-Umpié…-los labios de Sebastián que repetían por segunda vez aquel nombre se quedaron mudos cuando el gigante embozado al otro lado del claro alzó despacio pero enérgicamente la mano derecha en una orden al silencio. Con la pose de un profeta del Antiguo Testamento, sus dedos índice y corazón quedaron unidos apuntado al cielo. El sombrero negro de ala ancha proyectaba una densa sombra sobre su rostro impidiendo totalmente atisbar su semblante. La noche calló. El viento dejó de silbar entre los árboles y alrededor de las pétreas esquinas del edificio de la capilla y los grillos enmudecieron al gesto de la inquietante figura.
-Chano, Chanito- el gigante empezó a hablar al tiempo que bajaba el brazo- siempre haciéndome perder el tiempo, dándome más trabajo del estrictamente necesario, mortificándome con mil y una tonterías…-su voz era recia y grave, con el mismo acento extranjero de Sebastián, y su tono era el de una fingida regañina en la que sin embargo se dejaba traslucir una irritación subterránea- y ahora molestando a ese señor…eso no está bien…no, no…claro que no puede ser ¿cierto, Hipólito?- preguntó, mientras su pequeño acompañante movió ligeramente la cabeza en sentido afirmativo.
Sebastián pareció perder toda su fuerza. Su cuerpo se encogió sobre sí mismo y se convirtió en un muñeco desgarbado. Sentí cómo dejó apoyar todo su peso contra la lápida a nuestras espaldas, como si repentinamente no fuera capaz de aguantarse por sí solo. Giró su cara hacia donde estaba yo. Tenía una mueca de infantil impotencia, la de un niño al que han castigado injustamente. La palidez de la cara se hizo más acentuada y su barba pareció más que nunca una invasión de hormigas hambrientas en busca del indefenso ojo sano. El ojo de cristal y la espantosa cicatriz que lo rodeaba le imprimían a su persona un aire de monstruo de barraca de feria que despierta más asco y lástima que miedo. Por alguna razón que yo desconocía, estaba aterrorizado.
Frente a nosotros los hombres continuaban de pie como los tótems de dos dioses malignos.
- ¿Dices que te han expulsado del lugar donde naciste?- volvió el gigante a tomar la palabra- Dí más bien que huiste como una mujerzuela. Cometiste una grave falta y huiste para eludir el consiguiente castigo. Con tu huida sólo has conseguido aplazar la ejecución de la justicia. Pero tu hora ha llegado y aquí está ya el vengador que reparará el equilibrio perdido borrando de la faz de la Tierra la sucia mancha de tu falta- en ese momento ambos hombres descubrieron simultáneamente sus cabezas y pudieron verse sus caras. Oí cómo Sebastián no pudo reprimir un impresionado murmullo ininteligible.
Umpiérrez, el gigante, adornaba sus más de dos metros de altura con un cabello pelirrojo ensortijado de apretados rizos. Su piel lechosa sumada a su enorme constitución le hacía parecer un formidable toro blanco con rabiosas crines del color del fuego. Por el contrario, su minúsculo compañero debía parecer raquitismo o alguna horrible deformación que le daba el aspecto de una rata repulsiva. Del tamaño de un niño que aún no ha llegado a la pubertad, su tez tenía un tono entre rojizo y marrón oscuro, con una textura escamosa que era evidente al reflejo de la luz. De su cabeza caían escasos mechones ralos de pelo largos y lacios. Unos pequeños dientes de roedor asomaban en una boca sin apenas labios.
-No vales nada. No vales ni una sola de las paletadas de tierra irlandesa que cubren las tumbas de mis antepasados- tronó, demoledor, el vozarrón de Umpiérrez-, ni la inútil paja que queda en la era después de la trilla, ni tan siquiera vales el fango de los charcos que tras la lluvia cubren los caminos en la aldea de mi familia, Inisfree. Ni los ciervos rojos de Connemara, ni los cardos de las marismas ni los colimbos que anidan en los lagos del norte oirán nunca llevadas por el viento palabras que deshonren mi origen irlandés. Así, desde los altos acantilados y las rocosas bahías de la península de Dingle que sobrevuelan los alcatraces de Little Skelling hasta las aguas que bajan límpidas y frías desde el naciente del Río Shannon, e incluso mas allá de las turberas y lagos de las tierras bajas del interior, nadie podrá acusar a este hijo de su estirpe de incumplir su sagrada obligación. Así, algún día, volveré con la cabeza alta a los prados de la verde Irlanda, a arar los campos y a apacentar el ganado, a habitar de nuevo la casa de mi familia en Inisfree, orgulloso de poder considerarme digno de llamarme hombre…Terminemos de una vez. Yo no soy como tú, descastado: hay alguien que me espera en casa.
Justo en ese momento el gigante mostró a la vista un cucharón plateado para helado, cuya asa apretó dos veces con una mano ciclópea y un zas zas rasgó amenazadoramente el aire. –Hipólito- dijo, dando una orden sobreentendida al enano, que sacó de algún lugar de su famélico pecho debajo de su abrigo una urna cilíndrica de cristal transparente. En ella, como un pez de colores, nadaba un ojo con una pupila de un azul eléctrico intenso con el nervio óptico por cola, que pareció dar una alegre voltereta en el líquido y se quedó mirándonos fijamente al tiempo que de la garganta del hombre a mi lado brotaba un ahogado aullido de reconocimiento.
domingo, 28 de septiembre de 2008
domingo, 21 de septiembre de 2008
Domingo. Episodio 30 (Teseo)
-Jajajajajaja- el tipo se río estrepitosamente con ganas- ¿te he asustado, eh? Jajajaja…sí, claro, es la primera vez que me ves este lado de la cara…-dijo, mientras volvía a girar el torso, mirando hacia delante y escondiendo otra vez a mi vista aquel ojo repugnante. Las carcajadas continuaron durante un par de minutos más, entrecortándose para volver a empezar, alternativamente subiendo y bajando el tono de una manera que me pareció algo enloquecida. Finalmente cesaron las risotadas con algunos amagos de continuar y todo quedó silencioso otra vez, tanto que incluso pude oír algunos grillos cantar en alguna parte.
-Por cierto, mi nombre es Sebastián Carlos Fernando-dijo bruscamente a la par que levantaba su mano de manera desenfadada y jovial y la extendía en dirección a mí sin girarse esta vez tampoco. Le ofrecí mi mano y me la estrechó. Intenté decirle mi nombre intentando vencer aquel agotamiento que me invadía, empecé a balbucearlo con mi lengua seca y pastosa, pero el tipo, que no parecía prestarme atención, abortó mi tentativa y reemprendió soliloquio.
-No soy americano, soy…hispano, como dicen ustedes. Soy español. ¿Conoces España? ¿toros?¿paella?¿flamenco-ole-ole? Ja ja ja ja…Para ser más exactos, provengo de una islas españolas frente a la costa africana, las Canarias: sol todo el año, buena vida, gente amable. Un lugar privilegiado, el puto paraíso sobre la tierra, tío- hizo una pausa- Por cierto, sólo por evitarnos problemas creo que te voy a guardar esto- y con un gesto levantó la mano de la rodilla, la acercó ágil a mi cintura y me quitó limpiamente el pistolón en un visto y no visto-Hasta este momento me había olvidado completamente del cacharro aquel- Qué hermosura- dijo con una mueca de admiración, sosteniendo el arma frente a su cara para echárselo al cinto con el mismo gesto veloz con el que me la había arrebatado- ya no se fabrican cosas así, todo está tan mecanizado…en fin…-y lanzó un melancólico suspiro apenas audible. Cogió aire y siguió diciendo- Si no voy desencaminado, creo que te la vendió mi tío, Mastro Pancho el Carpintero. No te portaste muy bien con él, chico malo- dijo agitando el dedo en actitud reprobatoria y con expresión divertida sin volverse- le rompiste la nariz y varios dientes y su cara gordinflona es un puro hematoma. El gordo fue un poco cabroncete, pero ¿era necesario? Chico, sin necesidad te has buscado otro enemigo más. Ten cuidado, la bola de grasa esa es rencorosa como el demonio- dijo, terminando la frase con una graciosa voz de falsete- descuida de mí, eso es cosa suya, yo no intervengo por chuminadas así. Yo soy un profesional, chico: cada perro que se lama su pijo. Si mi tío quiere vengarse cortándote los huevos, que se busque la vida. Además, en realidad- continuó-, no es mi tío carnal. Apenas tengo familia y la que tengo la perdí de vista hace mucho tiempo. El gordo tocahuevos ese es una especie de contacto. El tipo dice que es descendiente de canarios emigrados a Texas. A mí me parece que se tira el rollo, pero, y es lo que cuenta, conoce gente en Canarias que a su vez me conoce a mí y, cuando tuve que…-su voz dudó unos segundos intentando encontrar la palabra adecuada- marcharme…de allí, venir a Springfield fue una opción interesante. Ya había alguien que conociera a quien era útil conocer. Esto funciona así: sólo se trata de tíos que conocen otros tíos. Y no hay más.
Y prosiguió con aquel tono confidencial de barra de bar ¿Por qué coño me contaba todo esto?- Sí, soy canario. Hay que pertenecer a algún lugar, sea grande a pequeño, isla o península, sea un lugar frío o caluroso, tranquilo y bucólico o bullicioso y alegre, da igual, la cuestión es poder decir “yo soy de…”.No te hagas una idea equivocada de mí: no soy un sentimental. No tengo miedo a la soledad, nacemos solos y solos morimos, y la mayor parte de las veces la compañía no conlleva más que un listado de servidumbres sin más contrapartida que la presencia física cercana de alguien y poco más. Sí…no creo en el compromiso, ataduras, ¿para qué? Ja, el compromiso fue un invento de las mujeres para que el hombre le ayude a cuidar de los hijos. Es una trampa. Una puta jodida trampa. Hace años no pensaba lo mismo. Intenté…-el tipo hizo con los brazos lo que pareció un vehemente gesto de disculpa- vivir de la manera que suponía que debía hacerlo. Hablé con el jefe que tenía entonces, era una red de protección- arrastró las sílabas de la palabra “protección” mientras que con dos dedos de ambas manos dibujaba unas comillas en el aire- a pequeños comerciantes…le expliqué que quería dejarlo, que necesitaba reconducir mi vida…me consideraba un hijo para él y estaba muy satisfecho con mi trabajo y, sin embargo, me dejó marchar. Me dijo con lágrimas en los ojos “Sebastián Carlos Fernando, lo que Dios nos da Dios nos quita. Que tengas suerte en la vida”. Entonces un amigo me consiguió un empleo en el gobierno de canarias. Buenos horarios, trabajo de chupatintas sin complicaciones, un despacho bonito para mí solo con vistas al Océano Atlántico. El sueldo era bastante más bajo del que estaba acostumbrado a ganar, pero era algo con lo que comenzar una vida normal…comencé a salir en serio con una buena chica, hablábamos de casarnos, de compartir una hipoteca en una casa bonita en las afueras, de los hijos que tendríamos, de cómo los llamaríamos, de planes de futuro en suma…Sin embargo, semanas antes de la boda dí marcha atrás, le dije a había conocido a otra. Luego, sencillamente un día dejé de ir a la oficina y hablé con mi antiguo jefe, que me readmitió con los brazos abiertos…aquella vida no era para mí… demasiada gente me habría tenido cogido por los huevos… me habría convertido en un pringao…-dejó de hablar por unos momentos mientras su vista vagó por las copas más altas de los cipreses.
-No necesito nada de eso- retomó su discurso con decisión otra vez-; es absolutamente prescindible. Pero todos necesitamos un lugar al que regresar, una tierra donde puedan enterrar tus restos y tus cenizas no sean esparcidas en cualquier sitio al viento como el estúpido polvo del camino. Si a un hombre le quitas eso, lo conviertes en algo peor que un perro- Hizo una pausa, tras la cual cogió una bocanada de aire- Sí, esa es mi situación ahora. Desterrado. Me han echado del lugar donde nací. Cuando está en juego tu vida, no te queda más remedio- Guardó silencio unos instantes y continuó con un tono que pretendía ser trascendente- A lo largo de la vida se nos presentan multitud de alternativas a través de cuyas elecciones decidimos cómo queremos vivir y, en última instancia, algunas, a veces dramáticas, a veces imperceptibles, nos hacen ser como acabamos siendo. En contadas ocasiones tienes que elegir entre los principios que guían tu conciencia y lo que te conviene. En aquel momento no tuve opción, simplemente hice lo que tenía que hacer. Resultado: sentencia de muerte. Así que huí. No me arrepiento de mi decisión. Sin embargo, a veces dudo de si esto no será peor que estar muerto. Es como vivir en un limbo, donde nada es familiar y todo resulta ajeno. Poco a poco se ha instalado en mi interior un frío que no me abandona en ningún momento, un frío que no tiene que ver con la temperatura que marcan los termómetros. Es otra cosa…
-¡Umpiérrez!-gritó, de repente, ¿se había vuelto definitivamente loco?
De detrás del melancólico edificio de la capilla aparecieron dos figuras embozadas que se acercaron lentamente hasta pararse al borde del claro donde estábamos. Con largos abrigos y sombreros que ocultaban completamente las caras, uno de los hombres debía medir más de dos metros y era extremadamente corpulento, mientras el otro sorprendentemente apenas llegaba a la cintura del gigante que tenía a su lado. Aquella situación se había transformado en algo completamente surrealista. Me llevé la mano izquierda al dorso de la derecha, agarré toda la piel que pude y dí un fuerte pellizco. Me dolió. No, no estaba teniendo una pesadilla. Aquello estaba ocurriendo.
-Por fin me has encontrado…-dijo Sebastián Carlos Fernando, en voz baja, convertida en un murmullo sibilante.
-Por cierto, mi nombre es Sebastián Carlos Fernando-dijo bruscamente a la par que levantaba su mano de manera desenfadada y jovial y la extendía en dirección a mí sin girarse esta vez tampoco. Le ofrecí mi mano y me la estrechó. Intenté decirle mi nombre intentando vencer aquel agotamiento que me invadía, empecé a balbucearlo con mi lengua seca y pastosa, pero el tipo, que no parecía prestarme atención, abortó mi tentativa y reemprendió soliloquio.
-No soy americano, soy…hispano, como dicen ustedes. Soy español. ¿Conoces España? ¿toros?¿paella?¿flamenco-ole-ole? Ja ja ja ja…Para ser más exactos, provengo de una islas españolas frente a la costa africana, las Canarias: sol todo el año, buena vida, gente amable. Un lugar privilegiado, el puto paraíso sobre la tierra, tío- hizo una pausa- Por cierto, sólo por evitarnos problemas creo que te voy a guardar esto- y con un gesto levantó la mano de la rodilla, la acercó ágil a mi cintura y me quitó limpiamente el pistolón en un visto y no visto-Hasta este momento me había olvidado completamente del cacharro aquel- Qué hermosura- dijo con una mueca de admiración, sosteniendo el arma frente a su cara para echárselo al cinto con el mismo gesto veloz con el que me la había arrebatado- ya no se fabrican cosas así, todo está tan mecanizado…en fin…-y lanzó un melancólico suspiro apenas audible. Cogió aire y siguió diciendo- Si no voy desencaminado, creo que te la vendió mi tío, Mastro Pancho el Carpintero. No te portaste muy bien con él, chico malo- dijo agitando el dedo en actitud reprobatoria y con expresión divertida sin volverse- le rompiste la nariz y varios dientes y su cara gordinflona es un puro hematoma. El gordo fue un poco cabroncete, pero ¿era necesario? Chico, sin necesidad te has buscado otro enemigo más. Ten cuidado, la bola de grasa esa es rencorosa como el demonio- dijo, terminando la frase con una graciosa voz de falsete- descuida de mí, eso es cosa suya, yo no intervengo por chuminadas así. Yo soy un profesional, chico: cada perro que se lama su pijo. Si mi tío quiere vengarse cortándote los huevos, que se busque la vida. Además, en realidad- continuó-, no es mi tío carnal. Apenas tengo familia y la que tengo la perdí de vista hace mucho tiempo. El gordo tocahuevos ese es una especie de contacto. El tipo dice que es descendiente de canarios emigrados a Texas. A mí me parece que se tira el rollo, pero, y es lo que cuenta, conoce gente en Canarias que a su vez me conoce a mí y, cuando tuve que…-su voz dudó unos segundos intentando encontrar la palabra adecuada- marcharme…de allí, venir a Springfield fue una opción interesante. Ya había alguien que conociera a quien era útil conocer. Esto funciona así: sólo se trata de tíos que conocen otros tíos. Y no hay más.
Y prosiguió con aquel tono confidencial de barra de bar ¿Por qué coño me contaba todo esto?- Sí, soy canario. Hay que pertenecer a algún lugar, sea grande a pequeño, isla o península, sea un lugar frío o caluroso, tranquilo y bucólico o bullicioso y alegre, da igual, la cuestión es poder decir “yo soy de…”.No te hagas una idea equivocada de mí: no soy un sentimental. No tengo miedo a la soledad, nacemos solos y solos morimos, y la mayor parte de las veces la compañía no conlleva más que un listado de servidumbres sin más contrapartida que la presencia física cercana de alguien y poco más. Sí…no creo en el compromiso, ataduras, ¿para qué? Ja, el compromiso fue un invento de las mujeres para que el hombre le ayude a cuidar de los hijos. Es una trampa. Una puta jodida trampa. Hace años no pensaba lo mismo. Intenté…-el tipo hizo con los brazos lo que pareció un vehemente gesto de disculpa- vivir de la manera que suponía que debía hacerlo. Hablé con el jefe que tenía entonces, era una red de protección- arrastró las sílabas de la palabra “protección” mientras que con dos dedos de ambas manos dibujaba unas comillas en el aire- a pequeños comerciantes…le expliqué que quería dejarlo, que necesitaba reconducir mi vida…me consideraba un hijo para él y estaba muy satisfecho con mi trabajo y, sin embargo, me dejó marchar. Me dijo con lágrimas en los ojos “Sebastián Carlos Fernando, lo que Dios nos da Dios nos quita. Que tengas suerte en la vida”. Entonces un amigo me consiguió un empleo en el gobierno de canarias. Buenos horarios, trabajo de chupatintas sin complicaciones, un despacho bonito para mí solo con vistas al Océano Atlántico. El sueldo era bastante más bajo del que estaba acostumbrado a ganar, pero era algo con lo que comenzar una vida normal…comencé a salir en serio con una buena chica, hablábamos de casarnos, de compartir una hipoteca en una casa bonita en las afueras, de los hijos que tendríamos, de cómo los llamaríamos, de planes de futuro en suma…Sin embargo, semanas antes de la boda dí marcha atrás, le dije a había conocido a otra. Luego, sencillamente un día dejé de ir a la oficina y hablé con mi antiguo jefe, que me readmitió con los brazos abiertos…aquella vida no era para mí… demasiada gente me habría tenido cogido por los huevos… me habría convertido en un pringao…-dejó de hablar por unos momentos mientras su vista vagó por las copas más altas de los cipreses.
-No necesito nada de eso- retomó su discurso con decisión otra vez-; es absolutamente prescindible. Pero todos necesitamos un lugar al que regresar, una tierra donde puedan enterrar tus restos y tus cenizas no sean esparcidas en cualquier sitio al viento como el estúpido polvo del camino. Si a un hombre le quitas eso, lo conviertes en algo peor que un perro- Hizo una pausa, tras la cual cogió una bocanada de aire- Sí, esa es mi situación ahora. Desterrado. Me han echado del lugar donde nací. Cuando está en juego tu vida, no te queda más remedio- Guardó silencio unos instantes y continuó con un tono que pretendía ser trascendente- A lo largo de la vida se nos presentan multitud de alternativas a través de cuyas elecciones decidimos cómo queremos vivir y, en última instancia, algunas, a veces dramáticas, a veces imperceptibles, nos hacen ser como acabamos siendo. En contadas ocasiones tienes que elegir entre los principios que guían tu conciencia y lo que te conviene. En aquel momento no tuve opción, simplemente hice lo que tenía que hacer. Resultado: sentencia de muerte. Así que huí. No me arrepiento de mi decisión. Sin embargo, a veces dudo de si esto no será peor que estar muerto. Es como vivir en un limbo, donde nada es familiar y todo resulta ajeno. Poco a poco se ha instalado en mi interior un frío que no me abandona en ningún momento, un frío que no tiene que ver con la temperatura que marcan los termómetros. Es otra cosa…
-¡Umpiérrez!-gritó, de repente, ¿se había vuelto definitivamente loco?
De detrás del melancólico edificio de la capilla aparecieron dos figuras embozadas que se acercaron lentamente hasta pararse al borde del claro donde estábamos. Con largos abrigos y sombreros que ocultaban completamente las caras, uno de los hombres debía medir más de dos metros y era extremadamente corpulento, mientras el otro sorprendentemente apenas llegaba a la cintura del gigante que tenía a su lado. Aquella situación se había transformado en algo completamente surrealista. Me llevé la mano izquierda al dorso de la derecha, agarré toda la piel que pude y dí un fuerte pellizco. Me dolió. No, no estaba teniendo una pesadilla. Aquello estaba ocurriendo.
-Por fin me has encontrado…-dijo Sebastián Carlos Fernando, en voz baja, convertida en un murmullo sibilante.
sábado, 13 de septiembre de 2008
Domingo. Episodio 29 (Teseo)
De repente, todo el agotamiento del mundo se desplomó encima de mí. Más de treinta y seis horas de acá para allá y las emociones desbordadas y ahogadas en adrenalina de haberme visto obligado a matar a alguien por primera vez, súbitamente, tomaron cuerpo. Lo sentí como un mazazo. Mi visión se nubló unos instantes y temí perder el sentido. Atiné a apoyarme en la lápida más cercana y deje que mi cuerpo flácido como un pelele resbalara por la fría piedra hasta dar con el culo en el suelo húmedo del cementerio. No quería perder la consciencia, no era conveniente allí, expuesto, indefenso, vulnerable. Debía aguantar, un poco, sólo un poco más, sólo hasta llegar a un sitio seguro. Pero ¿había todavía un lugar seguro para mí? Vaya idea aterradora. Levanté la cara al fresco de la noche y miré el cielo y el negro de mi vista que se desvanecía transmutó en el negro profundo del cielo tachonado de los reflejos de las estrellas que me guiñaban el ojo. Sonreí. Sí, noté, casi como un gesto involuntario, reflejo, la mueca que hizo mi boca. Entonces, mi cabeza cayó lentamente sobre el pecho, arrastrada por su peso ahora insoportable.
-¿De qué ríes, chico? –oí decir a mi izquierda. –No creo que tengas muchos motivos para reírte- volvió a decir la misma voz, que localicé ahora a mi espalda, donde yacía inerme la nonna. La voz, que tenía un leve acento extranjero, sonaba tranquila y a la vez distraída, como la de quien habla mientras hace una tarea sencilla y rutinaria. Estaba tan agotado que no tenía fuerzas para girarme. –Oye, menos mal que la vieja está bien; se ha dado un buen leñazo, ha perdido un poco de sangre y todo eso, pero es más lo que parece que lo que es. Dormirá un buen puñado de horas y se despertará como nueva. La vieja es dura. Te has librado de una buena. Chico, estás jugando con fuego y te vas a terminar quemando- dijo la voz con el tono que emplearía una maestrilla de primaria cuando un mocoso ha llegado tarde del recreo.
¿Quién cojones era el fulano aquel? Parecía que estaba al tanto de todo. ¿Cuál era su papel en todo el asunto? ¿era un sicario de los espagueti? Su acento no era italiano ¿quizás actuaba por su cuenta? Me incomodan los jaleos en los que muchas partes en medio. Cuando hay que contar con pocos, siempre es posible negociar con las partes. Pero cuando empiezan a aparecer tipos actuando por cuenta propia intentando pescar en río revuelto, era muy fácil acabar con un tiro de alguno de ellos que se ha puesto nervioso y no tiene que rendir cuentas a ningún jefe. Y sobre todo ¿qué pasaría conmigo?¿sobraba?¿iba a acabar conmigo? El fulano quizás creía tener la situación bajo control y de momento yo no le preocupaba. Quizás era yo quién debía preocuparme. Pero me encontraba tan agotado…
Oí como la voz volvía de nuevo hacia donde yo estaba y vi unas botas. Parecían unas botas de vaquero de caña alta negras. Relucientes, tenían unos remaches plateados que brillaban como si tuvieran luz propia en aquel patio trasero de la capilla. Aproximé los ojos y vi mi cara reflejada en las punteras. Apenas me reconocí. La distorsión de la curvatura que hacían aquellas piezas metálicas me mostraba con una frente enorme y abombada y mi barbilla disminuía hasta desaparecer succionada por mis labios a medida que me acercaba casi hasta tocar las botas con la nariz.
-Joder, chico, ¿qué coño haces?¿te va el rollo homofetichista? ¿No me iba a besar las botas el muy mamón?-dijo aquella voz sin cara. Bueno, claro que encima de las botas había unas piernas y luego un cuerpo y encima una cabeza, pero para mí eran sólo unas botas parlantes que dieron un ligero salto hacia atrás. Entonces el dueño de la voz soltó una risotada que turbó la quietud de la noche.-Ja, ja, ja, ja.Pedazo de mamón, qué susto me has dado. ¿Estás cansado, eh? ¿Muchas emociones fuertes últimamente, eh?- mientras el tipo hablaba, yo no era capaz de ordenar a los músculos de mi cuello que levantaran mi cabeza para ver su jeta-Oye, debería aplaudirte, sí, señor. Le levantaste la tapa de los sesos a Liotti. Bueno, no puedo decir que eso me disgustara demasiado, seguramente de esa manera has mejorado la especie humana- río estruendosamente otra vez y el eco de la risa fue devuelto esta vez por las lápidas. Entonces las botas volvieron a acercarse y una de ellas se apoyó contra mi hombro y lo empujó haciendo una leve presión- hey, tranquilo, chico, no voy a sodomizarte ni nada. En todo caso, si hay por aquí un bujarra, eres tú, jajajaja. Sólo hazme un hueco, ¿vale? Yo también estoy…no sé si cansado es la palabra adecuada.
Entonces el dueño de aquellas botas vaqueras se agachó y se recostó contra la lápida a mi lado.-Joder, tío, hazte más allá, no me jodas, huevón-me dijo, y siguió hablando como si aquella situación fuera lo más normal del mundo, como dos colegas charlando en un bar con una cerveza en la mano- Pues sí, chico, Liotti era un chulo de mierda y que seguro le has hecho un favor al mundo quitando al impresentable ese de en medio, así se ha interrumpido la cadena de bastardillos que el payaso ese iba dejando por ahí…-yo oía su cháchara parlanchina desde la distancia a través de un filtro espeso y traslúcido, intentando a la vez enfocar mi extenuados ojos para poder verle la cara, que estaba de lado a menos de medio metro de la mía. Me fijé en su postura. Debía ser muy alto, porque, con las piernas encogidas y sentado como estaba, sus rodillas le llegaban casi a la altura del gaznate de una forma un poco ridícula. Además de aquel par de botas de cowboy vestido de domingo, también era negro el traje que llevaba, que parecía hecho a medida y de un tejido de calidad. Por último, el tipo completaba su indumentaria con una corbata también negra y una camisa inmaculadamente blanca. Ya conseguí enfocarle, o al menos la mitad derecha que mostraba su perfil. Mientras, continuaba hablando sin parar; no sabía yo si para mí, para si mismo o para los residentes del cementerio. Su cabello era del color de ala de cuervo a juego con el traje, con profundas entradas que anunciaban una calvicie incipiente. Tenía barba, pero no era una barba arreglada sino más bien parecía el resultado de la desidia de no afeitarse y así asemejaba que una colonia de hormigas negras había colonizado su rostro. Por contraste, la piel de éste era extremadamente pálida y también sus manos, que apoyaba en las rodillas, de dedos largos y algo torcidos. La única nota de color en su persona eran los ojos azules. Sin embargo, sus ojos –en realidad, su ojo derecho, que era el que yo veía, pues seguía sin volverse hacia mí- eran de un azul acuoso y desvaído, como si se hubieran desteñido con el tiempo, como un océano que se hubiese quedado sin vida, sin una pizca de hálito animado.
-Sí, chico-seguía parloteando, sin reparar en que yo no le replicaba, exhausto hasta el aliento- estos italianos son una panda de impresentables. Es increíble que fueran el pueblo más poderoso y culto en Occidente en la antigüedad, y luego arrancaran a Europa de la oscuridad de la Edad Media al florecer el Renacimiento y con él el arte, la arquitectura... Si Julio César, Leonardo y Miguel Angel resucitaran, les daría un ataque al corazón al ver a su caterva de descendientes. ¿Te fijas en a quién tienen de presidente? Berlusconi, tío. ¿Qué otro país, en vez de mandar a los sinvergüenzas a la cárcel los eligen presidente? Pero, bueno, no hace falta ser politólogo para saber la respuesta. Italia es un estado de 50 millones de impresentables con otro impresentable a la cabeza. Joder, tío, Italia es una puta república bananera en el corazón de Europa. Son un jodido cáncer. La mafia es un rasgo del italiano hecho organización, es una institución congénita al carácter nacional, y existirá mientras exista Italia, que va desde hace mucho tiempo cuesta abajo y sin frenos y un día, más cercano de lo que se imagina, se irá a tomar por el culo….Vale, vale, bien, sí, ahora son mis jefes, ok. Ahora, sólo transitoriamente, trabajo para ellos. Joder, sólo es un trabajo, de alguna manera me tengo que ganar las lentejas, ¿no? Vamos a ver, si trabajara en una fábrica, mi labor consistiría en hacer las tareas, mis funciones, las que contempla el contrato, pero no tendría que comulgar con el propietario de la fábrica de, pongamos por ejemplo, champú, comida para perros, yo que sé, condones, o lo que quiera coño que se produjera en la puñetera fábrica. No tendría que caerme bien el dueño, ni estar de acuerdo con sus ideas, y mucho menos, lavarme el pelo con el puto champú, dar de comer a mi perro, si lo tuviera, con su apestosas latas de comida y, joder, tampoco iba a follar con los jodidos condones, tío, que luego se rompen y te buscas un problema gordo, que por ahí hay circulando una montón de enfermedades venéreas. Pues, eso, que son un hatajo de inútiles, tramposos, gregarios, vividores, superficiales, caprichosos... Nunca trabajes para un italiano, tío. Antes es preferible poner el culo o vivir debajo de un puente o yo que sé. Podrás decir “Joder, este fulano está generalizando, no se puede decir eso de tanta gente por el hecho único de haber nacido en el mismo país”. Pues yo te diré que sí, tío, es de locos, pero es absolutamente cierto, son todos, repito todos, unos putos incompetentes comefideos sin posibilidad de enmienda ni redención alguna…
Entonces, el tipo se quedó callado y se hizo el silencio entre los cipreses.
-Oye…chico…¿se te ha comido la lengua el gato?- y sólo en ese momento se giró hacia mí. Joder, me llevé un susto mayúsculo. Al tipo le faltaba el ojo izquierdo. Alrededor de él, la cuenca ocular era una gran cicatriz circular que llegaba a alcanzar un par de centímetros de diámetro como una desagradable cascada de carne con el tono rosado y brillante de la sutura. En lugar del ojo, había uno de cristal, que no lograba mitigar el horror del órgano ausente que parecían haber arrancado de cuajo violentamente. En el ojo de cristal no había la clásica pupila acompañada de un iris de color azul o de otro color cualquiera, sino una imagen en colores que no conseguía distinguir, lo que aumentaba mi desconcierto.
-¿De qué ríes, chico? –oí decir a mi izquierda. –No creo que tengas muchos motivos para reírte- volvió a decir la misma voz, que localicé ahora a mi espalda, donde yacía inerme la nonna. La voz, que tenía un leve acento extranjero, sonaba tranquila y a la vez distraída, como la de quien habla mientras hace una tarea sencilla y rutinaria. Estaba tan agotado que no tenía fuerzas para girarme. –Oye, menos mal que la vieja está bien; se ha dado un buen leñazo, ha perdido un poco de sangre y todo eso, pero es más lo que parece que lo que es. Dormirá un buen puñado de horas y se despertará como nueva. La vieja es dura. Te has librado de una buena. Chico, estás jugando con fuego y te vas a terminar quemando- dijo la voz con el tono que emplearía una maestrilla de primaria cuando un mocoso ha llegado tarde del recreo.
¿Quién cojones era el fulano aquel? Parecía que estaba al tanto de todo. ¿Cuál era su papel en todo el asunto? ¿era un sicario de los espagueti? Su acento no era italiano ¿quizás actuaba por su cuenta? Me incomodan los jaleos en los que muchas partes en medio. Cuando hay que contar con pocos, siempre es posible negociar con las partes. Pero cuando empiezan a aparecer tipos actuando por cuenta propia intentando pescar en río revuelto, era muy fácil acabar con un tiro de alguno de ellos que se ha puesto nervioso y no tiene que rendir cuentas a ningún jefe. Y sobre todo ¿qué pasaría conmigo?¿sobraba?¿iba a acabar conmigo? El fulano quizás creía tener la situación bajo control y de momento yo no le preocupaba. Quizás era yo quién debía preocuparme. Pero me encontraba tan agotado…
Oí como la voz volvía de nuevo hacia donde yo estaba y vi unas botas. Parecían unas botas de vaquero de caña alta negras. Relucientes, tenían unos remaches plateados que brillaban como si tuvieran luz propia en aquel patio trasero de la capilla. Aproximé los ojos y vi mi cara reflejada en las punteras. Apenas me reconocí. La distorsión de la curvatura que hacían aquellas piezas metálicas me mostraba con una frente enorme y abombada y mi barbilla disminuía hasta desaparecer succionada por mis labios a medida que me acercaba casi hasta tocar las botas con la nariz.
-Joder, chico, ¿qué coño haces?¿te va el rollo homofetichista? ¿No me iba a besar las botas el muy mamón?-dijo aquella voz sin cara. Bueno, claro que encima de las botas había unas piernas y luego un cuerpo y encima una cabeza, pero para mí eran sólo unas botas parlantes que dieron un ligero salto hacia atrás. Entonces el dueño de la voz soltó una risotada que turbó la quietud de la noche.-Ja, ja, ja, ja.Pedazo de mamón, qué susto me has dado. ¿Estás cansado, eh? ¿Muchas emociones fuertes últimamente, eh?- mientras el tipo hablaba, yo no era capaz de ordenar a los músculos de mi cuello que levantaran mi cabeza para ver su jeta-Oye, debería aplaudirte, sí, señor. Le levantaste la tapa de los sesos a Liotti. Bueno, no puedo decir que eso me disgustara demasiado, seguramente de esa manera has mejorado la especie humana- río estruendosamente otra vez y el eco de la risa fue devuelto esta vez por las lápidas. Entonces las botas volvieron a acercarse y una de ellas se apoyó contra mi hombro y lo empujó haciendo una leve presión- hey, tranquilo, chico, no voy a sodomizarte ni nada. En todo caso, si hay por aquí un bujarra, eres tú, jajajaja. Sólo hazme un hueco, ¿vale? Yo también estoy…no sé si cansado es la palabra adecuada.
Entonces el dueño de aquellas botas vaqueras se agachó y se recostó contra la lápida a mi lado.-Joder, tío, hazte más allá, no me jodas, huevón-me dijo, y siguió hablando como si aquella situación fuera lo más normal del mundo, como dos colegas charlando en un bar con una cerveza en la mano- Pues sí, chico, Liotti era un chulo de mierda y que seguro le has hecho un favor al mundo quitando al impresentable ese de en medio, así se ha interrumpido la cadena de bastardillos que el payaso ese iba dejando por ahí…-yo oía su cháchara parlanchina desde la distancia a través de un filtro espeso y traslúcido, intentando a la vez enfocar mi extenuados ojos para poder verle la cara, que estaba de lado a menos de medio metro de la mía. Me fijé en su postura. Debía ser muy alto, porque, con las piernas encogidas y sentado como estaba, sus rodillas le llegaban casi a la altura del gaznate de una forma un poco ridícula. Además de aquel par de botas de cowboy vestido de domingo, también era negro el traje que llevaba, que parecía hecho a medida y de un tejido de calidad. Por último, el tipo completaba su indumentaria con una corbata también negra y una camisa inmaculadamente blanca. Ya conseguí enfocarle, o al menos la mitad derecha que mostraba su perfil. Mientras, continuaba hablando sin parar; no sabía yo si para mí, para si mismo o para los residentes del cementerio. Su cabello era del color de ala de cuervo a juego con el traje, con profundas entradas que anunciaban una calvicie incipiente. Tenía barba, pero no era una barba arreglada sino más bien parecía el resultado de la desidia de no afeitarse y así asemejaba que una colonia de hormigas negras había colonizado su rostro. Por contraste, la piel de éste era extremadamente pálida y también sus manos, que apoyaba en las rodillas, de dedos largos y algo torcidos. La única nota de color en su persona eran los ojos azules. Sin embargo, sus ojos –en realidad, su ojo derecho, que era el que yo veía, pues seguía sin volverse hacia mí- eran de un azul acuoso y desvaído, como si se hubieran desteñido con el tiempo, como un océano que se hubiese quedado sin vida, sin una pizca de hálito animado.
-Sí, chico-seguía parloteando, sin reparar en que yo no le replicaba, exhausto hasta el aliento- estos italianos son una panda de impresentables. Es increíble que fueran el pueblo más poderoso y culto en Occidente en la antigüedad, y luego arrancaran a Europa de la oscuridad de la Edad Media al florecer el Renacimiento y con él el arte, la arquitectura... Si Julio César, Leonardo y Miguel Angel resucitaran, les daría un ataque al corazón al ver a su caterva de descendientes. ¿Te fijas en a quién tienen de presidente? Berlusconi, tío. ¿Qué otro país, en vez de mandar a los sinvergüenzas a la cárcel los eligen presidente? Pero, bueno, no hace falta ser politólogo para saber la respuesta. Italia es un estado de 50 millones de impresentables con otro impresentable a la cabeza. Joder, tío, Italia es una puta república bananera en el corazón de Europa. Son un jodido cáncer. La mafia es un rasgo del italiano hecho organización, es una institución congénita al carácter nacional, y existirá mientras exista Italia, que va desde hace mucho tiempo cuesta abajo y sin frenos y un día, más cercano de lo que se imagina, se irá a tomar por el culo….Vale, vale, bien, sí, ahora son mis jefes, ok. Ahora, sólo transitoriamente, trabajo para ellos. Joder, sólo es un trabajo, de alguna manera me tengo que ganar las lentejas, ¿no? Vamos a ver, si trabajara en una fábrica, mi labor consistiría en hacer las tareas, mis funciones, las que contempla el contrato, pero no tendría que comulgar con el propietario de la fábrica de, pongamos por ejemplo, champú, comida para perros, yo que sé, condones, o lo que quiera coño que se produjera en la puñetera fábrica. No tendría que caerme bien el dueño, ni estar de acuerdo con sus ideas, y mucho menos, lavarme el pelo con el puto champú, dar de comer a mi perro, si lo tuviera, con su apestosas latas de comida y, joder, tampoco iba a follar con los jodidos condones, tío, que luego se rompen y te buscas un problema gordo, que por ahí hay circulando una montón de enfermedades venéreas. Pues, eso, que son un hatajo de inútiles, tramposos, gregarios, vividores, superficiales, caprichosos... Nunca trabajes para un italiano, tío. Antes es preferible poner el culo o vivir debajo de un puente o yo que sé. Podrás decir “Joder, este fulano está generalizando, no se puede decir eso de tanta gente por el hecho único de haber nacido en el mismo país”. Pues yo te diré que sí, tío, es de locos, pero es absolutamente cierto, son todos, repito todos, unos putos incompetentes comefideos sin posibilidad de enmienda ni redención alguna…
Entonces, el tipo se quedó callado y se hizo el silencio entre los cipreses.
-Oye…chico…¿se te ha comido la lengua el gato?- y sólo en ese momento se giró hacia mí. Joder, me llevé un susto mayúsculo. Al tipo le faltaba el ojo izquierdo. Alrededor de él, la cuenca ocular era una gran cicatriz circular que llegaba a alcanzar un par de centímetros de diámetro como una desagradable cascada de carne con el tono rosado y brillante de la sutura. En lugar del ojo, había uno de cristal, que no lograba mitigar el horror del órgano ausente que parecían haber arrancado de cuajo violentamente. En el ojo de cristal no había la clásica pupila acompañada de un iris de color azul o de otro color cualquiera, sino una imagen en colores que no conseguía distinguir, lo que aumentaba mi desconcierto.
jueves, 28 de agosto de 2008
Domingo Episodio 28 (Miriam)
Le pegue una patada a la puerta del dormitorio lleno de rabia. La pateé tan fuere que se salió de las bisagras. Habian estado a punto de matarme y Apu y la "nonna" seguian retozando como un par de conejos, pasando de mi y de las balas. ¡Eran un par de desviados!Me acerqué a la cama y agarré a Apu por los pelos, tirandol al suelo y apartándolo de la"nonna" que gimió con decepción al verse privada de esa manera de las atenciones de Apu.Abofeteé a Apu si contenerme, le pegué muy fuerte, muerto de la rabia como estaba. Por poco acaban conmigo y él ¿que habia hecho por mi? En vez de echarme una mano mostrando a la nonna como rehén ante los sicarios o peleando con ellos para yudarme, habia preferido que yo me las entendiera con todo y que me jugase la vida mientras se cepillaba a una octogenaria.- ´¡Cabrón! ¡Grandísimo hijo de puta! - le grité - casi me matan y no has hecho nada de nada. Ahora me ocupo yo de este asunto. Estás fuera del juego. - Le pegué otro bofetón más - Me llevo a la nonna y tu te quedas aqui. Me dirá donde está Silvia, en cuanto a Karen, has tenido tiempo mas que de sobras para preguntarle, si lo has perdido follándotela, no es asunto mío. Le golpeé de nuevo igual de fuerte. A Apu empezó a sangrarle la boca, y en una centesima de segundo cruzó por mi mente el pensamiento de si me estaba pasando con él y si estaba siendo yo tambien un matón como los que acababa de cargarme.Rechacé esos pensamientos, anulandolos con la rabia que sentía y me di la vuelta hacia la nonna. Ella intentó defenderse de mi, gritándome ordinarieces en italiano y tratando de golpearme con sus enclenques manos.- ¡Pare ya si no quiere más de lo mismo! - le grité. Recogí unas bragas de encaje azul que habia en el suelo, que evidentemente eran de ella, y se las tiré para que se las pusiera. Luego recogí de una silla el traje de dos piezas de color negro que estaba doblado pulcramente sobre el brazo de un pequeño sillón en una esquina del cuarto y se los lancé también.- ¡Rapido! ¡Vístase ya!- ¿Qué vas a hacer? - dijo Apu tratando de incorporarse del suelo.Lo volvi a empujar al suelo mirándolo amenazadoramente para que no se moviese de allí.- Eso es cosa mía. - No dirás en serio eso de que ya no cuentas conmio ¿y Karen?. Tengo que encontrarla. Puede estar en peligro.No le contesté, no iba a gastar más saliva con él. La "nonna" estaba haciendo el tiempo vistiéndose, mientras le lanzaba miradas cargadas de reproche a Apu. Supongo que por la conversación, por mal que entendiese el castellano, había reparado que su fogoso amante habia tratado de utilizarla.La agarré de un brazo y la obligué a vestirse rápido, abrochandole la ropa, entre más protestas y vituperios en italianoMe la llevé escaleras abajo mientras Apu se levantaba y me perseguía desnudo por el pasillo y las escaleras hasta la entrada de la puerta gritándome que no lo dejara all, que tenia que encontrar Karen.A lo lejos se oían sirenas de policia. El ruído de los disparos debía de haber alertado a algun vecino que habría llamado a la bofia. Llevé a la nonna hasta mi coche y la metí en el asiento del copiloto, no sin antes amenazarla para que se estuviese quieta y no hiciese tonterias. La mujer estaba pálida, pero se mantenia muy digna, como corresponde a un lider de la mafia. Ahora ya no tenia lo mismos aires que cuando la vi en el aeropuerto con todos sus matones dispuestos a protegerla. Eso estaba bien, muy bien. La haría hablar y me diría en que madriguera se encontraba esa comadreja de Silvia.Arranqué el coche y me fui de allí discretamente, para luego, tres manzanas mas abajo, comenzar a apurar mas y salir de Springifield hacia un lugar donde pudiera hablar de negocio con la nonna sin que nadie nos molestase. Solo se me ocurria un sitio que reuniese a esas horas las condiciones de privacidad y tranquilidad que necesitabamos. Era un buen sitio para tratar este aunto, , el mas tranquilo del mundo, el Cementerio de Springfield. Estaba a unos seis kilometros a las afueras de la ciudad, sobre una loma (¿será para que los muertos tengan mejores vistas? No sé, pero siempre he creido que ese hubiera sido un buen lugar para hacer una urbanización de lujo)Al llegar me lleve una decepcion, pues parecía que el cementerio no estaba tan vacío como yo había creído. Un coche muy viejo, de color rojo, se encontraba aparcado en la entrada del cementerio, sin duda una pareja de adoescentes dandose un lote, pero el coche no parecía moverse demasiado.Nos bajamos del coche y comprobé que el vehiculo se encontraba vacio. Bueno, por lo viejo que era el coche, seguro que estaba alli abandonado. Solamente un pequeño farol que se mecía con el viento iluminaba la entrada al cementerio. Abri la reja y obligué a la "nonna" a entrar. Ella temblaba muerta de miedo. Hay que ver, le daba miedo el cementerio, pero no fabricar "mercancía" con que llenarlo ¡paradojas de la vida!.
Nada mas abrir la verja, se encontraba una pequeña capilla para los oficios, y detrás de la misma un bosque de bloques de nichos todavía no "habitados" en su totalidad que franqueaban la entrada hacia el cementerio viejo, con sus tumbas en la tierra, aunque tampoco era necesario adentrarse tanto para hablar de negocios. Nos quedariamos en la parte trasera de la capilla para que nadie nos viese, en el improbable caso de que a alguien se le ocurriese visitar el cementerio esas horas.La "nonna"seguía temblando, mirando espantada a su alrededor.Detrás de la capilla apenas llegaba un tenue resplandor del farol de la entrada y las sombras que provocaba todavia eran mas fantasmagoricas que la completa oscuridad.La nonna empezó a sollozar pidiendome que nos fueramos de alli porque tenia mucho miedo.Desde luego que no ibamos a marcharnos. Además si tenia tantas ganas de largarse de alli, sin duda "cantaría" antes.Iba a empezar con mi interrogatorio cuando un destello entre los nichos, captó mi atención. Pensé al principio que era cosa mia, pero luego oí un murmullo muy lejano.- Aquí hay alguien mas -le dije a la nonna - voy a comprobarlo. Pero usted se viene conmigo, no pienso dejar que se me escape.Entre protestas, que acallé poniendo una mano en su boca, la arrastré entre los nichos hasta llegar al cementerio antiguo.En mitad del camposanto, entre las viejas tumbas amontonadas, unas cuatro personas se reunían en torno a una tumba, iluminada por cuatro velas situadas sobre la lápida. Hablaban, o rezaban, no lo sé bien. Parecía un ritual, o acaso, una sesion de ouija.Me fui acercando entre las tumbas arrastrando a la nonna conmigo. Quería ver que estaban haciendo. Eran cuatro adolescentes de unos diecisiete años. Estaban muy concentrados, con las manos cogidas y formando un círculo. Uno de ellos, el "medium", intentaba conectar con el mas allá, llamando a algún alma que estuviese de paseo por aquellos lares a aquellas horas.Fui un tonto.Imbécil.Idiota. Tan absorto estaba en lo que hacían los cuatro chicos, que no me centré en lo que tenia que haberme centrado, esto es, vigilar a la nonna.Ésta, viendo que yo habia bajado la guardia, se zafó de mi mano, y se levantó de detrás de la tumba donde nos encontrabamos espiando, gritando en italiajno como una loca.Los chicos al oír los gritos, y supongo que al ver a la octogenaria nonna surgiendo de detrás de una tumba con aquel traje negro y la cara desencajada por el miedo y todos los acontecimientos de la noche, gritaron llenos de espanto pensando quizás que estaban viendo una aparicion que ellos mimos habían llamado. Echaron a correr hacia la salida mientras la nona intentaba interceptarlos para que la sacasen de allí y la llevasen de vuelta a Spingfield, como entendí por los gritos que seguía dando en italiano. Era tal su prisa por seguir a los chicos y deshacerse de mi, que tropezó con una de las lápidas y cayó de bruces sobre la que estaba a continuación, golpeandose la cabeza y quedando totalmente desvanecida sobre la tumba.Cuando llegué hasta ella, note en mis manos la sangre manando profusamente de una herida que se había abierto en la frente. Apreté mi mano contra la herida para intentar que cesase de manar la sangre, mientras que con la otra le daba palmaditas en la cara para despertarla. Pero no lo conseguía... empecé a preocuparme, a lo mejor se habia quedado en coma, teniendo en cuenta el golpe que se habia dado y los años que tenia.¡Habia sido un idiota! ¿Qué hacer ahora?.
Nada mas abrir la verja, se encontraba una pequeña capilla para los oficios, y detrás de la misma un bosque de bloques de nichos todavía no "habitados" en su totalidad que franqueaban la entrada hacia el cementerio viejo, con sus tumbas en la tierra, aunque tampoco era necesario adentrarse tanto para hablar de negocios. Nos quedariamos en la parte trasera de la capilla para que nadie nos viese, en el improbable caso de que a alguien se le ocurriese visitar el cementerio esas horas.La "nonna"seguía temblando, mirando espantada a su alrededor.Detrás de la capilla apenas llegaba un tenue resplandor del farol de la entrada y las sombras que provocaba todavia eran mas fantasmagoricas que la completa oscuridad.La nonna empezó a sollozar pidiendome que nos fueramos de alli porque tenia mucho miedo.Desde luego que no ibamos a marcharnos. Además si tenia tantas ganas de largarse de alli, sin duda "cantaría" antes.Iba a empezar con mi interrogatorio cuando un destello entre los nichos, captó mi atención. Pensé al principio que era cosa mia, pero luego oí un murmullo muy lejano.- Aquí hay alguien mas -le dije a la nonna - voy a comprobarlo. Pero usted se viene conmigo, no pienso dejar que se me escape.Entre protestas, que acallé poniendo una mano en su boca, la arrastré entre los nichos hasta llegar al cementerio antiguo.En mitad del camposanto, entre las viejas tumbas amontonadas, unas cuatro personas se reunían en torno a una tumba, iluminada por cuatro velas situadas sobre la lápida. Hablaban, o rezaban, no lo sé bien. Parecía un ritual, o acaso, una sesion de ouija.Me fui acercando entre las tumbas arrastrando a la nonna conmigo. Quería ver que estaban haciendo. Eran cuatro adolescentes de unos diecisiete años. Estaban muy concentrados, con las manos cogidas y formando un círculo. Uno de ellos, el "medium", intentaba conectar con el mas allá, llamando a algún alma que estuviese de paseo por aquellos lares a aquellas horas.Fui un tonto.Imbécil.Idiota. Tan absorto estaba en lo que hacían los cuatro chicos, que no me centré en lo que tenia que haberme centrado, esto es, vigilar a la nonna.Ésta, viendo que yo habia bajado la guardia, se zafó de mi mano, y se levantó de detrás de la tumba donde nos encontrabamos espiando, gritando en italiajno como una loca.Los chicos al oír los gritos, y supongo que al ver a la octogenaria nonna surgiendo de detrás de una tumba con aquel traje negro y la cara desencajada por el miedo y todos los acontecimientos de la noche, gritaron llenos de espanto pensando quizás que estaban viendo una aparicion que ellos mimos habían llamado. Echaron a correr hacia la salida mientras la nona intentaba interceptarlos para que la sacasen de allí y la llevasen de vuelta a Spingfield, como entendí por los gritos que seguía dando en italiano. Era tal su prisa por seguir a los chicos y deshacerse de mi, que tropezó con una de las lápidas y cayó de bruces sobre la que estaba a continuación, golpeandose la cabeza y quedando totalmente desvanecida sobre la tumba.Cuando llegué hasta ella, note en mis manos la sangre manando profusamente de una herida que se había abierto en la frente. Apreté mi mano contra la herida para intentar que cesase de manar la sangre, mientras que con la otra le daba palmaditas en la cara para despertarla. Pero no lo conseguía... empecé a preocuparme, a lo mejor se habia quedado en coma, teniendo en cuenta el golpe que se habia dado y los años que tenia.¡Habia sido un idiota! ¿Qué hacer ahora?.
viernes, 18 de julio de 2008
Domingo Episodio 27 (Teseo)
_Apu- le dije con la cara más seria que pude poner-, te darás cuenta de que por esa puerta aparecerán en cualquier momento cuatro matones que nos freirán a tiros.
-Pero, es que estamos enganchados, ya te lo he dicho- respondió con toda la seguridad del mundo.
- Oye, chico, a mi me da que lo que te faltaba era echar un polvo, pero ya vale, ¿ok? Deja de porculearme, saca eso de donde lo tienes metido porque así tenemos todos los boletos pa’l cementerio.
- E-s-t-a-m-o-s-e-n-g-a-n-ch-a-d -o-s, ¿ok? –dijo otra vez con una impertinencia que nunca le había visto.
Definitivamente, el polvo le había servido de catarsis y el Apu-perrito-perdido-busca-dueñ o-que-lo-cuide era cosa del pasado. Me alegro por él (sinceramente, no es coña, de verdad), se había ahorrado un montón de pasta en psicólogos que iban a hurgar hasta en sus recuerdos de pañales cagados. Pero, este Apu no nos convenía en este momento y no me dejaba más remedio que cortar por lo sano…
-Bueno, chico, tendremos que recurrir a la cirugía entonces- dije metiendo la boca del pistolón entre los dos cuerpos- despídete de tu pito…uno…dos…y…
Su cara se desencajó completamente y su tono de piel, habitualmente olivácea, se volvió del blanco del papel. Pero, antes de que contara tres, la nonna quedó liberada y cayó hacia atrás dando un golpe seco en el suelo y quedo a la vista el miembro recalcitrante, que de repente había encogido del susto.
-ja ja ja, lo sabía, si es que no falla, jajaja- mis risotadas hicieron que se me saltaran las lágrimas mientras Apu pasaba del susto al cabreo, lo que aumentaba la gracia de todo el asunto.
-¡eres un capullo! ¡cabrón!
-hey, chico, sin faltar…
De repente, y con recién adquirida personalidad, en pelota picada como estaba, el figura se me echó encima con cara de pocos amigos y me agarró por el cuello de la camisa y yo, ni corto ni perezoso (no estaba el horno para bollos) le planté el pistolón en tos los morros.
-hey, chico, suéltame, deberíamos ocuparnos de otras cosas, entre ellas de tu Julieta, que me da que se ha roto algo al caer.
Esta broma no le hizo ni puta la gracia al figura y me continuó jalando con una mano del cuello de mi camisa mientras la otra hizo del lento ademán de retrasarla a la vez que cerraba su puño. Al mismo tiempo, yo apreté aún más el pistolón contra su cara obligándole a girarla hacia un lado y hacia arriba pero sin que el figura aflojara un punto.Así estaba la cosa cuando oí voces en el pasillo: los espagueti nos habían localizado.
Rápidamente con un juego de brazos me saqué a Apu de encima y en dos zancadas estaba en el pasillo. Los cuatro espagueti acababan de bajar de la escalera a unos diez metros de mí y en cuanto me vieron elevaron sus revólveres y avanzaron con decisión empezando a disparar. Yo, me planté en medio del pasillo y apuntando al bulto comencé a darle al gatillo.
Dicen que cuando vas a morir toda tu vida pasa a cámara lenta por delante de tus ojos. Debió ser lo que ocurrió entonces. Bueno, no era como una película, eran como flashes que acompañaban los estampidos de las armas. Fue algo muy muy lento, eterno casi. Aquello no duraría más que unos segundos para un observador exterior pero el tiempo se congeló para mí entonces, Nunca me había pasado algo parecido.
El pistolero que tenía justo enfrente de mí arrugaba el ceño con la intención de fijar su puntería. Con ese gesto y su pelo muy moreno y una barba arreglada me recordó instantáneamente a mi viejo un día de pesca mucho tiempo atrás. Estaba concentrado intentando meter el sedal en un anzuelo demasiado pequeño y llevaba rato con aquello. El río era apenas un riachuelo en aquella zona y aquella época del año, pero por el contrario el sol lucía espléndido a media tarde y convertía el agua en oro que se deslizaba corriente abajo mansamente. Habíamos pasado un día estupendo el viejo y yo. Apenas cogimos unos peces y no eran demasiado grandes, pero estuvo bien. Por fin, consiguió enhebrar el sedal, levantó su cara, me miró y lentamente abrió su cara en una gran sonrisa. Sentí un mordisco de fuego en algún sitio de mi brazo que provino de mi izquierda mientras las balas silbaban a mi alrededor.
En este momento eterno me acordé de la vista de una playa, una diminuta cala de guijarros bañada por la espuma blanca de unas olitas. Yo veía la escena desde arriba, apoyado en una barandilla de madera. Creo que nos habían prestado una casita junto al mar en el pueblo natal de mis padres. Desde la verja de entrada había unos cien metros hasta el edificio y a lo largo de esa distancia se encontraban jaulas con animales, vacas, cabras, algunos perros, incluso recuerdo un mono. Otra bala, ardiente y explosiva, me mordió en un muslo.
Lo pistoleros estaban a unos cinco metros de mí. No paraban de disparar. Yo tampoco, erguido y quieto. Ahora me vino a la mente un pecho, un pecho blanco, con un pezón rosado. La chica tendría unos veinte años, los mismos que yo. Se había desabrochado una blusa de encaje con filigranas y a través del hueco yo colaba mi mano ávida. Y sobre mi mano caía su pelo lacio y castaño claro que rodeaba su sonrisa y su carita pecosa. Una cara que se torció con la mueca de una boca cruel tiempo más tarde, que dijo adiós burlonamente y dio la vuelta y se marchó definitivamente. Su silueta alejándose fue lo último que ví cuando un fogonazo estalló en mi cara.
Se acabó, pensé. Te han herido de muerte. Sin embargo, no tuve miedo. Me sentí orgulloso por ello. Después, me pareció un orgullo infantil y estúpido que me hizo avergonzarme. Y después…¿y después? Y después, nada.
Abrí los ojos. El techo blanco sucio. Trabajosamente me incorporé y me senté apoyado contra la pared. Balance de daños: una bala me había llevado por delante el dedo meñique de la mano izquierda, otra herida superficial en un muslo y una tercera me había hecho una marca en una mejilla desde el pómulo hasta la oreja, que casi se partió en dos. Sin embargo, no me dolía. Me puse en pie. A mi alrededor estaban los cuatro espaguetis. Todos muertos. Unos boca arriba, otros boca abajo, daban un aspecto dramático a la escena. Tuve mucha suerte. No debía haber sobrevivido, pero allí estaba. Me acerqué a la puerta del dormitorio donde debían estar Apu y la nonna: sólo se oía el frenético ñiki-ñiki de los muelles de la cama.
-Pero, es que estamos enganchados, ya te lo he dicho- respondió con toda la seguridad del mundo.
- Oye, chico, a mi me da que lo que te faltaba era echar un polvo, pero ya vale, ¿ok? Deja de porculearme, saca eso de donde lo tienes metido porque así tenemos todos los boletos pa’l cementerio.
- E-s-t-a-m-o-s-e-n-g-a-n-ch-a-d -o-s, ¿ok? –dijo otra vez con una impertinencia que nunca le había visto.
Definitivamente, el polvo le había servido de catarsis y el Apu-perrito-perdido-busca-dueñ o-que-lo-cuide era cosa del pasado. Me alegro por él (sinceramente, no es coña, de verdad), se había ahorrado un montón de pasta en psicólogos que iban a hurgar hasta en sus recuerdos de pañales cagados. Pero, este Apu no nos convenía en este momento y no me dejaba más remedio que cortar por lo sano…
-Bueno, chico, tendremos que recurrir a la cirugía entonces- dije metiendo la boca del pistolón entre los dos cuerpos- despídete de tu pito…uno…dos…y…
Su cara se desencajó completamente y su tono de piel, habitualmente olivácea, se volvió del blanco del papel. Pero, antes de que contara tres, la nonna quedó liberada y cayó hacia atrás dando un golpe seco en el suelo y quedo a la vista el miembro recalcitrante, que de repente había encogido del susto.
-ja ja ja, lo sabía, si es que no falla, jajaja- mis risotadas hicieron que se me saltaran las lágrimas mientras Apu pasaba del susto al cabreo, lo que aumentaba la gracia de todo el asunto.
-¡eres un capullo! ¡cabrón!
-hey, chico, sin faltar…
De repente, y con recién adquirida personalidad, en pelota picada como estaba, el figura se me echó encima con cara de pocos amigos y me agarró por el cuello de la camisa y yo, ni corto ni perezoso (no estaba el horno para bollos) le planté el pistolón en tos los morros.
-hey, chico, suéltame, deberíamos ocuparnos de otras cosas, entre ellas de tu Julieta, que me da que se ha roto algo al caer.
Esta broma no le hizo ni puta la gracia al figura y me continuó jalando con una mano del cuello de mi camisa mientras la otra hizo del lento ademán de retrasarla a la vez que cerraba su puño. Al mismo tiempo, yo apreté aún más el pistolón contra su cara obligándole a girarla hacia un lado y hacia arriba pero sin que el figura aflojara un punto.Así estaba la cosa cuando oí voces en el pasillo: los espagueti nos habían localizado.
Rápidamente con un juego de brazos me saqué a Apu de encima y en dos zancadas estaba en el pasillo. Los cuatro espagueti acababan de bajar de la escalera a unos diez metros de mí y en cuanto me vieron elevaron sus revólveres y avanzaron con decisión empezando a disparar. Yo, me planté en medio del pasillo y apuntando al bulto comencé a darle al gatillo.
Dicen que cuando vas a morir toda tu vida pasa a cámara lenta por delante de tus ojos. Debió ser lo que ocurrió entonces. Bueno, no era como una película, eran como flashes que acompañaban los estampidos de las armas. Fue algo muy muy lento, eterno casi. Aquello no duraría más que unos segundos para un observador exterior pero el tiempo se congeló para mí entonces, Nunca me había pasado algo parecido.
El pistolero que tenía justo enfrente de mí arrugaba el ceño con la intención de fijar su puntería. Con ese gesto y su pelo muy moreno y una barba arreglada me recordó instantáneamente a mi viejo un día de pesca mucho tiempo atrás. Estaba concentrado intentando meter el sedal en un anzuelo demasiado pequeño y llevaba rato con aquello. El río era apenas un riachuelo en aquella zona y aquella época del año, pero por el contrario el sol lucía espléndido a media tarde y convertía el agua en oro que se deslizaba corriente abajo mansamente. Habíamos pasado un día estupendo el viejo y yo. Apenas cogimos unos peces y no eran demasiado grandes, pero estuvo bien. Por fin, consiguió enhebrar el sedal, levantó su cara, me miró y lentamente abrió su cara en una gran sonrisa. Sentí un mordisco de fuego en algún sitio de mi brazo que provino de mi izquierda mientras las balas silbaban a mi alrededor.
En este momento eterno me acordé de la vista de una playa, una diminuta cala de guijarros bañada por la espuma blanca de unas olitas. Yo veía la escena desde arriba, apoyado en una barandilla de madera. Creo que nos habían prestado una casita junto al mar en el pueblo natal de mis padres. Desde la verja de entrada había unos cien metros hasta el edificio y a lo largo de esa distancia se encontraban jaulas con animales, vacas, cabras, algunos perros, incluso recuerdo un mono. Otra bala, ardiente y explosiva, me mordió en un muslo.
Lo pistoleros estaban a unos cinco metros de mí. No paraban de disparar. Yo tampoco, erguido y quieto. Ahora me vino a la mente un pecho, un pecho blanco, con un pezón rosado. La chica tendría unos veinte años, los mismos que yo. Se había desabrochado una blusa de encaje con filigranas y a través del hueco yo colaba mi mano ávida. Y sobre mi mano caía su pelo lacio y castaño claro que rodeaba su sonrisa y su carita pecosa. Una cara que se torció con la mueca de una boca cruel tiempo más tarde, que dijo adiós burlonamente y dio la vuelta y se marchó definitivamente. Su silueta alejándose fue lo último que ví cuando un fogonazo estalló en mi cara.
Se acabó, pensé. Te han herido de muerte. Sin embargo, no tuve miedo. Me sentí orgulloso por ello. Después, me pareció un orgullo infantil y estúpido que me hizo avergonzarme. Y después…¿y después? Y después, nada.
Abrí los ojos. El techo blanco sucio. Trabajosamente me incorporé y me senté apoyado contra la pared. Balance de daños: una bala me había llevado por delante el dedo meñique de la mano izquierda, otra herida superficial en un muslo y una tercera me había hecho una marca en una mejilla desde el pómulo hasta la oreja, que casi se partió en dos. Sin embargo, no me dolía. Me puse en pie. A mi alrededor estaban los cuatro espaguetis. Todos muertos. Unos boca arriba, otros boca abajo, daban un aspecto dramático a la escena. Tuve mucha suerte. No debía haber sobrevivido, pero allí estaba. Me acerqué a la puerta del dormitorio donde debían estar Apu y la nonna: sólo se oía el frenético ñiki-ñiki de los muelles de la cama.
martes, 15 de julio de 2008
Domingo Episodio 26 (Miriam)
Oí las bisagras del portal de la verja y me di cuenta de que el portal se estaba cerrando. Oí gritos y lo que parecian ser instrucciones en italiano en la entrada de la casa, y el hombre que habia saltado por la ventana se dirigió hacia allí. ¿Qué hacer? ¿Y como estaria Apu?.Al pensar en él mi mirada se dirigió hacia la unica ventana iluminada que brillaba en el primer piso ¿estaria Apu en esa habitación con la nonna? De repente la vista de una ventana contigua a la ventana iluminada, con las cortinas flotando al viento, me trajo la inspiracion que necesitaba.Eché a correr de nuevo hacia la ventana abierta por la que habia salido hacía unos momentos.No podia saber si habia mas personas en la casa, pero las que estuvieran, estarían en la planta baja, no en los otros pisos. A un metro a la derecha de la ventana por la que yo había escapado, habia una cañeria para desaguar el tejado que bajaba por la pared, y empecé a escalar la fachada agarrado a ella. Soy trapecista, y ¿qué pasa? Un planchazo lo tiene cualquiera.No tenia porqué pasarme nada ahora, aunque la cañeria estuviese escasamente atornillada a la pared o que la pared fuese totalmente lisa.Cuando llegue a la altura de la ventana abierta del primer piso, que estaba situada sobre la ventana por la que habia escapado, me incliné hasta asirme al alfeizar y luego me impulsé con los pies. Casi me caigo, pero al final conseguí entrar en la casa. No se oían pasos o gente por los pasillos. Los muy pardillos seguramente me estaban buscando por el jardin.Vi claro la siguiente parte del plan. Ir a por la nonna y salir de alli valiendonos de ella como rehén, y una vez a salvo, cambiarla por Karen... y por Silvia.Salí del cuarto al pasillo y localicé la habitación que habia visto iluminada desde el jardín, por la luz que se filtraba por debajo de la puerta.Agarré el picaporte y abri. Efectivamente, esa era el cuarto donde se encontraban la nonna y Apu.Apu estaba totalmente desnudo y con cara de estar en la gloria, tendido sobre una gran cama que casi ocupaba el cuarto entero, y la nonna lo cabalgaba con todo el entusiasmo del mundo, mientras sus octogenarias carnes se movían para todos lados.¡Qué asco!- ¡Pedazo majadero! -le grité a Apu.La pareja se sobresaltó y la nonna pegó un grito.- Sal de esa cama ahora mismo, tenemos que huír de aqui y llevarnosla como rehen.Miré a la nonna, parecia que le iba a dar algo. Solo nos faltaba que se muriese. .. ¡pues vaya mierda de rehen!- Y usted, bajese de ahí ahora mismo.La nonna sollozó e hizo ademán de obedecer.Los nervios me podían, ¿quien coño dice que lo de vengarse es una buena idea? y menos con semejante mano derecha como Apu.¡Vamos, coño! - grité - ¡Nos vamos!- Estamos enganchados - dijo Apu poniendose rojo.Di un par de zancadas hacia ellos con ganas de matarlos. La nonna se encongió y se reclinó sobre el esqueletico pecho de su amante.- La has asustado, por eso... - me recriminó Apu
Domingo Episodio 25 (Miriam)
Dos opciones: o bien hacer frente a la tropa que se acercaba, y por el ruido que hacian bien podia tratarse de cuatro carniceros, o salir por patas. Esta ultima opción me gustaba mucho más.Abrí la ventana y más que saltar me lancé por ella. Aterricé en la hierba del jardín sobre el vientre y las costillas, o sea, lo que se llama un planchazo. ¡joder! ¿y yo era trapecista? pues parecía que habia llegado la hora de ir retirandome de la profesion. ¡Vaya una mierda de salto!Me levante muy dolorido, pero de todas formas eché a correr. Si, el miedo tiene esas cosas, sacar fuerzas de donde no las hay, olvidarse del dolor... y yo tenia miedo, asi que me entretenido como estaba en correr entre las sombras del jardín hacia la entrada de la propiedad para salvar mi vida, el dolor se me olvidó por completo.Si no llegaba a tiempo a la entrada me atraparían, y apostaba a que ya habrían accionado el mando del portón para que se cerrase y evitar que me escapase.Oí una maldición en italiano a mis espaldas y como un resorte y para protegerme de una posible bala, me escondí detras del tronco de un enorme magnolio que adornaba el jardín. Acechando tras el arbol, vi que uno de los esbirros habia saltado por la ventana e intentaba dar conmigo en la oscuridad.
martes, 24 de junio de 2008
Domingo Episodio 24 (Teseo)
La casa, de dos plantas y de aspecto moderno y sencillo, estaba en un barrio relativamente nuevo de Springfield. Sólo se veían luces encendidas en la planta superior. Según la información que teníamos, era la vivienda de un tal Fabio Malatesta (joder, vaya nombrecito, ¿el propietario iría a juego?), uno de los hombres de Liotti. Desde el otro lado de la ancha calle y sentado en el coche podía vigilarla con toda comodidad. Creo que no me han descubierto. Si ocurre, el pescuezo de Apu podría peligrar. Crucemos los dedos.
Bueno, mi posición tampoco era la mejor de las posibles. Mi amigo se había llevado su pistola y yo volvía a tener aquel revólver antediluviano. No podía haber sido de otra forma: él era el que iba a meter la cabeza en el avispero.
Disfrazado de sultán de las mil y una noches, Apu entró al pequeño palacio donde se celebraba aquella fiesta y hora y media más tarde salió con la nonna, apareció raudo un enorme coche negro de lunas tintadas, se metieron dentro y salieron pitando hacia un destino indeterminado. Y yo detrás discretamente pero con cuidado de no perderlos.
No habíamos pensado mucho en lo que podía salir de aquel plan. Esta no era la peor posibilidad, aunque tampoco era la mejor. No se sabe, nunca se sabe hasta el final.
Y ahora llevaba dos horas esperando frente a la casa del esbirro de Liotti adonde finalmente se dirigían. Esperé porque me pareció prudente cuando llegué. En ese momento estarían más vigilantes. No sé cuantos hombres hay en la casa. Mínimo uno, el chófer. Máximo, ni idea. Pero, como decía, esperar era prudente hace dos horas, ahora es una cobardía. Podrían haber descubierto a Apu, lo cual era probable. Incluso a estas alturas podía ser un fardo muerto en un rincón.
Así, que me subí el pistolón aquel a la cintura (joder, el armatoste con el peso se me escurría por las perneras del pantalón) y me bajé los asustados huevos de la garganta al sitio que les era natural (sí, tenía miedo, ¿qué pasa? Tampoco era para menos, ¿no?). Dí un rodeo hasta el final de la manzana y con discreción avancé por la calle de atrás.
Con la manga de la camisa hecha un ovillo rompí el cristal de una ventana. Aunque el interior estaba a oscuras, pude ver a duras penas lo que parecían los muebles de un pequeño salón: un sofá sobrio, una lámpara de pie, una mesa baja. Metí la mano por el hueco de cristal roto y abrí el pestillo, que (me cago en la leche) cedió un ruidoso crack. Coser y cantar, ya estaba dentro. No se oía nada, sólo coches en la calle. Al fondo, al otro lado de un amplio vestíbulo frente a mí, había algo de claridad, que provenía de alguna habitación escondida a mi vista. Estaba como un flan. Yo era un tipo apañadito en una pelea, pero una cosa era unas cuantas magulladuras, e incluso la nariz rota era un daño aceptable; y otra, esto: mafiosos, armas de fuego, muertes. Estaba en una ratonera, podía no salir vivo de allí. Podía largarme de allí tan tranquilamente como había entrado y meterme de nuevo en el coche, y marcharme de la ciudad ahora mismo, cagando leches por la carretera interestatal. Pero ¿y Apu? Joder, no podía dar media vuelta sin más. Así, que me saqué el pistolón otra vez del pantalón por el que ya quería llegar a mi rodilla izquierda y, por un segundo, lo sopesé en mi mano. Entonces, apareció el tipo. Pasaba casualmente por delante de la puerta que había frente a mí y giró la vista por casualidad también. En un primer momento no me vio, pero supongo que algo intuyó, yo que sé. Yo estaba en una habitación a oscuras, era un bulto oscuro entre otros bultos oscuros. Él, por el contrario, aparecía recortado contra la luz difusa del fondo y yo veía su silueta perfectamente. Con un gesto casi mecánico, el tipo, parado en el marco de la puerta, alargó la mano hacia el interruptor de la luz y dio un paso hacia dentro. Fue un instante revelador. El tipo tenía una pistola automática en una mano al final de un brazo relajado que caía junto al costado y la otra mano la tenía frente a su rostro moreno llevando a sus labios un vaso de leche. Cuando me vio de repente, sus ojos por encima del vaso con el líquido blanco se abrieron en todo el ancho y largo de las órbitas. Para entonces yo le apuntaba con el pistolón. Disparé sin perder un segundo. La fuerza del disparo me hizo retroceder, pero, al contrario que lo que temía, el cacharro funcionaba. Pero que muy bien. Y mejor que bien, realmente fantástico. Me acerqué y luego me agaché junto al cuerpo inmóvil. La bala había atravesado limpiamente el vaso de leche y su dentadura apenas entreabierta. Uno y otra tenían perfectos orificios de bordes sin grandes astillas. Tal era la potencia con que la bala salía del arma. Debajo de la cabeza había un gran charco de sangre y masa encefálica. Prácticamente la parte posterior de la cabeza se había desintegrado, pulverizada contra las paredes del saloncito y, más allá, hacia el amplio vestíbulo que le seguía. Era la primera vez que mataba a alguien. Una vez le corté una oreja a un tipo. Me tendió una emboscada en un callejón por un dinero que le debía. Pues no sólo no le pagué, sino que me quedé con su navaja y su oreja. Bueno, una semana más tarde mi chica entonces tiró aquel orejón a la basura. Decía que olía mal y que me estaba volviendo un tipo raro. Joder con las mujeres. La navaja la perdí en alguna mudanza. Joder con las mudanzas. Bueno, a lo que iba. Que el episodio de la oreja fue lo más fuerte que me pasó, bueno, que le haya pasado a un tipo que se cruzara conmigo y me cogiera de malas pulgas. Ya sé quién es. Liotti. Lo he reconocido por las fotos que vimos en los periódicos de la hemeroteca. Tal como lo describió Apu. Pinta de chuloputas de libro. Se acabaron tus días de semental. Bueno, en realidad se habían acabado todos tus días, los de semental y los otros. Ya no luciría ninguna sonrisa ni en su funeral porque la parte delantera de su dentadura se había volatilizado mezclada con su materia gris. Ni tampoco luciría grasa en aquel peinado estúpido porque no había donde ponerla: le faltaba parte de la cabeza. Mejor lo enterraran con la tapa del ataúd puesta. No era un espectáculo agradable. Mi primer muerto. No sabía que pensar. Mi primera reacción fue de curiosidad. Luego, una oleada de desprecio me invadió al ponerle nombre al fiambre aún caliente. Luego no tuve tiempo para más introspección morbosa porque parece que el estampido del pistolón había avisado a los matones de la casa. Se oían pasos acelerados que venían y gritos en espagueti. Se ve que por un momento me distraje como un tonto con un yoyó.
Bueno, mi posición tampoco era la mejor de las posibles. Mi amigo se había llevado su pistola y yo volvía a tener aquel revólver antediluviano. No podía haber sido de otra forma: él era el que iba a meter la cabeza en el avispero.
Disfrazado de sultán de las mil y una noches, Apu entró al pequeño palacio donde se celebraba aquella fiesta y hora y media más tarde salió con la nonna, apareció raudo un enorme coche negro de lunas tintadas, se metieron dentro y salieron pitando hacia un destino indeterminado. Y yo detrás discretamente pero con cuidado de no perderlos.
No habíamos pensado mucho en lo que podía salir de aquel plan. Esta no era la peor posibilidad, aunque tampoco era la mejor. No se sabe, nunca se sabe hasta el final.
Y ahora llevaba dos horas esperando frente a la casa del esbirro de Liotti adonde finalmente se dirigían. Esperé porque me pareció prudente cuando llegué. En ese momento estarían más vigilantes. No sé cuantos hombres hay en la casa. Mínimo uno, el chófer. Máximo, ni idea. Pero, como decía, esperar era prudente hace dos horas, ahora es una cobardía. Podrían haber descubierto a Apu, lo cual era probable. Incluso a estas alturas podía ser un fardo muerto en un rincón.
Así, que me subí el pistolón aquel a la cintura (joder, el armatoste con el peso se me escurría por las perneras del pantalón) y me bajé los asustados huevos de la garganta al sitio que les era natural (sí, tenía miedo, ¿qué pasa? Tampoco era para menos, ¿no?). Dí un rodeo hasta el final de la manzana y con discreción avancé por la calle de atrás.
Con la manga de la camisa hecha un ovillo rompí el cristal de una ventana. Aunque el interior estaba a oscuras, pude ver a duras penas lo que parecían los muebles de un pequeño salón: un sofá sobrio, una lámpara de pie, una mesa baja. Metí la mano por el hueco de cristal roto y abrí el pestillo, que (me cago en la leche) cedió un ruidoso crack. Coser y cantar, ya estaba dentro. No se oía nada, sólo coches en la calle. Al fondo, al otro lado de un amplio vestíbulo frente a mí, había algo de claridad, que provenía de alguna habitación escondida a mi vista. Estaba como un flan. Yo era un tipo apañadito en una pelea, pero una cosa era unas cuantas magulladuras, e incluso la nariz rota era un daño aceptable; y otra, esto: mafiosos, armas de fuego, muertes. Estaba en una ratonera, podía no salir vivo de allí. Podía largarme de allí tan tranquilamente como había entrado y meterme de nuevo en el coche, y marcharme de la ciudad ahora mismo, cagando leches por la carretera interestatal. Pero ¿y Apu? Joder, no podía dar media vuelta sin más. Así, que me saqué el pistolón otra vez del pantalón por el que ya quería llegar a mi rodilla izquierda y, por un segundo, lo sopesé en mi mano. Entonces, apareció el tipo. Pasaba casualmente por delante de la puerta que había frente a mí y giró la vista por casualidad también. En un primer momento no me vio, pero supongo que algo intuyó, yo que sé. Yo estaba en una habitación a oscuras, era un bulto oscuro entre otros bultos oscuros. Él, por el contrario, aparecía recortado contra la luz difusa del fondo y yo veía su silueta perfectamente. Con un gesto casi mecánico, el tipo, parado en el marco de la puerta, alargó la mano hacia el interruptor de la luz y dio un paso hacia dentro. Fue un instante revelador. El tipo tenía una pistola automática en una mano al final de un brazo relajado que caía junto al costado y la otra mano la tenía frente a su rostro moreno llevando a sus labios un vaso de leche. Cuando me vio de repente, sus ojos por encima del vaso con el líquido blanco se abrieron en todo el ancho y largo de las órbitas. Para entonces yo le apuntaba con el pistolón. Disparé sin perder un segundo. La fuerza del disparo me hizo retroceder, pero, al contrario que lo que temía, el cacharro funcionaba. Pero que muy bien. Y mejor que bien, realmente fantástico. Me acerqué y luego me agaché junto al cuerpo inmóvil. La bala había atravesado limpiamente el vaso de leche y su dentadura apenas entreabierta. Uno y otra tenían perfectos orificios de bordes sin grandes astillas. Tal era la potencia con que la bala salía del arma. Debajo de la cabeza había un gran charco de sangre y masa encefálica. Prácticamente la parte posterior de la cabeza se había desintegrado, pulverizada contra las paredes del saloncito y, más allá, hacia el amplio vestíbulo que le seguía. Era la primera vez que mataba a alguien. Una vez le corté una oreja a un tipo. Me tendió una emboscada en un callejón por un dinero que le debía. Pues no sólo no le pagué, sino que me quedé con su navaja y su oreja. Bueno, una semana más tarde mi chica entonces tiró aquel orejón a la basura. Decía que olía mal y que me estaba volviendo un tipo raro. Joder con las mujeres. La navaja la perdí en alguna mudanza. Joder con las mudanzas. Bueno, a lo que iba. Que el episodio de la oreja fue lo más fuerte que me pasó, bueno, que le haya pasado a un tipo que se cruzara conmigo y me cogiera de malas pulgas. Ya sé quién es. Liotti. Lo he reconocido por las fotos que vimos en los periódicos de la hemeroteca. Tal como lo describió Apu. Pinta de chuloputas de libro. Se acabaron tus días de semental. Bueno, en realidad se habían acabado todos tus días, los de semental y los otros. Ya no luciría ninguna sonrisa ni en su funeral porque la parte delantera de su dentadura se había volatilizado mezclada con su materia gris. Ni tampoco luciría grasa en aquel peinado estúpido porque no había donde ponerla: le faltaba parte de la cabeza. Mejor lo enterraran con la tapa del ataúd puesta. No era un espectáculo agradable. Mi primer muerto. No sabía que pensar. Mi primera reacción fue de curiosidad. Luego, una oleada de desprecio me invadió al ponerle nombre al fiambre aún caliente. Luego no tuve tiempo para más introspección morbosa porque parece que el estampido del pistolón había avisado a los matones de la casa. Se oían pasos acelerados que venían y gritos en espagueti. Se ve que por un momento me distraje como un tonto con un yoyó.
viernes, 20 de junio de 2008
Domingo (Episodio 23) (Miriam)
También escupió varios dientes mientras se agarraba la cara con las manos y gemía mientras hacía bajar a todos los santos del cielo en una retahíla de juramentos e insultos mientras se acordaba de mi madre y mis parientes muertos. Le pegué una patada en las costillas con todas mis fuerzas que le hizo soltar un grito de dolor. ¡A mi madre no la menta ni Cristo!Levanté de nuevo el arma dispuesto a defenderme de los tres compinches del gordo. Supongo que veo muchas películas y que esperaba que los tres tipos me atacasen para ajustarme las cuentas por haberle arreglado la dentadura a su amigo, pero no. Habian parado de trabajar y se desternillaban de la risa a costa del gordo mofándose cruelmente de él.Me di la vuelta para largarme mientras intentaba esconder la Magnun sin éxito. ¡Joder! al final ya me veía llevando una mochila para cargar aquel trasto. Me la coloque por dentro del pantalon y la culata la tapé con la camiseta. ¡Joder! me sentía como si hubiese metido una víbora dentro del pantalon. Me estaba jugando los huevos... ¡ porque a saber como estaba el seguro de la pipa!Salí caminando con las piernas un tanto separadas, sin poder evitarlo,. .. Ahora ya sé porque caminan asi los cowboys, no es por chulería, es por miedo a quedarse eunucos.Apu me estaba esperando fuera, al lado del coche...¡hay que joderse! se suponía que éramos algo asi com Starky y Hutch en este asunto, uno la mano derecha del otro, pero a la primera de cambio se había largado dejando que me entendiera solo con aquellos tipos. - ¿Qué coño te pasa? ¡Me has dejado solo con esos hijos de puta ahí dentro, cabrón! - le grité mientras me sacaba la magnun de los pantalones y la metía bajo el asiento del conductor.- No...- ¡Joder! Me he librado de milagro, porque son una panda de colgados, y tu aqui fuera, poniendo tu culo a salvo.- No es lo que crees... había venido a buscar esto y volver para ayudarteDe debajo de su asiento, el del copiloto, Apu sacó una pistola.- Es una GLOCK 17C, la compré por internet. Me llegó hace unas semanas, pero no te dije nada porque no estaba seguro de que quisiera usarla ni de que tú la usases. Me da miedo, pero no podía descartar que fuese necesaria. - se puso rojo de la vergüenza.Ahi estaba el bueno de Apu, con un pistola de puta madre que se había comprado tan ricamente por internet, mientras que yo había tenido que pagar una fortuna por una antigüedad.Me metí en el coche y di un portazo, no podía hablar porque solamente me habrían salido sapos y culebras, asi que pisé el acelerador a fondo y tiré en dirección a la hemeroteca de Springfield.Aparqué y le dije a Apu que era hora de empezar a investigar en serio. Yo me ocuparía de los periodicos y revistas, y él de internet. Revisariamo todo lo referente a la familia Liotti. Los lugares en que era más frecuente ver a "Donatello" y a la "nonna", las casas que tenían, sus amigos, sus amantes, sus enemigos sobre todo,. .. cualquier detalle. A partir de la información que lograsemos reunir, trazaríamos un plan, indeterminado por el momento, para que Apu lograse encontrar a Karen y para que yo le diese su merecido a Silvia.Estuvimos recopilando información durante tres dias. Rastreamos todo el material sobre los Liotti que teniamos a nuestro alcance y lo ordenamos hasta completar un mapa de lugares, actividades y personas relacionadas con ellos.Apu sugirió a la vista de nuestro "puzzle" unas cuantas ideas pero de dificil realización y mucho riesgo. A mi me conocían y él no tenia el temple ni el aspecto para hacerse pasar por otro mafioso, un gorila o un policia.Mi plan, modestia a parte, era perfecto, brillante. .La "nonna" era el punto que yo veía mas débil de todo aquel enredo. Los hombres jóvenes le pirraban. Había un montón de documentación con fotos en los que aparecia acompañada en recepciones por hombres jóvenes con aspecto de modelos, incluso sus jardineros o empleados que salían en algunas fotos eran todos jovenes y de buen aspecto.Me estremecí al pensa que Silva me queria enrolar en el sequito de la "nonna". Seguramente a estas alturas la vieja cacatua ya me habría violado tras amenazame con echarme a los perros o algo peor.Pero Apu estaba enamorado de Karen, y tendría que sacrificarse si quería volver a verla.Se puso pálido y se llevó la mano al estómago como si se estuviese mareando cuando le expliqué mi plan. La "nonna" estaría sin duda en el acontecimiento social del mes en Springfield, una gala benéfica con el fin de recaudar fondos para hacer escuelas en Latinoamerica. Allí Apu tendría que ganársela, insinuarsele, o lo que fuese que tuviese que hacer para que la Urraca quisiese volver a verlo y asi ir metiendola en el bolsillo poco a poco.Un Smokin de Armani y un poco de "chapa y pintura" sería suficiente para transformar al invisible Apu en un príncipe hindú, ( y unas cuantas clases gratuítas, cortesía de la casa, sobre el arte de la seducción) y la "nonna" sería nuestra.
miércoles, 11 de junio de 2008
Domingo Episodio 22 (Teseo)
El gordo, que se bamboleaba, nos precedía en aquella nave. Tras una pared de tablones de varios metros de altura más allá de la hornacina, vimos piezas de madera en distintas fases de trabajo repartidas por todo el suelo. Muebles a medio terminar, una escalera de una sola pieza, puertas y ventanas, y todo tipo de objetos de distintos tamaños de madera, a decenas, aquí y allá. Avanzamos hacia el fondo, donde tres hombres trabajaban alrededor de unas sillas con un diseño muy recargado, en las que no había centímetro descubierto de volutas, motivos botánicos e incluso cabezas de animales. Todos estaban desnudos de cintura para arriba y parecían de músculos delgados pero fibrosos. Un fino polvo de aserrín les cubría el torso y la cara y se mezclaba con el sudor. Pararon su tarea al acercarnos y el gordo le hizo una señal con la cabeza a uno de ellos, más delgado que los otros y con una barba sucia y espesa, que desapareció tras una puerta en un lateral. Mientras tanto nos miraban con curiosidad y con cierta sorna en sus semblantes, presididos por los ojillos semicerrados y escrutadores de rata del gordo que hacían compañía a su sonrisa burlona. Me estaba empezando a tocar los cojones. El de la barba volvió a aparecer y entregó a su jefe un bulto envuelto en trapos, que dejó encima de una mesa y desenvolvió: era un pistolón de gran tamaño y aspecto antediluviano.
-¿qué coño es este armatoste?- me habían puesto de mala leche y todo para esto.
-Es un mágnum 47, mi niño, el revólver de Harry el Sucio- la sonrisa del gordo se ensanchó cuando notó mi malestar.
-No soy un cinéfilo, no he venido a buscar una reliquia de una película. Quiero un arma, y eso es un cacharro.
El gordo ya comenzaba a carcajearse de nosotros abiertamente y los otros tres le hacían los coros con sus risotadas de comadrejas. Apu tenía los ojos fuera de las órbitas y no sabía donde meter las manos, se las metía en los bolsillos y a continuación las sacaba y cruzaba los brazos sobre le pecho y luego manos en los bolsillos otra vez.
-Eso es lo que tengo y no hay otra cosa en la ciudad, mi niño. No hay donde elegir y quiero 800 dólares por ella. No, no me caes bien. Me vas a aflojar 1.000 pavos porque a mi me da la gana y si no te gusta te jodes, mi niño.
Gordo cabrón.
-¿Por lo menos dentro del precio están incluidas las balas?
El gordo entró en éxtasis cuando vio bajaba la cabeza y me jodía porque no tenía más remedio que comprar aquel arma. El precio era exageradamente alto por aquella mierda y, aunque Apu tenía pasta de sobra para comprar un arsenal completo, me daba por el culo tener que bajarme los pantalones delante de aquel cabrón.
-Claro, mi niño. De repente, estoy de buen humor. Te regalo las balas, mi niño. Tienes 6 en el tambor y una caja de otras 100, mi niño.
Ya no aguanté una más. Apu y yo podríamos haberles dado el dinero e irnos tranquilamente con el arma. Pero a mí nadie me toca los cojones de aquella manera.
Con un movimiento rápido cogí el armatoste por la culata y se lo planté en la cara al gordo, que dio un respingo, o todo el respingo que podía dar aquella bola de grasa. De su cara fofa se le cayeron a la vez la sonrisa y la colilla asquerosa.
-¿qué coño es este armatoste?- me habían puesto de mala leche y todo para esto.
-Es un mágnum 47, mi niño, el revólver de Harry el Sucio- la sonrisa del gordo se ensanchó cuando notó mi malestar.
-No soy un cinéfilo, no he venido a buscar una reliquia de una película. Quiero un arma, y eso es un cacharro.
El gordo ya comenzaba a carcajearse de nosotros abiertamente y los otros tres le hacían los coros con sus risotadas de comadrejas. Apu tenía los ojos fuera de las órbitas y no sabía donde meter las manos, se las metía en los bolsillos y a continuación las sacaba y cruzaba los brazos sobre le pecho y luego manos en los bolsillos otra vez.
-Eso es lo que tengo y no hay otra cosa en la ciudad, mi niño. No hay donde elegir y quiero 800 dólares por ella. No, no me caes bien. Me vas a aflojar 1.000 pavos porque a mi me da la gana y si no te gusta te jodes, mi niño.
Gordo cabrón.
-¿Por lo menos dentro del precio están incluidas las balas?
El gordo entró en éxtasis cuando vio bajaba la cabeza y me jodía porque no tenía más remedio que comprar aquel arma. El precio era exageradamente alto por aquella mierda y, aunque Apu tenía pasta de sobra para comprar un arsenal completo, me daba por el culo tener que bajarme los pantalones delante de aquel cabrón.
-Claro, mi niño. De repente, estoy de buen humor. Te regalo las balas, mi niño. Tienes 6 en el tambor y una caja de otras 100, mi niño.
Ya no aguanté una más. Apu y yo podríamos haberles dado el dinero e irnos tranquilamente con el arma. Pero a mí nadie me toca los cojones de aquella manera.
Con un movimiento rápido cogí el armatoste por la culata y se lo planté en la cara al gordo, que dio un respingo, o todo el respingo que podía dar aquella bola de grasa. De su cara fofa se le cayeron a la vez la sonrisa y la colilla asquerosa.
Domingo Episodio 21 (Teseo)
En todo caso, no podía hacer otra cosa sino esperar. Debía recuperarme de mis múltiples heridas, magulladuras, roturas, laceraciones, esguinces, torceduras y dolores. Si apenas puedes moverte, mucho menos estás en situación de enfrentarte a pistoleros. Me armé de paciencia y me dispuse a acomodarme en mi habitación de hospital y descansar hasta reestablecerme.
Los días pasaron. Hice cierta amistad con algunos de los polis que se encargaban de mi protección. Por ellos me mantenía informado procurando sonsacarles la información confidencial sobre la marcha de la guerra de bandas, pidiéndoles que me confirmaran los artículos que los periódicos dedicaban a la noticia. Era un conflicto sordo en el que apenas había movimiento a la luz del día. Todo pasaba de noche al abrigo de la oscuridad. La cantidad de bajas en ambos bandos no había sido mucha, pero la crueldad era inconcebible. Uno de los pistoleros fue encontrado en la Iglesia de San Genaro. Lo descubrió con horror el párroco a la mañana siguiente temprano. Habían quitado a Jesucristo de la cruz tras el altar y en su lugar habían crucificado por la zona genital a Fabio Tazotti, que así llamaba el agraciado con el premio. Claro estaba que el respeto por la religión ya no formaba parte de la última hornada de cachorros de la mafia.
El mismo Apu me traía los periódicos. Fiel y obediente como un perrito, cuando yo despertaba, su carita morena estaba allí con su sempiterna mirada de súplica como si permanentemente estuviera pidiendo disculpas. Me daba los buenos días tímidamente y me alargaba una montaña de periódicos. Luego permanecía todo el día conmigo, mirando al suelo sentado y con los hombros hundidos. A ratos sollozaba, pero en cuanto veía la reprobación en mi cara, callaba o iba a llorar silenciosamente al baño. La razón de su estancia conmigo, me había explicado, era que consideraba que sólo yo podía salvar a Karen y él debía garantizar mi seguridad en estos momentos. Menudo guardaespaldas, vaya desgraciado. No le dije nada, por supuesto, no quería herir su sensibilidad, que, por otro lado, no era poca.
Tras una semana allí, telefoneé a El Chato. Muy espabilado, El Chato siempre había vivido del delito y además con cierto grado de lujo. No demasiado valiente, nunca se mojaba y simplemente sacaba tajada de los golpes que ejecutaban los que arriesgaban el pellejo. Sospecho que también a veces hacía de soplón de los polis. Fácil y sin riesgos. Lo conocía desde que éramos chavales y jugábamos al béisbol en los descampados del barrio. Nunca supe su verdadero nombre, ni por qué le llamaban el Chato. No tenía una nariz pequeña, aunque tampoco era grande. Nunca pensé en su nombre, ni creo que nadie lo hiciera. Era El Chato y punto.Yo quería saber donde estaba Silvia y él me lo dijo. Resulta que era otra de las amantes de Liotti. Increíble. Me habia estado poniendo los cuernos, bueno a su marido y a mí, con el espagueti chulo putas aquel. Colgué el teléfono del pasillo de un golpe y cayó al suelo. Mierda. Hija de puta. Bueno, por lo menos ya sabía donde buscarla.
Tras dos semanas allí, la custodia policial era cada vez menor. Necesitaban agentes en las calles para evitar el derramamiento de sangre y ya no me dedicaban más de 1 ó 2 hombres. Mi pellejo se había devaluado y ya no estaba seguro allí. Era hora de levantar el vuelo. Así que, aunque todavía estaba convaleciente, con ayuda de Apu abandoné el hospital subrepticiamente.
Nunca he sido partidario de las armas de fuego. Normalmente cuando un tipo corriente tiene una pistola alguien termina disparándole con ella o directamente lo hace él mismo. Por eso nunca tuve un arma. Pero ahora sí necesitaba una si quería salir con vida de la casa de Liotti. El Chato me había hablado de un fulano que tendría una para mí: Mastro Paco el carpintero.
Llegué al lugar donde el fulano tenía una nave enorme, en las afueras de la ciudad. Él mismo salió a nuestro encuentro en el patio exterior de aquel almacén. Debía pesar 150 k y no caminaba moviendo las piernas hacia delante como el resto de los mortales. La grasa que le rodeaba la cintura como un flotador fofo le obligaba a sacar cada pierna desde las postrimerías de su paquidérmico culo con un movimiento semicircular hacia fuera y luego otra vez hacia dentro. Como dice la canción, pura poesía en movimiento. Su pelo ralo parecía el de una fregona vieja y su enorme bigote estaba en parte asquerosamente amarillo por efecto de una colilla que solía tener colgando de las comisuras de los labios, la mayor parte de las veces apagado y mojado de baba. Aquella colilla estaba permanentemente enmarcada por una molesta sonrisa burlona. Esta joya era Mastro Paco el carpintero. Así, en español. El fulano era descendiente de canarios que habían llegado a Texas hacía unos siglos y luego se asentaron en Springfield, pero había conservado el castellano aplatanado y arrastrado que se hablaba en aquellas islas dejadas de la mano de Dios.
En la misma entrada de aquel almacén había una especie de hornacina en la pared. En lo que casi parecía un altar había una foto de grupo en blanco y negro. Hombres que miraban a la cámara, unos de pie y otros sentados, como si fuera un equipo de fútbol o béisbol. Pero bajo ellos no había el césped de un campo de juego, sino callaos de una playa. Aunque con modesta ropa de trabajo, aquellos hombres miraban con orgullo y sonreían ampliamente al fotógrafo. Alguno llevaba en su mano algún martillo o algún instrumento de trabajo que yo desconocía. Un título adornaba la parte inferior del marco: “Carpinteros de ribera en el Muelle de San Telmo. Las Palmas de Gran Canaria”.
Los días pasaron. Hice cierta amistad con algunos de los polis que se encargaban de mi protección. Por ellos me mantenía informado procurando sonsacarles la información confidencial sobre la marcha de la guerra de bandas, pidiéndoles que me confirmaran los artículos que los periódicos dedicaban a la noticia. Era un conflicto sordo en el que apenas había movimiento a la luz del día. Todo pasaba de noche al abrigo de la oscuridad. La cantidad de bajas en ambos bandos no había sido mucha, pero la crueldad era inconcebible. Uno de los pistoleros fue encontrado en la Iglesia de San Genaro. Lo descubrió con horror el párroco a la mañana siguiente temprano. Habían quitado a Jesucristo de la cruz tras el altar y en su lugar habían crucificado por la zona genital a Fabio Tazotti, que así llamaba el agraciado con el premio. Claro estaba que el respeto por la religión ya no formaba parte de la última hornada de cachorros de la mafia.
El mismo Apu me traía los periódicos. Fiel y obediente como un perrito, cuando yo despertaba, su carita morena estaba allí con su sempiterna mirada de súplica como si permanentemente estuviera pidiendo disculpas. Me daba los buenos días tímidamente y me alargaba una montaña de periódicos. Luego permanecía todo el día conmigo, mirando al suelo sentado y con los hombros hundidos. A ratos sollozaba, pero en cuanto veía la reprobación en mi cara, callaba o iba a llorar silenciosamente al baño. La razón de su estancia conmigo, me había explicado, era que consideraba que sólo yo podía salvar a Karen y él debía garantizar mi seguridad en estos momentos. Menudo guardaespaldas, vaya desgraciado. No le dije nada, por supuesto, no quería herir su sensibilidad, que, por otro lado, no era poca.
Tras una semana allí, telefoneé a El Chato. Muy espabilado, El Chato siempre había vivido del delito y además con cierto grado de lujo. No demasiado valiente, nunca se mojaba y simplemente sacaba tajada de los golpes que ejecutaban los que arriesgaban el pellejo. Sospecho que también a veces hacía de soplón de los polis. Fácil y sin riesgos. Lo conocía desde que éramos chavales y jugábamos al béisbol en los descampados del barrio. Nunca supe su verdadero nombre, ni por qué le llamaban el Chato. No tenía una nariz pequeña, aunque tampoco era grande. Nunca pensé en su nombre, ni creo que nadie lo hiciera. Era El Chato y punto.Yo quería saber donde estaba Silvia y él me lo dijo. Resulta que era otra de las amantes de Liotti. Increíble. Me habia estado poniendo los cuernos, bueno a su marido y a mí, con el espagueti chulo putas aquel. Colgué el teléfono del pasillo de un golpe y cayó al suelo. Mierda. Hija de puta. Bueno, por lo menos ya sabía donde buscarla.
Tras dos semanas allí, la custodia policial era cada vez menor. Necesitaban agentes en las calles para evitar el derramamiento de sangre y ya no me dedicaban más de 1 ó 2 hombres. Mi pellejo se había devaluado y ya no estaba seguro allí. Era hora de levantar el vuelo. Así que, aunque todavía estaba convaleciente, con ayuda de Apu abandoné el hospital subrepticiamente.
Nunca he sido partidario de las armas de fuego. Normalmente cuando un tipo corriente tiene una pistola alguien termina disparándole con ella o directamente lo hace él mismo. Por eso nunca tuve un arma. Pero ahora sí necesitaba una si quería salir con vida de la casa de Liotti. El Chato me había hablado de un fulano que tendría una para mí: Mastro Paco el carpintero.
Llegué al lugar donde el fulano tenía una nave enorme, en las afueras de la ciudad. Él mismo salió a nuestro encuentro en el patio exterior de aquel almacén. Debía pesar 150 k y no caminaba moviendo las piernas hacia delante como el resto de los mortales. La grasa que le rodeaba la cintura como un flotador fofo le obligaba a sacar cada pierna desde las postrimerías de su paquidérmico culo con un movimiento semicircular hacia fuera y luego otra vez hacia dentro. Como dice la canción, pura poesía en movimiento. Su pelo ralo parecía el de una fregona vieja y su enorme bigote estaba en parte asquerosamente amarillo por efecto de una colilla que solía tener colgando de las comisuras de los labios, la mayor parte de las veces apagado y mojado de baba. Aquella colilla estaba permanentemente enmarcada por una molesta sonrisa burlona. Esta joya era Mastro Paco el carpintero. Así, en español. El fulano era descendiente de canarios que habían llegado a Texas hacía unos siglos y luego se asentaron en Springfield, pero había conservado el castellano aplatanado y arrastrado que se hablaba en aquellas islas dejadas de la mano de Dios.
En la misma entrada de aquel almacén había una especie de hornacina en la pared. En lo que casi parecía un altar había una foto de grupo en blanco y negro. Hombres que miraban a la cámara, unos de pie y otros sentados, como si fuera un equipo de fútbol o béisbol. Pero bajo ellos no había el césped de un campo de juego, sino callaos de una playa. Aunque con modesta ropa de trabajo, aquellos hombres miraban con orgullo y sonreían ampliamente al fotógrafo. Alguno llevaba en su mano algún martillo o algún instrumento de trabajo que yo desconocía. Un título adornaba la parte inferior del marco: “Carpinteros de ribera en el Muelle de San Telmo. Las Palmas de Gran Canaria”.
¿Quién fue Teseo? La leyenda de Teseo y el Minotauro

Teseo fue un mítico rey de Atenas. Como ocurre sistemáticamente en la mitología griega, hay múltiples versiones de los mismos hechos y Teseo no es una excepción. Entre las muchas hazañas llevadas a cabo por este personaje la más conocida sin duda es la muerte del Minotauro.
Asterión ("el estrellado") el Minotauro era un monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro y era hijo de la unión de un magnífico toro blanco y Pasífae, la esposa de Minos, rey de la isla de Creta. De la razón de dicha y extraña unión existen distintas versiones, algunas están relacionadas con supuestas afrentas a los dioses del rey o la reina y otras simplemente se refieren a los peculiares apetitos de Pasífae.
El Minotauro sólo comía carne humana y, conforme crecía, se volvía más salvaje. Cuando la criatura se hizo incontrolable, Minos ordenó a Dédalo construir una jaula gigantesca de la que el monstruo no pudiera escapar. Entonces, Dédalo ideó el laberinto, una estructura compuesta por una cantidad incontable de pasillos que iban en diferentes direcciones, entrecuzándose entre ellos, de los cuales sólo uno conducía al centro de la estructura, donde fue abandonado el Minotauro.
Como tributo de guerra, Atenas estaba obligada a enviar periódicamente (anualmente según unas fuentes, y cada nueve años según otras) a Creta catorce jóvenes vírgenes, siete muchachos y siete muchachas. Éstos eran internados en el laberinto, donde vagaban perdidos durante días hasta encontrarse con la bestia, sirviéndole de alimento.
Se cuentan dos cosas respecto a cómo Teseo llegó a formar parte de una de estas ofrendas veintisiete años después de iniciado el terror del Minotauro. Unos dicen que cuando se enteró del sacrificio de los jóvenes se unió a éstos para poder enfrentarse al monstruo. Otra narración dice que, enterado del aprecio que sentía Egeo, rey de Atenas, por su hijo Teseo, fue Minos, que tenía la facultad de elegir a los muchachos, quien quiso que fuera uno de los que iban a ser devorados. Las naves que transportaban la ofrenda llevaban velas negras en señal de luto, pero el rey pidió a su hijo que, si resultaba vencedor, no olvidase cambiarlas por velas blancas, para que supiera, aún antes de arribar a puerto, que estaba vivo. Teseo se lo prometió y partió a Creta...(continuará)
DATOS EXTRAÍDOS DE LA WIKIPEDIA
Asterión ("el estrellado") el Minotauro era un monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro y era hijo de la unión de un magnífico toro blanco y Pasífae, la esposa de Minos, rey de la isla de Creta. De la razón de dicha y extraña unión existen distintas versiones, algunas están relacionadas con supuestas afrentas a los dioses del rey o la reina y otras simplemente se refieren a los peculiares apetitos de Pasífae.
El Minotauro sólo comía carne humana y, conforme crecía, se volvía más salvaje. Cuando la criatura se hizo incontrolable, Minos ordenó a Dédalo construir una jaula gigantesca de la que el monstruo no pudiera escapar. Entonces, Dédalo ideó el laberinto, una estructura compuesta por una cantidad incontable de pasillos que iban en diferentes direcciones, entrecuzándose entre ellos, de los cuales sólo uno conducía al centro de la estructura, donde fue abandonado el Minotauro.
Como tributo de guerra, Atenas estaba obligada a enviar periódicamente (anualmente según unas fuentes, y cada nueve años según otras) a Creta catorce jóvenes vírgenes, siete muchachos y siete muchachas. Éstos eran internados en el laberinto, donde vagaban perdidos durante días hasta encontrarse con la bestia, sirviéndole de alimento.
Se cuentan dos cosas respecto a cómo Teseo llegó a formar parte de una de estas ofrendas veintisiete años después de iniciado el terror del Minotauro. Unos dicen que cuando se enteró del sacrificio de los jóvenes se unió a éstos para poder enfrentarse al monstruo. Otra narración dice que, enterado del aprecio que sentía Egeo, rey de Atenas, por su hijo Teseo, fue Minos, que tenía la facultad de elegir a los muchachos, quien quiso que fuera uno de los que iban a ser devorados. Las naves que transportaban la ofrenda llevaban velas negras en señal de luto, pero el rey pidió a su hijo que, si resultaba vencedor, no olvidase cambiarlas por velas blancas, para que supiera, aún antes de arribar a puerto, que estaba vivo. Teseo se lo prometió y partió a Creta...(continuará)
DATOS EXTRAÍDOS DE LA WIKIPEDIA
Otra de superhéroes (Artículo de mentirijillas)
¿Es un pájaro?¿es un avión? No, ¡es Currela-man!D.C. Comics, editorial del Grupo Prisa (El País, Diez minutos, Cosmopolitan, Man, Cinco Días, etc) vuelve a publicar las aventuras y desventuras de este superhéroe al calor del nuevo auge (y esperemos que no efímero) de este género de cómic propiciado por taquillazos de películas como las sagas de Batman y Spiderman y el más reciente de Ironman protagonizado por Robert Downey Jr. Aparecido por primera vez en España en los 80 de la mano de Editorial Bruguera, la sociedad española de la época, con una democracia en pañales y una recuperación económica entre manos, no estaba preparada para este estreno y no llegaron a publicarse más que 5 números (ya en el número 3 de marzo de 1983 aparecía el supervillano, archienemigo y némesis de nuestro héroe, Euribeitor). En este ocasión con la presentación del 1er número de la II etapa en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, el Subdirector del Grupo Prisa, Aquilino Botijo declaró que España, ya formando parte de las primeras economías mundiales y en el 2º lugar en tasa per cápita de divorcios (después de Papúa-Nueva Guinea-Oriental), estaba lo socialmente madura para acoger un personaje tan complejo y posmoderno como Supercurrela-man.Don Aquilino mencionó el importante trabajo realizado por el Doctor en Literatura Contemporánea y Nuevas Formas de Expresión Literarias, Frikie González, que también acudió a la presentación, en su tesis de doctorado "Héroes:¿existe un eslabón perdido entre D.Quijote y Superman?". Dicha tesis recupera a Currela-Man como protosuperhéroe de los años 30 en los EEUU, precedente de los futuros Superman, Spiderman, los 4 Fantásticos, Condón-Man (hoy injustamente olvidado), la Mujer Maravilla y otros tantos que ya forman parte de la cultura moderna. Según Frikie González, fueron las circunstancias históricas de la época, la entrada de los estadounidenses en la 2ª Guerra Mundial tras el ataque a Pearl Harbor en diciembre de 1941, lo que propició la necesidad de un héroe más simple y monolítico como parte de la propaganda de guerra para mantener la moral de las tropas y de la población de la retaguardia. Así, Currela-Man, tras 237 números (desde enero de 1933 hasta marzo de 1942) fue sustituido en los corazones de los yanquis por Capitán América, más adecuado para los vientos de guerra que soplaban. Tras el fin de la guerra en septiembre de 1945, hubo algún tímido intento de Marvel para retomar a nuestro héroe, pero problemas economicos en la editorial lo hicieron inviable y Currela-Man fue olvidado y apartado en las hemerotecas.Así, ahora se presenta Currela-Man en España con intención de quedarse y llega acompañado de otros personajes de la serie: su inseparable Becario-boy (al que se refirió Frikie González en el capítulo de su tesis "Homosexualidad reprimida en el superhéroe tradicional"), el malvado Escaqueitor, las pérfidas Parienta-Woman y Suegra-Woman, el ya mencionado Euribeitor y otros muchos conocidos de esta saga.Ya a principios de junio estará disponible en todos los quioscos el nº1 que lleva por título "Currela-Man: el retorno". ¡No os lo perdáis!
lunes, 9 de junio de 2008
Domingo (episodio 21) (Miriam)

Ya vale... venga, venga, deje de llorar señor Elvis, me pongo nervioso. - le dije mientras retiraba mi brazo de sus hombros.Una cosa era consolar al tipo, y otra hacer de madre con él, y todavía necesitaba que me contase unas cuentas cosillas.- Llameme Apu, todo el mundo me llama asi - dijo mientras se secaba los ojos con los dedos y recuperaba el dominio - Estoy seguro de que usted sabe donde puedo encontrar a Karen, solo necesito que me diga todos los sitios que usted conozca en que se reúne esa gente. Puedo pagarle, y lo haré.. y muy bien.- ¿Cómo dio conmigo, y como ha logrado burlar a la policia que me custodia? Seguro que cuando usted dijo que yo era su hermano lo investigaron... sobre todo porque usted es ocho tonos hindús mas moreno que yo.. nadie se tragaria lo de que somos hermanos.- Uno de los guardias de la puerta es el novio de mi hermana Amina. - Ya veo que estoy a salvo - murmuré para mi. ¡Joder! Menos mal que el guardia no resultó ser el novio, por ejemplo, de la hermana de Fossey o de una nieta de la "nonna". Al reparar en eso un escalofrio me recorrió todo el cuerpo haciendo sufrir todavia más a mis huesos magullados. Grité un ¡ay! de puro dolor y Apu me ayudó a tenderme en la cama de nuevo.- ¿y como es que Karen cayó en manos de la mafia? no veo la relación- Donatello es uno de los cabecillas de la familia Liotti. Negocios múltiples, especialmente prostitución y contrabando de coches de lujo robados.- Se lo dijo su cuñado,. ..- No,. . bueno, en realidad al principio no sabia quien era "Donatello", sólo queria saber qué habia visto Karen en él, ver que clase de tipo era, y si su apariencia de macarra relmente correspondia a la realidad o si lo habia juzgado mal. Me metí en "budú" y cree un perfil alternativo a mi "Perseo", un perfil femenino, "Andrómeda" con una foto de una mujer preciosa que elegi entre varias fotos q encontre en internet, y que crei que le podia gustar. Le debió de gustar mi "Andrómeda", porque con el primer "hola" con el que me presenté, empezó a hablarme y a demostrar lo cateto, chulo y prepotente que era.El dia que Karen se marcho llorando de mi tieda, entre en "budú" y le dije a "Donatello" que me habia enterado de que conocía a mi amiga Karen "Ingrid Bergman" y le pregunté que porqué la habia dejado, que estaba destrozada.El se rio y dijo que estaba harto de ella, que Karen era una chica guapa, pero que se habia aburrido de ella. Que él solo buscaba sexo y que Karen no daba la talla, pero que yo parecia "una mujer muy sensual" y que le gustaria conocerme en persona.En ese momento se me ocurrió que yo tambien quería conocerle en pesona y partirle la cabeza, darle una paliza por lo que le habia hecho a Karen y dije que sí.Me propuso quedar en un hotel pero no estaba dispuesto a que me detuvieran en cuanto saliese por la puerta.Me sonreí - Por lo que veo, pensabas ganar la pelea. -dije recordando que el tal "Donatello" era un gorila de discoteca, mientras Apu tenia pinta de no haber hecho ejercicio en toda su vida, delgado y poco fibroso como era.Apu se sonrojó - Solo pensaba en destrozarlo. Le dije que no queria ir a ningun hotel, que si queria echarme un polvo tendria que ser en su casa. Aceptó y me dio la dirección, que no me resultó conocida. Cogí un taxi y las señas me llevaron a una enorme casa de campo a las afueras de Springfield. Le dije al taxista que esperase un momento porque en la casa había mucha seguridad: cámaras, guardas e incluso perros, que empezaron a ladrar furiosos mientras se dirigían a la verja cuando notaron mi presencia. Me subí al taxi y me marché antes de que alguien me viera y decidí que lo de la pelea no era una buena técnica para darle un excarmiento a aquel hombre.Hablé con el novio de mi hermana, el poli, y le pregunte quien era el dueño de la casa. El resultado, un mafioso de nombre Rafael Liotti. Mi cuñado me dijo que me mantuviese alejado, me prohibió intentar hacer nada contra él, pero cuando Karen desaparecio. . me volví loco. Primero pense que se habia suicidado o cualquier otra locura por el desprecio de "Donatello", pero la investigación hecha por la policia sostiene que está retenida por los Liotti. Quizas sabe algo, vio algo...¡¡Me voy a volver loco de tanto pensar!Luego cuando lo trajeron a usted aqui, mi cuñado me comento que pudiera ser que usted podría saber donde encontrar a Karen, ya que las cámaras el aeropuerto habian captado la imagen de la cabecilla de la familia Liotti y sus gorilas junto con otra mujer y usted. Dedujimos que si habian querido matarlo, es porque usted, por algun motivo, es un estorbo para ellos o un testigo, que tiene relacion con ellos de alguna manera.-¿Porque no detuvieron a esa gente cuando llegaro al aeropuerto?- ¿y de que los acusarian? No hay pruebas de nada...
viernes, 6 de junio de 2008
Notas sobre los Sad American Frogs
Grupo hoy casi olvidado, los Sad American Frogs ("Ranas americanas tristes") fue una de las bandas de rockabilly más innovadoras en el panorama musical de los 60 en EEUU. El original uso de hacían de las guitarras y la voz aguardentosa del malogrado vocalista Martin Montgomery ya los hizo destacar desde sus inicios en la agitada escena del Missisipi. Herederos inconfesados del Bluegrass negro, vivieron su época más creativa entre 1967 y 1969, último año este en el que editaron su disco más importante, "Yellow moon" (Luna amarilla). De este LP es la canción "Lula Mae in the moolight", cuya letra traducida al castellano es la siguiente:
LULA MAE IN THE MOOLIGHT
("LULA MAE BAJO LA LUZ DE LA LUNA"),
de los Sad American Frogs
(Traducido por Javier Cruz):
Los faros de mi Chrysler rompen la oscuridad
El asfalto de la noche arde bajo mis ruedas
El viento golpea los árboles en la cuneta
El mar ruge abajo, más abajo
Lula Mae bajo la luz de la luna
Lula Mae bajo la luz de la luna
A lo lejos ya se ve la ciudad
Ciudad de ángeles, ciudad de demonios
Ya aparece la luna tras el horizonte
Su luz baña mi coche que va hacia ti
Lula Mae bajo la luz de la luna
Lula Mae bajo la luz de la luna
Al final de la Avenida veo tu figura
En la esquina de siempre
Cansada de tanto amar
Cansada del frío
Que me espera
Lula Mae bajo la luz de la luna
Lula Mae bajo la luz de la luna
Domingo (Episodio 19) (Teseo)
Esperé y esperé y nada pasó. Una semana, y otra y otra más. Tenía su número de teléfono por el formulario de reparación, pero no me atrevía a llamarla. Hubiera sido demasiado atrevido. Hace una semana los periódicos sugirieron que tal vez había sido secuestrada en la guerra entre distintas facciones de bandas criminales. También leí que la policía anunciaba que tenía un testigo importante que había escapado y podría aportar información valiosa para acabar con la guerra mafiosa. Necesito su ayuda. Quiero a Karen. No puedo permitir que la maten. Necesito hablar con ella. Decirle lo que siento. Ella comprenderá y vendrá a vivir conmigo….
Domingo (Episodio 20) (Teseo)
Yo escuché aquella estrambótica historia durante un rato largo. Hecho un ovillo, debajo de la cama. Aquel tipo raro me había dado un susto de muerte, me había contado la historia más estúpida que podría haberme imaginado y ahora se echaba a llorar. El pobre diablo estaba colado hasta el tuétano por aquella pava. No sabía si tenerle lástima o envidia. En todo caso, yo debía llegar hasta Silvia, cosa que no iba a ser fácil. Ambos perseguíamos a una mujer, él para salvar a la suya de las garras de la muerte y yo a Silvia para asfixiarla con mis propias manos. En fin, no me vendría mal un poco de ayuda, aunque no sabía en qué medida aquel tipo sería una ayuda o un estorbo que me pondría en peligro. Seguía sollozando como una nenaza. Como pude salir de debajo de la cama y me senté a su lado apoyado contra la pared. Pasé mi brazo dolorido por sus hombros y lo abracé. En unos instantes sentí como sus lágrimas mojaban mis vendajes.
Domingo (Episodio 18) (Teseo)
Finalmente, mi paciencia no dio mucho de sí. Dos días tras su visita, entré en la web de budú y creé un personaje a mi medida. Me describía a la perfección, chico, treintaisiete, tranquilo, hogareño, responsable, culto y cariñoso busca chica similar. Avergonzado de que pudiera reconocerme, pusé la fotografía de un deportista, un ciclista australiano, delgado pero con cara de buen chico y me hice llamar “Perseo”. Busqué su perfil, “Ingrid Bergman”. Localizado. Estaba pendiente todo el tiempo por si se iluminaba su nick con le tomo verde que indicaba que estaba on-line. Sólo alguna vez respondió mi “hola” con otro “hola” y nada de lo que le decía por messenger a continuación funcionaba, incluso llegué a utilizar las estupideces de las que se había servido aquel imbécil. Nunca conseguía demasiada atención por su parte. Como un reloj su PC quedo inoperativo a la semana. Allí estaba ella otra vez. Seria y callada, paseaba por la tienda sin rumbo mirando sin demasiado interés el material que había en los expositores. Disculpe, ¿tiene prisa? Si no, echaría un vistazo y quizás pueda solucionar el problema. Asintió con un movimiento de cabeza, con una mirada distraída y triste. Yo simulaba estar enfrascado en aquel manojo de circuitos estúpidos mientras la observaba de reojo. Desganada se sentó en una de las sillas que tenía en el local y paseaba sus ojos cada vez más lánguidos por las paredes, el techo, las mesas. Un sollozo. Brusco, salió de su garganta, como si hubiera estado aguantando su congoja y no quisiera dejarla salir. Otro sollozo. Su bolso cayó al suelo. Karen se cubrió la cara con las manos y entre los resquicios que dejaban sus dedos infantiles se colaban lágrimas abundantes. Su cuerpo se estremecía a intervalos casi regulares en los que los sollozos arreciaban. Azorado, me acerqué a ella. Me rompía el corazón verla así. Quería abrazarla y susurrarle que yo estaba allí, con ella, que todo iría bien. No pude y me quedé plantado en medio de la habitación, sin saber que hacer. Intenté acercarme, balbuceé algo sin sentido. Me sentí avergonzado por estar asistiendo como un mirón no invitado. Di media vuelta, volví a mi mesa y agaché la cabeza detrás de su ordenador. Unos minutos después, cesó el llanto y oí como se abría y cerraba la puerta. Con el corazón en un puño, salí corriendo del local. Apenas vi como se alejaba calle abajo y dobló la esquina. Entré en su correo. El imbécil aquel la había dejado por otra y ella le rogaba desesperada. ¿Qué podía hacer yo? Sólo esperar a que volviera por su PC.
Domingo (Episodio 17) (Teseo)
Tal como habíamos acordado, regresó a los diez días. En esta ocasión vestía de blanco y su pelo estaba recogido en dos coletas como una colegiala. El sol se colaba radiante por el escaparate y Karen sonreía amable. No, no se preocupe, no le puedo cobrar nada, era una simple tontería –eso era cierto-, sí, en serio, señorita, espero que no vuelva a darle quebraderos de cabeza –ya eso no era tan cierto, esperaba que los tuviera y volviera, es más, iba a ser así, yo había programado su PC para que se colapsara a la semana. Sólo tenía que sentarme a esperarla, paciente, confiando en que acudiría a mí y no a otro establecimiento. Crucé los dedos.
Domingo (Episodio 15) (Teseo)
En ese momento apareció Karen. Entró un día en mi tienda hace más o menos tres meses. Llovía a cántaros y estaba totalmente empapada. Llevaba una falda hasta los tobillos y una chaqueta informal. Ambas negras, contrastaban con su piel extremadamente clara y su pelo rubio que le caía lacio sobre unos hombros delgados. Alta y de complexión normal, emergió como una visión de la espesa cortina de agua que no dejaba ver en la calle más allá de unos escasos metros. Algo incómoda por su aspecto, se pasó la mano por su pelo mojado y se adelantó hasta el mostrador. Creía que había entrado un virus informático en su ordenador y ni siquiera conseguía ponerlo en marcha. Su voz era delicada y suave. Le rellené un recibo de entrega y desapareció silenciosamente de la misma manera en que había hecho acto de presencia. Ese día cerré un cuarto de hora antes y me dirigí a su ordenador. El problema era una tontería con la contraseña de acceso. Era sueca, de Estocolmo. Su nombre completo, Karen Kristina Jorgensen. Acababa de cumplir VEINTICINCO años y llevaba cuatro años trabajando de azafata en la TWA y dos años con residencia en los Estados Unidos, uno en Nueva York y otro en Springfield. Fotografías con su madre y su hermano, con gruesos abrigos y gorros de múltiples colores, sonrientes, jugando con la nieve, sentados en algún café con sillas y mesas de madera y grandes ventanales. Más fotografías. La universidad. Algunos chicos. Con el uniforme de azafata, azul y blanco, con un simpático sombrero que parecía una caja circular de bombones. Nueva York: un pequeño piso en Manhatann, imágenes de la ciudad desde el Empire State, el Puente de Brooklyn, el Hudson, Staten Island, el parque de atracciones de Coney Island. Y fin de trayecto: Springfield. Y textos: correos electrónicos, pensamientos volcados en el disco duro en noches de insomnio, cálculos de gastos. En suma, una vida tranquila, pero satisfactoria. Y un hombre.
Domingo (Episodio 16) (Teseo)
Se habían conocido a través de una web de contactos sociales “budú” un par de meses antes. Localicé la página del fulano, quería saber qué tipo de hombre hacía latir con fuerza el corazón de Karen. Qué decepción. Alto, fornido, moreno y de pelo engominado, semejaba un mediocre portero de discoteca, de modales chulescos y gesto de latín lover barato. Se encendió en mí el fuego de los celos, ardiente, ulceroso. Se hacía conocer por el nick “Donatello”. Sus palabras, llenas de tópicos y lugares comunes, fórmulas millones de veces usadas, la habían conquistado por completo. Qué ojos más hermosos tienes, te alcanzaría la luna si la pidieras, daría mi vida por un beso tuyo. Frases sin imaginación, poemillas gastados, basura sentimental. Había sido suficiente para que ella estuviera a los pies de aquel tipo. Deprimido, volví a casa y me acosté sin cenar.
Domingo (Episodio 14) (Teseo)
Para referirme a la forma en que la conocí debo confesarle algo de lo que no estoy orgulloso en absoluto y las más de las veces me hace avergonzarme íntimamente. Verá, cuando alguien depositaba un ordenador en mi establecimiento para su reparación, me limitaba a hacer mi trabajo con eficiencia y nada más. No prestaba atención más que a los archivos que necesitaba para llevar a cabo mi tarea. Un día, por error, accedí a información privada de un cliente, en concreto, correos electrónicos. Eran una versión moderna de las clásicas cartas entre amantes, las primeras llenas de ilusión y “te quieros” y las que seguían, de la mujer que quiere más, que se ha cansado de pasar sola los domingos y de irse de vacaciones sola, de las promesas de divorcio. Decenas de correos comprometedores, que otro hubiera empleado para hacer chantaje, pero para mí era suficiente el tenerlos ante mis ojos. También había fotografías familiares, con la mujer y las hijas, en fiestas de cumpleaños, en la playa, con amigos. Era el material del que estaba hecha la vida, una vida que respira y late en cada palabra, cada imagen, cada nombre. Era precioso para mí. Si aquella vez ocurrió por accidente, a partir de entonces hurgué con ansia un archivo tras otro de un ordenador tras otro alimentándome de secretos ajenos, de promesas, a veces de amor, a veces no, en las que yo imaginaba ser el destinatario, de ratos felices, que los que yo de alguna manera también era partícipe, de momentos difíciles compartidos en cómplice compañía. Obtener claves y contraseñas no resultaba arduo. Así, sin darme cuenta se convirtió en una obsesión, sólo pensaba en la llegada de la hora de cierre para echar las persianas y comprobar lo que había entrado durante el día: la continuación de la historia de algún cliente fijo o lo que podía dar de sí uno nuevo. Me retraí más si cabe. Pozo de secretos ajenos, los rostros que formaban mi cotidianeidad y con los que vivía eran las esposas, hijos y amigos de otros a los que yo deseaba suplantar. A veces escenas de felicidad familiar, a veces sucesos pesarosos, y en otras ocasiones pecados inconfesables terminaron formando una costra pegajosa alrededor de mí de la que no podía deshacerme.
Domingo (Episodio 13) (Teseo)
Con los años mi padre se retiró y yo me hice cargo del negocio familiar. Sin embargo, eran ya otros tiempos. Las grandes superficies suponían una competencia demasiado dura en el comercio de electrodomésticos. Así que en el mismo local monté un negocio de venta y reparación de material informático, algo que hasta entonces había hecho a pequeña escala de manera semiprofesional y que me resultaba más estimulante que pasarme los días mostrando aspiradoras a amas de casa ociosas. Siempre he sido una persona más bien introvertida e incluso solitaria y nunca me fue fácil relacionarme y hacer amigos, por lo que me refugié en destripar ordenadores y estar al tanto de las últimas novedades de la fascinante tecnología, más sencilla y lógica que las complicaciones que conlleva el inextricable laberinto de las relaciones humanas. Todo era bastante llevadero… hasta que apareció Karen. A partir de ese momento mi vida me apareció un yermo insoportable.
Domingo (Episodio 12) (Teseo)
Señor,…¿se encuentra bien?- ¡el sicario me estaba hablando!- señor…- ¡¿a que estaba esperando para dispararme?! En cambio, se dirigía a mi con una voz tímidamente educada y con un exótico acento. Señor, siento…siento haberle asustado,… no lo pretendía en absoluto…deje que le ayude a salir de ahí- en ese momento noté la ligera presión de sus manos sobre mi brazo e instantáneamente lo retiré y me aparté con brusquedad golpeando con mi espalda la pared debajo de la cabecera de la cama. Señor, se confunde…no quiero hacerle daño…antes que nada, soy un maleducado, permítame presentarme, mi nombre es Elvis Aaron Apukrishnamurti- ¿qué estaba pasando?¿quién es este fulano?- y he venido a pedirle ayuda…verá- en ese momento parece que se sentó en el suelo a mi lado, mientras que paulatinamente mi cuerpo se relajaba pero no se decidía a salir de donde estaba-, pese a mi apellido y a mi forma de hablar que le sonará extraña, soy ciudadano americano, nací en este glorioso país hace treintaisiete años, precisamente aquí en Sprinfield. Mis padres emigraron aquí unos años antes de que se yo naciera procedentes de La India. No sé si sabe mucho de Historia, o si, incluso, pudiera interesarle. Es una de mis escasas pasiones. Durante la II Guerra Mundial la India era todavía una colonia del vasto Imperio colonial británico. En 1941 tras la entrada de este país en la contienda, el presidente esa época Franklin D. Rooselvelt, ante la necesidad de contar con el apoyo de otras fuerzas en la Asia continental, solicitó la ayuda de su homólogo británico, Winston Churchill. Éste, ante la situación que vivía Londres en esos momentos, objeto de intensos y continuos bombardeos por la Lufwafe, la aviación nazi, que se suponía un adelanto de la invasión de la isla por mar, y la necesidad de mantener controlado un incipiente movimiento independiente indio con un carácter mayoritariamente pacífico, supongo que habrá oido hablar de Gandhi, pero con algunos elementos violentos dispuestos a levantarse en armas contra la metrópoli en cualquier momento, como decía, ante esta complicadísima situación, Churchill no estaba en disposición de enviar un gran contingente de hombres. Sin embargo, brindó a Roosevelt uno de los destacamentos más importantes y mejor formados de la madre patria de mis padres, una fuerza de élite fundamental en la administración colonial: el 5º Regimiento de Lanceros bengalíes. Siguiendo la línea de los ejércitos coloniales de su majestad, era un destacamento compuesto de altos oficiales ingleses y de suboficiales y tropa nativos procedentes de pueblos y pequeñas ciudades lejanas a la capital donde debía residir. Este es un dato histórico muy poco conocido y menos divulgado: la contribución de La India en la campaña de Asia contra el expansionista ejército del emperador japonés Hiro Hito, contribución pequeña en número, eran sólo unos cientos de soldados, pero decisiva en las batallas en las que el 5º Regimiento participó. Una de ellas fue la famosa batalla de Iwo Jima, casi al final de la guerra. ¿Ha visto las películas de Clint Eastwood sobre ella, “Banderas de nuestros padres” y “Cartas desde Iwo Jima”?¿Vió algún valiente lancero bengalí en alguna de sus imágenes? Ni por asomo. La Historia se ha olvidado completamente de ellos. Pues bien, mi padre era uno de ellos y luchó valerosamente, sobreviviendo a aquella guerra junto a dos o tres docenas de lanceros. Éstos, sin embargo, al acabar el conflicto bélico, regresaron a su país y se encontraron con un desolador panorama: sus compatriotas les veían no como héroes de guerra, sino como agentes del poder colonial que les oprimía. Además, el país parecía estar al borde de la guerra civil entre la región del norte musulmán y el resto de confesión hindú. Su situación era doblemente peligrosa si cabe. Ante esa tesitura entablaron contacto con la administración americana, que les acogió con los brazos abiertos, la mayor parte de los excombatientes indios del 5º Regimiento abandonó con la mayor tristeza su patria y se asentaron en este gran país. Mis padres, como ya le dije antes, se establecieron en esta ciudad y abrieron un comercio en la avenida principal de venta de aparatos electrodomésticos: lavadoras, tostadoras, neveras, etc. Así aquella pequeña tienda prosperó al calor de la recuperación de la posguerra en una sociedad deseosa de dejar atrás el mal sueño de la contienda y de pasar página al abrigo de las nuevas comodidades de la vida moderna.
Domingo (Episodio 11) (Teseo)
¡Venían a matarme! Intenté erguirme y gritar a la enfermera que ya abandonaba la habitación, pero un latigazo de dolor lacerante me recorrió el abdomen y de mi garganta sólo salió un abortado gruñido apenas audible. Volví a caer sobre la cama como un fardo pesado y dolorido. Oí alejarse el eco de los tacones de la enfermera por un largo pasillo, en el que el sonido reverberó y luego se perdió. En su lugar, percibí unas pisadas masculinas y cautelosas de alguien que entraba y debió de pararse junto a la puerta. El estómago me latía con punzadas agudas mientras yo trataba de recuperar el aliento perdido. Entonces ¡oí como la puerta se cerró con sigilo! ¡el sicario quería hacer su trabajo sin ningún tipo de interrupción!. Con la fuerza que da el miedo a morir y a pesar de mi cuerpo descalabrado, con rapidez me giré a duras penas y busqué con los brazos el borde de la cama. La adrenalina entraba lanzada a mi circuito sanguíneo como un torrente desbocado. Agarré el travesaño metálico y frío y me levanté lo suficiente para hacer palanca y hacerme caer. Mi hombro izquierdo fue lo primero que impactó contra la dura superficie de aquellas baldosas frías. Empleando los codos traté de reptar debajo de la cama, pero mi cabeza golpeó contra la sólida estructura del camastro. Conseguí ponerme a cubierto, pero ya no podía más. Quedé de medio lado, exánime y presa del dolor. Así, sentí como se acercaban aquellos pasos, tranquilos, sin prisas. Rodearon la cama por el lado hacia el que yo había caído y se aproximaron hasta donde estaba. En ese momento pude escuchar la respiración ligeramente acelerada de aquel hombre. Ahora pareció ponerse en cuclillas y agacharse porque oí como respiraba frente a mí, mientras yo permanecía inmóvil con la cara vendada en dirección hacia donde debía estar la suya. Había llegado mi final. Imaginé la escena. Un tipo de aspecto corriente, vestido de manera discreta, con una mano adelantada agarraba de manera firme una automática con silenciador apuntándome. Y se acabó. Qué fácil era su labor. Dispararía a la cabeza de aquel cuerpo inerme, el mío, tres o cuatro veces a quemarropa, se levantaría con el rostro satisfecho del que ha terminado una jornada de trabajo más, desaparecería de aquel hospital por la puerta principal sin llamar la atención y se perdería definitivamente entre la multitud que paseaba, anónimo e indolente…
Domingo (Episodio 10) (Miriam)
VEINTIDOS dias despues desperté. No digo que abrí los ojos porque uno de ellos estaba vendado y el otro a penas se abría. Todo el cuerpo me dolia de tal manera que pense que quedarme k.o. otra vez era lo mejor que podía pasarme. Tenía muchas ganas de llorar, el dolor era insoportable y además acababa de darme cuenta de que después de haberme gastado un pico en ortodoncia, se me habían roto unos cuantos dientes. ¡Maldita fuese Silvia y aquel par de cabrones! Iba a matarla con mis propias manos en cuanto la encontrase.Una mujer entró en la habitación de forma apresurada, “Creo que está despierto, ha habido cambios en el monitor”. Oí más pasos entrando en la estancia mientras la mujer me torturaba palpándo mi descalabrado cuerpo y cegándome con una luz que dirigio a mis ojos. Quise decirle que me dejara quieto, que no estaba para que me manoseasen pero solo me salió un débil “grrrr” ”¿Podemos hablar con el?” pregunto un hombre de voz áspera y resacosa, pero la mujer le dijo que me dejara tranquilo, que si no veia que yo todavía estaba mas para allá que para acá. Sin duda la mujer sabía dar ánimos... eso sí, no se podía negar que era muy sincera, pues era completamente cierto que yo estaba medio muerto.”¿Puede oirme?” preguntó el hombre. “Déjelo tranquilo, ya le he dicho que está muy mal” contestó por mi la mujer de forma brusca. “Llevo VEINTITRES años en el oficio y le digo que este hombre ya tiene bastante con seguir respirando”En eso tenía mucha razón. El hombre no desistió en su afán de darme la tabarra. “Escuche esto, soy el sargento de la policia de Springfied. Está usted en el hospital. No sé si recuerda lo que le ha pasado, pero de no ser por los agentes de la policia que identificaron como camorristas a los gorilas y fueron a detenerlos lo hubiesen matado. Sus amigos se escaparon al ver a los agentes, pero esa gente de la camorra no deja testigos vivos, ya sabe lo que eso supone, que van a intentar terminar el trabajo. Ahora está usted en el hospital “VEINTICUATRO de Diciembre” con protección policial.En cuanto pueda usted hablar, tendrá que contestar muchas preguntas. Descanse lo que necesite y sobre todo no se muera. Nos veremos pronto.El simpatico del sargento salió del cuarto arrastrando los pies. Yo iba a vivir, porque tenía una cuenta pendiete con Silvia, y aunque fuese la ultima cosa que hiciese en esta vida, me iba a pagar todo lo que me había hecho. ”Por suerte no tiene ningún hueso roto, aunque eso sí, mazados los tiene todos. Le pondré un sedante para que se le pase el dolor” - dijo la mujer - “ Su hermano está ahi fuera. Le diré que por fin ha despertado. Se alegrará mucho, lleva todos estos dias sin moverse del hospital rezando porque se pusiese usted bien y suplicando poder entrar a verle”Un espasmo me hizo rebotar sobre la cama. Yo no tengo ningún hermano... (continuará)
Domingo (Episodio 9) (Teseo)
A ver si entiendo: la “nonna” viene a Springfield a “reorganizar la organización”...más bien, lo que hará será “joder la jodienda”...sabes perfectamente que se va a producir una guerra entre las familias...¿sabes lo que te digo? Que dentro de, a ver, VEINTIÚN minutos exactamente sale mi avión, me largo y no volveré a esta ciudad apestosa en mucho tiempo, ahí te quedas con el animal de tu marido y tus guerras mafiosas, así que good bye, auf fiedersehen, ciao...¡¿CÓOOOOMO?!...oye, rubia, si no has encontrado los espaguetis suficientes para garantizar la seguridad de esa vieja, escúchame: T-E J-O-D-E-S...conmigo no cuentes...Eres un bocazas, me decía el viejo, y tenía razón. Silvia hizo un movimiento de cabeza y aquellos dos roperos espaguetis disfrazados de polis que la acompañaban me cogieron en volandas sin que les supusiera el menor esfuerzo. Soltadme, putos espaguetis descerebrados, gritaba yo. Cabrones, hijueputas, maricones, hilvanaba yo insulto tras otro con una facilidad de palabra que nunca tuve para asuntos más útiles. Aquellos roperos con piernas (me sacaban dos cabezas de alto y otras dos de ancho) no parecían inmutarse, quizás solo hablaban napolitano, italiano o cualquier subdialecto espagueti. ¿Parla mia lingua? Bona sera, macarroni, inter de milan, bocato di cardinale. Había agotado toda la lengua espagueti que sabía por las pelis del Padrino y ni caso. Parece que me conducían hacia los baños. Pues si, porque abrieron la puerta de los aseos masculinos con mi cabeza. Por un momento pensé que quizás formaban parte de alguna rama gay de la mafia (¿no dice un dicho que “En todas partes cuecen habas”?) y por un instante temi seriamente que me sodomizaran salvajemente. Hice partícipe de mis temores a mis nuevos amiguitos y, por fin, uno de ellos encogió el gesto y mordió las primeras palabras (en perfecto inglés) que les oí. Al parecer no les interesaba el intercambio de fluidos, por no eso no debía preocuparme: sólo iban a matarme a golpes. No supe que decir. Tampoco hizo falta. Mientras el espagueti nº 1 (en adelante nº1) me agarraba de los brazos, el otro espagueti (nº2 obviamente) me zurraba alternativamente en la cara y en el estómago.Uf, uf. Uno-dos, uno-dos. Enseguida me empezaron a sangrar las cejas y los labios manchando de rojo el blanco inmaculado del servicio masculino. Nº 2 retrocedía con cada golpe, hacía medio giro con aquel torso de toro bravo y descargaba su puño ciclópeo contra mi cabeza de títere. Llegado un momento, mi sistema nervioso debió darse de baja y desapareció el dolor. Sólo había un pitido que debía provenir del interior de mi cabeza. Nº 2, jadeante y sudoroso, bajó los brazos y cedió su puesto a nº1, que continuó golpeandome la cara, o lo que quedaba de ella, con un sentido del ritmo casi musical. Yo, todavía milagrosamente consciente, paseaba mi mirada (la de mi ojo derecho, porque incluso creía que el izquierdo había saltado de mi cara hace rato y había aterrizado en uno de los lavamanos), paseaba la mirada por la pared de enfrente en aquel delirio más allá del dolor. Las pintadas la cubrían, “El Sr. Smithers es un rarito”, ponían, “Cómete mis calzones”, “Moe sirve bebida de garrafón”, “Multiplícate por cero”...fue lo último que vi mientras dejé de percibir el blanco salpicado de rojo, la cara de mastín de nº 1, el sabor de la sangre y cualquier otra sensación y todo se volvió negro...(continuará)
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Declaración de intenciones
Este blog nace con la sana intención de dar salida a determinadas (quizás no tan sanas) inquietudes de su autor. Dichas inquietudes son principalmente literarias dada la afición del mencionado autor por escribir. Así, se publicarán microrrelatos y en algunos casos (seguramente los menos) narraciones más largas. Éstas últimas serán en ocasiones realizadas en colaboración, como se está haciendo en este momento con "Domingo" en grata compañía de la querida amiga de Tenerife Miriam.
Además también serán objeto de publicación otro tipo de textos atendiendo a los (veleidosos) intereses del susodicho (recalcitrante) bloguero, tales como artículos sobre Historia, Arte, pintura, fotografía, actividades culturales y comentarios varios.
Todo esto constituye el propósito inicial del blog en la actualidad. ¿Y el futuro? ni Dios sabe...
Por último, al autor le gustaría agradecer el eventual interés que pudiera o pudiese suscitar este blog y les invita a visitarlo cuantas veces quieran.
Un saludo
Teseo
Además también serán objeto de publicación otro tipo de textos atendiendo a los (veleidosos) intereses del susodicho (recalcitrante) bloguero, tales como artículos sobre Historia, Arte, pintura, fotografía, actividades culturales y comentarios varios.
Todo esto constituye el propósito inicial del blog en la actualidad. ¿Y el futuro? ni Dios sabe...
Por último, al autor le gustaría agradecer el eventual interés que pudiera o pudiese suscitar este blog y les invita a visitarlo cuantas veces quieran.
Un saludo
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