de incumplir su sagrada obligación. Así, algún día, volveré con la cabeza alta a los prados de la verde Irlanda, a arar los campos y a apacentar el ganado, a habitar de nuevo la casa de mi familia en Inisfree, orgulloso de poder considerarme digno de llamarme hombre…Terminemos de una vez. Yo no soy como tú, descastado: hay alguien que me espera en casa.
Justo en ese momento el gigante mostró a la vista un cucharón plateado para helado, cuya asa apretó dos veces con una mano ciclópea y un zas zas rasgó amenazadoramente el aire. –Hipólito- dijo, dando una orden sobreentendida al enano, que sacó de algún lugar de su famélico pecho debajo de su abrigo una urna cilíndrica de cristal transparente. En ella, como un pez de colores, nadaba un ojo con una pupila de un azul eléctrico intenso con el nervio óptico por cola, que pareció dar una alegre voltereta en el líquido y se quedó mirándonos fijamente al tiempo que de la garganta del hombre a mi lado brotaba un ahogado aullido de reconocimiento.
domingo, 28 de septiembre de 2008
domingo, 21 de septiembre de 2008
Domingo. Episodio 30 (Teseo)
-Jajajajajaja- el tipo se río estrepitosamente con ganas- ¿te he asustado, eh? Jajajaja…sí, claro, es la primera vez que me ves este lado de la cara…-dijo, mientras volvía a girar el torso, mirando hacia delante y escondiendo otra vez a mi vista aquel ojo repugnante. Las carcajadas continuaron durante un par de minutos más, entrecortándose para volver a empezar, alternativamente subiendo y bajando el tono de una manera que me pareció algo enloquecida. Finalmente cesaron las risotadas con algunos amagos de continuar y todo quedó silencioso otra vez, tanto que incluso pude oír algunos grillos cantar en alguna parte.
-Por cierto, mi nombre es Sebastián Carlos Fernando-dijo bruscamente a la par que levantaba su mano de manera desenfadada y jovial y la extendía en dirección a mí sin girarse esta vez tampoco. Le ofrecí mi mano y me la estrechó. Intenté decirle mi nombre intentando vencer aquel agotamiento que me invadía, empecé a balbucearlo con mi lengua seca y pastosa, pero el tipo, que no parecía prestarme atención, abortó mi tentativa y reemprendió soliloquio.
-No soy americano, soy…hispano, como dicen ustedes. Soy español. ¿Conoces España? ¿toros?¿paella?¿flamenco-ole-ole? Ja ja ja ja…Para ser más exactos, provengo de una islas españolas frente a la costa africana, las Canarias: sol todo el año, buena vida, gente amable. Un lugar privilegiado, el puto paraíso sobre la tierra, tío- hizo una pausa- Por cierto, sólo por evitarnos problemas creo que te voy a guardar esto- y con un gesto levantó la mano de la rodilla, la acercó ágil a mi cintura y me quitó limpiamente el pistolón en un visto y no visto-Hasta este momento me había olvidado completamente del cacharro aquel- Qué hermosura- dijo con una mueca de admiración, sosteniendo el arma frente a su cara para echárselo al cinto con el mismo gesto veloz con el que me la había arrebatado- ya no se fabrican cosas así, todo está tan mecanizado…en fin…-y lanzó un melancólico suspiro apenas audible. Cogió aire y siguió diciendo- Si no voy desencaminado, creo que te la vendió mi tío, Mastro Pancho el Carpintero. No te portaste muy bien con él, chico malo- dijo agitando el dedo en actitud reprobatoria y con expresión divertida sin volverse- le rompiste la nariz y varios dientes y su cara gordinflona es un puro hematoma. El gordo fue un poco cabroncete, pero ¿era necesario? Chico, sin necesidad te has buscado otro enemigo más. Ten cuidado, la bola de grasa esa es rencorosa como el demonio- dijo, terminando la frase con una graciosa voz de falsete- descuida de mí, eso es cosa suya, yo no intervengo por chuminadas así. Yo soy un profesional, chico: cada perro que se lama su pijo. Si mi tío quiere vengarse cortándote los huevos, que se busque la vida. Además, en realidad- continuó-, no es mi tío carnal. Apenas tengo familia y la que tengo la perdí de vista hace mucho tiempo. El gordo tocahuevos ese es una especie de contacto. El tipo dice que es descendiente de canarios emigrados a Texas. A mí me parece que se tira el rollo, pero, y es lo que cuenta, conoce gente en Canarias que a su vez me conoce a mí y, cuando tuve que…-su voz dudó unos segundos intentando encontrar la palabra adecuada- marcharme…de allí, venir a Springfield fue una opción interesante. Ya había alguien que conociera a quien era útil conocer. Esto funciona así: sólo se trata de tíos que conocen otros tíos. Y no hay más.
Y prosiguió con aquel tono confidencial de barra de bar ¿Por qué coño me contaba todo esto?- Sí, soy canario. Hay que pertenecer a algún lugar, sea grande a pequeño, isla o península, sea un lugar frío o caluroso, tranquilo y bucólico o bullicioso y alegre, da igual, la cuestión es poder decir “yo soy de…”.No te hagas una idea equivocada de mí: no soy un sentimental. No tengo miedo a la soledad, nacemos solos y solos morimos, y la mayor parte de las veces la compañía no conlleva más que un listado de servidumbres sin más contrapartida que la presencia física cercana de alguien y poco más. Sí…no creo en el compromiso, ataduras, ¿para qué? Ja, el compromiso fue un invento de las mujeres para que el hombre le ayude a cuidar de los hijos. Es una trampa. Una puta jodida trampa. Hace años no pensaba lo mismo. Intenté…-el tipo hizo con los brazos lo que pareció un vehemente gesto de disculpa- vivir de la manera que suponía que debía hacerlo. Hablé con el jefe que tenía entonces, era una red de protección- arrastró las sílabas de la palabra “protección” mientras que con dos dedos de ambas manos dibujaba unas comillas en el aire- a pequeños comerciantes…le expliqué que quería dejarlo, que necesitaba reconducir mi vida…me consideraba un hijo para él y estaba muy satisfecho con mi trabajo y, sin embargo, me dejó marchar. Me dijo con lágrimas en los ojos “Sebastián Carlos Fernando, lo que Dios nos da Dios nos quita. Que tengas suerte en la vida”. Entonces un amigo me consiguió un empleo en el gobierno de canarias. Buenos horarios, trabajo de chupatintas sin complicaciones, un despacho bonito para mí solo con vistas al Océano Atlántico. El sueldo era bastante más bajo del que estaba acostumbrado a ganar, pero era algo con lo que comenzar una vida normal…comencé a salir en serio con una buena chica, hablábamos de casarnos, de compartir una hipoteca en una casa bonita en las afueras, de los hijos que tendríamos, de cómo los llamaríamos, de planes de futuro en suma…Sin embargo, semanas antes de la boda dí marcha atrás, le dije a había conocido a otra. Luego, sencillamente un día dejé de ir a la oficina y hablé con mi antiguo jefe, que me readmitió con los brazos abiertos…aquella vida no era para mí… demasiada gente me habría tenido cogido por los huevos… me habría convertido en un pringao…-dejó de hablar por unos momentos mientras su vista vagó por las copas más altas de los cipreses.
-No necesito nada de eso- retomó su discurso con decisión otra vez-; es absolutamente prescindible. Pero todos necesitamos un lugar al que regresar, una tierra donde puedan enterrar tus restos y tus cenizas no sean esparcidas en cualquier sitio al viento como el estúpido polvo del camino. Si a un hombre le quitas eso, lo conviertes en algo peor que un perro- Hizo una pausa, tras la cual cogió una bocanada de aire- Sí, esa es mi situación ahora. Desterrado. Me han echado del lugar donde nací. Cuando está en juego tu vida, no te queda más remedio- Guardó silencio unos instantes y continuó con un tono que pretendía ser trascendente- A lo largo de la vida se nos presentan multitud de alternativas a través de cuyas elecciones decidimos cómo queremos vivir y, en última instancia, algunas, a veces dramáticas, a veces imperceptibles, nos hacen ser como acabamos siendo. En contadas ocasiones tienes que elegir entre los principios que guían tu conciencia y lo que te conviene. En aquel momento no tuve opción, simplemente hice lo que tenía que hacer. Resultado: sentencia de muerte. Así que huí. No me arrepiento de mi decisión. Sin embargo, a veces dudo de si esto no será peor que estar muerto. Es como vivir en un limbo, donde nada es familiar y todo resulta ajeno. Poco a poco se ha instalado en mi interior un frío que no me abandona en ningún momento, un frío que no tiene que ver con la temperatura que marcan los termómetros. Es otra cosa…
-¡Umpiérrez!-gritó, de repente, ¿se había vuelto definitivamente loco?
De detrás del melancólico edificio de la capilla aparecieron dos figuras embozadas que se acercaron lentamente hasta pararse al borde del claro donde estábamos. Con largos abrigos y sombreros que ocultaban completamente las caras, uno de los hombres debía medir más de dos metros y era extremadamente corpulento, mientras el otro sorprendentemente apenas llegaba a la cintura del gigante que tenía a su lado. Aquella situación se había transformado en algo completamente surrealista. Me llevé la mano izquierda al dorso de la derecha, agarré toda la piel que pude y dí un fuerte pellizco. Me dolió. No, no estaba teniendo una pesadilla. Aquello estaba ocurriendo.
-Por fin me has encontrado…-dijo Sebastián Carlos Fernando, en voz baja, convertida en un murmullo sibilante.
-Por cierto, mi nombre es Sebastián Carlos Fernando-dijo bruscamente a la par que levantaba su mano de manera desenfadada y jovial y la extendía en dirección a mí sin girarse esta vez tampoco. Le ofrecí mi mano y me la estrechó. Intenté decirle mi nombre intentando vencer aquel agotamiento que me invadía, empecé a balbucearlo con mi lengua seca y pastosa, pero el tipo, que no parecía prestarme atención, abortó mi tentativa y reemprendió soliloquio.
-No soy americano, soy…hispano, como dicen ustedes. Soy español. ¿Conoces España? ¿toros?¿paella?¿flamenco-ole-ole? Ja ja ja ja…Para ser más exactos, provengo de una islas españolas frente a la costa africana, las Canarias: sol todo el año, buena vida, gente amable. Un lugar privilegiado, el puto paraíso sobre la tierra, tío- hizo una pausa- Por cierto, sólo por evitarnos problemas creo que te voy a guardar esto- y con un gesto levantó la mano de la rodilla, la acercó ágil a mi cintura y me quitó limpiamente el pistolón en un visto y no visto-Hasta este momento me había olvidado completamente del cacharro aquel- Qué hermosura- dijo con una mueca de admiración, sosteniendo el arma frente a su cara para echárselo al cinto con el mismo gesto veloz con el que me la había arrebatado- ya no se fabrican cosas así, todo está tan mecanizado…en fin…-y lanzó un melancólico suspiro apenas audible. Cogió aire y siguió diciendo- Si no voy desencaminado, creo que te la vendió mi tío, Mastro Pancho el Carpintero. No te portaste muy bien con él, chico malo- dijo agitando el dedo en actitud reprobatoria y con expresión divertida sin volverse- le rompiste la nariz y varios dientes y su cara gordinflona es un puro hematoma. El gordo fue un poco cabroncete, pero ¿era necesario? Chico, sin necesidad te has buscado otro enemigo más. Ten cuidado, la bola de grasa esa es rencorosa como el demonio- dijo, terminando la frase con una graciosa voz de falsete- descuida de mí, eso es cosa suya, yo no intervengo por chuminadas así. Yo soy un profesional, chico: cada perro que se lama su pijo. Si mi tío quiere vengarse cortándote los huevos, que se busque la vida. Además, en realidad- continuó-, no es mi tío carnal. Apenas tengo familia y la que tengo la perdí de vista hace mucho tiempo. El gordo tocahuevos ese es una especie de contacto. El tipo dice que es descendiente de canarios emigrados a Texas. A mí me parece que se tira el rollo, pero, y es lo que cuenta, conoce gente en Canarias que a su vez me conoce a mí y, cuando tuve que…-su voz dudó unos segundos intentando encontrar la palabra adecuada- marcharme…de allí, venir a Springfield fue una opción interesante. Ya había alguien que conociera a quien era útil conocer. Esto funciona así: sólo se trata de tíos que conocen otros tíos. Y no hay más.
Y prosiguió con aquel tono confidencial de barra de bar ¿Por qué coño me contaba todo esto?- Sí, soy canario. Hay que pertenecer a algún lugar, sea grande a pequeño, isla o península, sea un lugar frío o caluroso, tranquilo y bucólico o bullicioso y alegre, da igual, la cuestión es poder decir “yo soy de…”.No te hagas una idea equivocada de mí: no soy un sentimental. No tengo miedo a la soledad, nacemos solos y solos morimos, y la mayor parte de las veces la compañía no conlleva más que un listado de servidumbres sin más contrapartida que la presencia física cercana de alguien y poco más. Sí…no creo en el compromiso, ataduras, ¿para qué? Ja, el compromiso fue un invento de las mujeres para que el hombre le ayude a cuidar de los hijos. Es una trampa. Una puta jodida trampa. Hace años no pensaba lo mismo. Intenté…-el tipo hizo con los brazos lo que pareció un vehemente gesto de disculpa- vivir de la manera que suponía que debía hacerlo. Hablé con el jefe que tenía entonces, era una red de protección- arrastró las sílabas de la palabra “protección” mientras que con dos dedos de ambas manos dibujaba unas comillas en el aire- a pequeños comerciantes…le expliqué que quería dejarlo, que necesitaba reconducir mi vida…me consideraba un hijo para él y estaba muy satisfecho con mi trabajo y, sin embargo, me dejó marchar. Me dijo con lágrimas en los ojos “Sebastián Carlos Fernando, lo que Dios nos da Dios nos quita. Que tengas suerte en la vida”. Entonces un amigo me consiguió un empleo en el gobierno de canarias. Buenos horarios, trabajo de chupatintas sin complicaciones, un despacho bonito para mí solo con vistas al Océano Atlántico. El sueldo era bastante más bajo del que estaba acostumbrado a ganar, pero era algo con lo que comenzar una vida normal…comencé a salir en serio con una buena chica, hablábamos de casarnos, de compartir una hipoteca en una casa bonita en las afueras, de los hijos que tendríamos, de cómo los llamaríamos, de planes de futuro en suma…Sin embargo, semanas antes de la boda dí marcha atrás, le dije a había conocido a otra. Luego, sencillamente un día dejé de ir a la oficina y hablé con mi antiguo jefe, que me readmitió con los brazos abiertos…aquella vida no era para mí… demasiada gente me habría tenido cogido por los huevos… me habría convertido en un pringao…-dejó de hablar por unos momentos mientras su vista vagó por las copas más altas de los cipreses.
-No necesito nada de eso- retomó su discurso con decisión otra vez-; es absolutamente prescindible. Pero todos necesitamos un lugar al que regresar, una tierra donde puedan enterrar tus restos y tus cenizas no sean esparcidas en cualquier sitio al viento como el estúpido polvo del camino. Si a un hombre le quitas eso, lo conviertes en algo peor que un perro- Hizo una pausa, tras la cual cogió una bocanada de aire- Sí, esa es mi situación ahora. Desterrado. Me han echado del lugar donde nací. Cuando está en juego tu vida, no te queda más remedio- Guardó silencio unos instantes y continuó con un tono que pretendía ser trascendente- A lo largo de la vida se nos presentan multitud de alternativas a través de cuyas elecciones decidimos cómo queremos vivir y, en última instancia, algunas, a veces dramáticas, a veces imperceptibles, nos hacen ser como acabamos siendo. En contadas ocasiones tienes que elegir entre los principios que guían tu conciencia y lo que te conviene. En aquel momento no tuve opción, simplemente hice lo que tenía que hacer. Resultado: sentencia de muerte. Así que huí. No me arrepiento de mi decisión. Sin embargo, a veces dudo de si esto no será peor que estar muerto. Es como vivir en un limbo, donde nada es familiar y todo resulta ajeno. Poco a poco se ha instalado en mi interior un frío que no me abandona en ningún momento, un frío que no tiene que ver con la temperatura que marcan los termómetros. Es otra cosa…
-¡Umpiérrez!-gritó, de repente, ¿se había vuelto definitivamente loco?
De detrás del melancólico edificio de la capilla aparecieron dos figuras embozadas que se acercaron lentamente hasta pararse al borde del claro donde estábamos. Con largos abrigos y sombreros que ocultaban completamente las caras, uno de los hombres debía medir más de dos metros y era extremadamente corpulento, mientras el otro sorprendentemente apenas llegaba a la cintura del gigante que tenía a su lado. Aquella situación se había transformado en algo completamente surrealista. Me llevé la mano izquierda al dorso de la derecha, agarré toda la piel que pude y dí un fuerte pellizco. Me dolió. No, no estaba teniendo una pesadilla. Aquello estaba ocurriendo.
-Por fin me has encontrado…-dijo Sebastián Carlos Fernando, en voz baja, convertida en un murmullo sibilante.
sábado, 13 de septiembre de 2008
Domingo. Episodio 29 (Teseo)
De repente, todo el agotamiento del mundo se desplomó encima de mí. Más de treinta y seis horas de acá para allá y las emociones desbordadas y ahogadas en adrenalina de haberme visto obligado a matar a alguien por primera vez, súbitamente, tomaron cuerpo. Lo sentí como un mazazo. Mi visión se nubló unos instantes y temí perder el sentido. Atiné a apoyarme en la lápida más cercana y deje que mi cuerpo flácido como un pelele resbalara por la fría piedra hasta dar con el culo en el suelo húmedo del cementerio. No quería perder la consciencia, no era conveniente allí, expuesto, indefenso, vulnerable. Debía aguantar, un poco, sólo un poco más, sólo hasta llegar a un sitio seguro. Pero ¿había todavía un lugar seguro para mí? Vaya idea aterradora. Levanté la cara al fresco de la noche y miré el cielo y el negro de mi vista que se desvanecía transmutó en el negro profundo del cielo tachonado de los reflejos de las estrellas que me guiñaban el ojo. Sonreí. Sí, noté, casi como un gesto involuntario, reflejo, la mueca que hizo mi boca. Entonces, mi cabeza cayó lentamente sobre el pecho, arrastrada por su peso ahora insoportable.
-¿De qué ríes, chico? –oí decir a mi izquierda. –No creo que tengas muchos motivos para reírte- volvió a decir la misma voz, que localicé ahora a mi espalda, donde yacía inerme la nonna. La voz, que tenía un leve acento extranjero, sonaba tranquila y a la vez distraída, como la de quien habla mientras hace una tarea sencilla y rutinaria. Estaba tan agotado que no tenía fuerzas para girarme. –Oye, menos mal que la vieja está bien; se ha dado un buen leñazo, ha perdido un poco de sangre y todo eso, pero es más lo que parece que lo que es. Dormirá un buen puñado de horas y se despertará como nueva. La vieja es dura. Te has librado de una buena. Chico, estás jugando con fuego y te vas a terminar quemando- dijo la voz con el tono que emplearía una maestrilla de primaria cuando un mocoso ha llegado tarde del recreo.
¿Quién cojones era el fulano aquel? Parecía que estaba al tanto de todo. ¿Cuál era su papel en todo el asunto? ¿era un sicario de los espagueti? Su acento no era italiano ¿quizás actuaba por su cuenta? Me incomodan los jaleos en los que muchas partes en medio. Cuando hay que contar con pocos, siempre es posible negociar con las partes. Pero cuando empiezan a aparecer tipos actuando por cuenta propia intentando pescar en río revuelto, era muy fácil acabar con un tiro de alguno de ellos que se ha puesto nervioso y no tiene que rendir cuentas a ningún jefe. Y sobre todo ¿qué pasaría conmigo?¿sobraba?¿iba a acabar conmigo? El fulano quizás creía tener la situación bajo control y de momento yo no le preocupaba. Quizás era yo quién debía preocuparme. Pero me encontraba tan agotado…
Oí como la voz volvía de nuevo hacia donde yo estaba y vi unas botas. Parecían unas botas de vaquero de caña alta negras. Relucientes, tenían unos remaches plateados que brillaban como si tuvieran luz propia en aquel patio trasero de la capilla. Aproximé los ojos y vi mi cara reflejada en las punteras. Apenas me reconocí. La distorsión de la curvatura que hacían aquellas piezas metálicas me mostraba con una frente enorme y abombada y mi barbilla disminuía hasta desaparecer succionada por mis labios a medida que me acercaba casi hasta tocar las botas con la nariz.
-Joder, chico, ¿qué coño haces?¿te va el rollo homofetichista? ¿No me iba a besar las botas el muy mamón?-dijo aquella voz sin cara. Bueno, claro que encima de las botas había unas piernas y luego un cuerpo y encima una cabeza, pero para mí eran sólo unas botas parlantes que dieron un ligero salto hacia atrás. Entonces el dueño de la voz soltó una risotada que turbó la quietud de la noche.-Ja, ja, ja, ja.Pedazo de mamón, qué susto me has dado. ¿Estás cansado, eh? ¿Muchas emociones fuertes últimamente, eh?- mientras el tipo hablaba, yo no era capaz de ordenar a los músculos de mi cuello que levantaran mi cabeza para ver su jeta-Oye, debería aplaudirte, sí, señor. Le levantaste la tapa de los sesos a Liotti. Bueno, no puedo decir que eso me disgustara demasiado, seguramente de esa manera has mejorado la especie humana- río estruendosamente otra vez y el eco de la risa fue devuelto esta vez por las lápidas. Entonces las botas volvieron a acercarse y una de ellas se apoyó contra mi hombro y lo empujó haciendo una leve presión- hey, tranquilo, chico, no voy a sodomizarte ni nada. En todo caso, si hay por aquí un bujarra, eres tú, jajajaja. Sólo hazme un hueco, ¿vale? Yo también estoy…no sé si cansado es la palabra adecuada.
Entonces el dueño de aquellas botas vaqueras se agachó y se recostó contra la lápida a mi lado.-Joder, tío, hazte más allá, no me jodas, huevón-me dijo, y siguió hablando como si aquella situación fuera lo más normal del mundo, como dos colegas charlando en un bar con una cerveza en la mano- Pues sí, chico, Liotti era un chulo de mierda y que seguro le has hecho un favor al mundo quitando al impresentable ese de en medio, así se ha interrumpido la cadena de bastardillos que el payaso ese iba dejando por ahí…-yo oía su cháchara parlanchina desde la distancia a través de un filtro espeso y traslúcido, intentando a la vez enfocar mi extenuados ojos para poder verle la cara, que estaba de lado a menos de medio metro de la mía. Me fijé en su postura. Debía ser muy alto, porque, con las piernas encogidas y sentado como estaba, sus rodillas le llegaban casi a la altura del gaznate de una forma un poco ridícula. Además de aquel par de botas de cowboy vestido de domingo, también era negro el traje que llevaba, que parecía hecho a medida y de un tejido de calidad. Por último, el tipo completaba su indumentaria con una corbata también negra y una camisa inmaculadamente blanca. Ya conseguí enfocarle, o al menos la mitad derecha que mostraba su perfil. Mientras, continuaba hablando sin parar; no sabía yo si para mí, para si mismo o para los residentes del cementerio. Su cabello era del color de ala de cuervo a juego con el traje, con profundas entradas que anunciaban una calvicie incipiente. Tenía barba, pero no era una barba arreglada sino más bien parecía el resultado de la desidia de no afeitarse y así asemejaba que una colonia de hormigas negras había colonizado su rostro. Por contraste, la piel de éste era extremadamente pálida y también sus manos, que apoyaba en las rodillas, de dedos largos y algo torcidos. La única nota de color en su persona eran los ojos azules. Sin embargo, sus ojos –en realidad, su ojo derecho, que era el que yo veía, pues seguía sin volverse hacia mí- eran de un azul acuoso y desvaído, como si se hubieran desteñido con el tiempo, como un océano que se hubiese quedado sin vida, sin una pizca de hálito animado.
-Sí, chico-seguía parloteando, sin reparar en que yo no le replicaba, exhausto hasta el aliento- estos italianos son una panda de impresentables. Es increíble que fueran el pueblo más poderoso y culto en Occidente en la antigüedad, y luego arrancaran a Europa de la oscuridad de la Edad Media al florecer el Renacimiento y con él el arte, la arquitectura... Si Julio César, Leonardo y Miguel Angel resucitaran, les daría un ataque al corazón al ver a su caterva de descendientes. ¿Te fijas en a quién tienen de presidente? Berlusconi, tío. ¿Qué otro país, en vez de mandar a los sinvergüenzas a la cárcel los eligen presidente? Pero, bueno, no hace falta ser politólogo para saber la respuesta. Italia es un estado de 50 millones de impresentables con otro impresentable a la cabeza. Joder, tío, Italia es una puta república bananera en el corazón de Europa. Son un jodido cáncer. La mafia es un rasgo del italiano hecho organización, es una institución congénita al carácter nacional, y existirá mientras exista Italia, que va desde hace mucho tiempo cuesta abajo y sin frenos y un día, más cercano de lo que se imagina, se irá a tomar por el culo….Vale, vale, bien, sí, ahora son mis jefes, ok. Ahora, sólo transitoriamente, trabajo para ellos. Joder, sólo es un trabajo, de alguna manera me tengo que ganar las lentejas, ¿no? Vamos a ver, si trabajara en una fábrica, mi labor consistiría en hacer las tareas, mis funciones, las que contempla el contrato, pero no tendría que comulgar con el propietario de la fábrica de, pongamos por ejemplo, champú, comida para perros, yo que sé, condones, o lo que quiera coño que se produjera en la puñetera fábrica. No tendría que caerme bien el dueño, ni estar de acuerdo con sus ideas, y mucho menos, lavarme el pelo con el puto champú, dar de comer a mi perro, si lo tuviera, con su apestosas latas de comida y, joder, tampoco iba a follar con los jodidos condones, tío, que luego se rompen y te buscas un problema gordo, que por ahí hay circulando una montón de enfermedades venéreas. Pues, eso, que son un hatajo de inútiles, tramposos, gregarios, vividores, superficiales, caprichosos... Nunca trabajes para un italiano, tío. Antes es preferible poner el culo o vivir debajo de un puente o yo que sé. Podrás decir “Joder, este fulano está generalizando, no se puede decir eso de tanta gente por el hecho único de haber nacido en el mismo país”. Pues yo te diré que sí, tío, es de locos, pero es absolutamente cierto, son todos, repito todos, unos putos incompetentes comefideos sin posibilidad de enmienda ni redención alguna…
Entonces, el tipo se quedó callado y se hizo el silencio entre los cipreses.
-Oye…chico…¿se te ha comido la lengua el gato?- y sólo en ese momento se giró hacia mí. Joder, me llevé un susto mayúsculo. Al tipo le faltaba el ojo izquierdo. Alrededor de él, la cuenca ocular era una gran cicatriz circular que llegaba a alcanzar un par de centímetros de diámetro como una desagradable cascada de carne con el tono rosado y brillante de la sutura. En lugar del ojo, había uno de cristal, que no lograba mitigar el horror del órgano ausente que parecían haber arrancado de cuajo violentamente. En el ojo de cristal no había la clásica pupila acompañada de un iris de color azul o de otro color cualquiera, sino una imagen en colores que no conseguía distinguir, lo que aumentaba mi desconcierto.
-¿De qué ríes, chico? –oí decir a mi izquierda. –No creo que tengas muchos motivos para reírte- volvió a decir la misma voz, que localicé ahora a mi espalda, donde yacía inerme la nonna. La voz, que tenía un leve acento extranjero, sonaba tranquila y a la vez distraída, como la de quien habla mientras hace una tarea sencilla y rutinaria. Estaba tan agotado que no tenía fuerzas para girarme. –Oye, menos mal que la vieja está bien; se ha dado un buen leñazo, ha perdido un poco de sangre y todo eso, pero es más lo que parece que lo que es. Dormirá un buen puñado de horas y se despertará como nueva. La vieja es dura. Te has librado de una buena. Chico, estás jugando con fuego y te vas a terminar quemando- dijo la voz con el tono que emplearía una maestrilla de primaria cuando un mocoso ha llegado tarde del recreo.
¿Quién cojones era el fulano aquel? Parecía que estaba al tanto de todo. ¿Cuál era su papel en todo el asunto? ¿era un sicario de los espagueti? Su acento no era italiano ¿quizás actuaba por su cuenta? Me incomodan los jaleos en los que muchas partes en medio. Cuando hay que contar con pocos, siempre es posible negociar con las partes. Pero cuando empiezan a aparecer tipos actuando por cuenta propia intentando pescar en río revuelto, era muy fácil acabar con un tiro de alguno de ellos que se ha puesto nervioso y no tiene que rendir cuentas a ningún jefe. Y sobre todo ¿qué pasaría conmigo?¿sobraba?¿iba a acabar conmigo? El fulano quizás creía tener la situación bajo control y de momento yo no le preocupaba. Quizás era yo quién debía preocuparme. Pero me encontraba tan agotado…
Oí como la voz volvía de nuevo hacia donde yo estaba y vi unas botas. Parecían unas botas de vaquero de caña alta negras. Relucientes, tenían unos remaches plateados que brillaban como si tuvieran luz propia en aquel patio trasero de la capilla. Aproximé los ojos y vi mi cara reflejada en las punteras. Apenas me reconocí. La distorsión de la curvatura que hacían aquellas piezas metálicas me mostraba con una frente enorme y abombada y mi barbilla disminuía hasta desaparecer succionada por mis labios a medida que me acercaba casi hasta tocar las botas con la nariz.
-Joder, chico, ¿qué coño haces?¿te va el rollo homofetichista? ¿No me iba a besar las botas el muy mamón?-dijo aquella voz sin cara. Bueno, claro que encima de las botas había unas piernas y luego un cuerpo y encima una cabeza, pero para mí eran sólo unas botas parlantes que dieron un ligero salto hacia atrás. Entonces el dueño de la voz soltó una risotada que turbó la quietud de la noche.-Ja, ja, ja, ja.Pedazo de mamón, qué susto me has dado. ¿Estás cansado, eh? ¿Muchas emociones fuertes últimamente, eh?- mientras el tipo hablaba, yo no era capaz de ordenar a los músculos de mi cuello que levantaran mi cabeza para ver su jeta-Oye, debería aplaudirte, sí, señor. Le levantaste la tapa de los sesos a Liotti. Bueno, no puedo decir que eso me disgustara demasiado, seguramente de esa manera has mejorado la especie humana- río estruendosamente otra vez y el eco de la risa fue devuelto esta vez por las lápidas. Entonces las botas volvieron a acercarse y una de ellas se apoyó contra mi hombro y lo empujó haciendo una leve presión- hey, tranquilo, chico, no voy a sodomizarte ni nada. En todo caso, si hay por aquí un bujarra, eres tú, jajajaja. Sólo hazme un hueco, ¿vale? Yo también estoy…no sé si cansado es la palabra adecuada.
Entonces el dueño de aquellas botas vaqueras se agachó y se recostó contra la lápida a mi lado.-Joder, tío, hazte más allá, no me jodas, huevón-me dijo, y siguió hablando como si aquella situación fuera lo más normal del mundo, como dos colegas charlando en un bar con una cerveza en la mano- Pues sí, chico, Liotti era un chulo de mierda y que seguro le has hecho un favor al mundo quitando al impresentable ese de en medio, así se ha interrumpido la cadena de bastardillos que el payaso ese iba dejando por ahí…-yo oía su cháchara parlanchina desde la distancia a través de un filtro espeso y traslúcido, intentando a la vez enfocar mi extenuados ojos para poder verle la cara, que estaba de lado a menos de medio metro de la mía. Me fijé en su postura. Debía ser muy alto, porque, con las piernas encogidas y sentado como estaba, sus rodillas le llegaban casi a la altura del gaznate de una forma un poco ridícula. Además de aquel par de botas de cowboy vestido de domingo, también era negro el traje que llevaba, que parecía hecho a medida y de un tejido de calidad. Por último, el tipo completaba su indumentaria con una corbata también negra y una camisa inmaculadamente blanca. Ya conseguí enfocarle, o al menos la mitad derecha que mostraba su perfil. Mientras, continuaba hablando sin parar; no sabía yo si para mí, para si mismo o para los residentes del cementerio. Su cabello era del color de ala de cuervo a juego con el traje, con profundas entradas que anunciaban una calvicie incipiente. Tenía barba, pero no era una barba arreglada sino más bien parecía el resultado de la desidia de no afeitarse y así asemejaba que una colonia de hormigas negras había colonizado su rostro. Por contraste, la piel de éste era extremadamente pálida y también sus manos, que apoyaba en las rodillas, de dedos largos y algo torcidos. La única nota de color en su persona eran los ojos azules. Sin embargo, sus ojos –en realidad, su ojo derecho, que era el que yo veía, pues seguía sin volverse hacia mí- eran de un azul acuoso y desvaído, como si se hubieran desteñido con el tiempo, como un océano que se hubiese quedado sin vida, sin una pizca de hálito animado.
-Sí, chico-seguía parloteando, sin reparar en que yo no le replicaba, exhausto hasta el aliento- estos italianos son una panda de impresentables. Es increíble que fueran el pueblo más poderoso y culto en Occidente en la antigüedad, y luego arrancaran a Europa de la oscuridad de la Edad Media al florecer el Renacimiento y con él el arte, la arquitectura... Si Julio César, Leonardo y Miguel Angel resucitaran, les daría un ataque al corazón al ver a su caterva de descendientes. ¿Te fijas en a quién tienen de presidente? Berlusconi, tío. ¿Qué otro país, en vez de mandar a los sinvergüenzas a la cárcel los eligen presidente? Pero, bueno, no hace falta ser politólogo para saber la respuesta. Italia es un estado de 50 millones de impresentables con otro impresentable a la cabeza. Joder, tío, Italia es una puta república bananera en el corazón de Europa. Son un jodido cáncer. La mafia es un rasgo del italiano hecho organización, es una institución congénita al carácter nacional, y existirá mientras exista Italia, que va desde hace mucho tiempo cuesta abajo y sin frenos y un día, más cercano de lo que se imagina, se irá a tomar por el culo….Vale, vale, bien, sí, ahora son mis jefes, ok. Ahora, sólo transitoriamente, trabajo para ellos. Joder, sólo es un trabajo, de alguna manera me tengo que ganar las lentejas, ¿no? Vamos a ver, si trabajara en una fábrica, mi labor consistiría en hacer las tareas, mis funciones, las que contempla el contrato, pero no tendría que comulgar con el propietario de la fábrica de, pongamos por ejemplo, champú, comida para perros, yo que sé, condones, o lo que quiera coño que se produjera en la puñetera fábrica. No tendría que caerme bien el dueño, ni estar de acuerdo con sus ideas, y mucho menos, lavarme el pelo con el puto champú, dar de comer a mi perro, si lo tuviera, con su apestosas latas de comida y, joder, tampoco iba a follar con los jodidos condones, tío, que luego se rompen y te buscas un problema gordo, que por ahí hay circulando una montón de enfermedades venéreas. Pues, eso, que son un hatajo de inútiles, tramposos, gregarios, vividores, superficiales, caprichosos... Nunca trabajes para un italiano, tío. Antes es preferible poner el culo o vivir debajo de un puente o yo que sé. Podrás decir “Joder, este fulano está generalizando, no se puede decir eso de tanta gente por el hecho único de haber nacido en el mismo país”. Pues yo te diré que sí, tío, es de locos, pero es absolutamente cierto, son todos, repito todos, unos putos incompetentes comefideos sin posibilidad de enmienda ni redención alguna…
Entonces, el tipo se quedó callado y se hizo el silencio entre los cipreses.
-Oye…chico…¿se te ha comido la lengua el gato?- y sólo en ese momento se giró hacia mí. Joder, me llevé un susto mayúsculo. Al tipo le faltaba el ojo izquierdo. Alrededor de él, la cuenca ocular era una gran cicatriz circular que llegaba a alcanzar un par de centímetros de diámetro como una desagradable cascada de carne con el tono rosado y brillante de la sutura. En lugar del ojo, había uno de cristal, que no lograba mitigar el horror del órgano ausente que parecían haber arrancado de cuajo violentamente. En el ojo de cristal no había la clásica pupila acompañada de un iris de color azul o de otro color cualquiera, sino una imagen en colores que no conseguía distinguir, lo que aumentaba mi desconcierto.
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Declaración de intenciones
Este blog nace con la sana intención de dar salida a determinadas (quizás no tan sanas) inquietudes de su autor. Dichas inquietudes son principalmente literarias dada la afición del mencionado autor por escribir. Así, se publicarán microrrelatos y en algunos casos (seguramente los menos) narraciones más largas. Éstas últimas serán en ocasiones realizadas en colaboración, como se está haciendo en este momento con "Domingo" en grata compañía de la querida amiga de Tenerife Miriam.
Además también serán objeto de publicación otro tipo de textos atendiendo a los (veleidosos) intereses del susodicho (recalcitrante) bloguero, tales como artículos sobre Historia, Arte, pintura, fotografía, actividades culturales y comentarios varios.
Todo esto constituye el propósito inicial del blog en la actualidad. ¿Y el futuro? ni Dios sabe...
Por último, al autor le gustaría agradecer el eventual interés que pudiera o pudiese suscitar este blog y les invita a visitarlo cuantas veces quieran.
Un saludo
Teseo
Además también serán objeto de publicación otro tipo de textos atendiendo a los (veleidosos) intereses del susodicho (recalcitrante) bloguero, tales como artículos sobre Historia, Arte, pintura, fotografía, actividades culturales y comentarios varios.
Todo esto constituye el propósito inicial del blog en la actualidad. ¿Y el futuro? ni Dios sabe...
Por último, al autor le gustaría agradecer el eventual interés que pudiera o pudiese suscitar este blog y les invita a visitarlo cuantas veces quieran.
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