
¿No?...¿seguro? Mentía. La conozco bien. Conozco su tono de voz cuando está mintiendo. Y cuando tiene miedo. En esta ocasión el pánico la devoraba, pese a que intentaba tranquilizarme. Mi amor, no se va a enterar de nada, decía. Y un huevo, Sergio ya lo sabía todo de pe a pa y a juzgar por el tono de Raquel quería venganza. Quizás me habia estado esperando en la casa y ahora venía hacia acá pisando hasta el fondo el acelerador de su Pontiac rojo del 64. Él mismo me decía siempre q para trabajar en el trapecio hacía falta tener no SIETE, sino OCHO vidas, y ahora resultaba que precisamente Sergio iba a acabar con todas las mías de golpe, fueran cuantas fueran. Sí, cielo, sí...te llamo más tarde...sí, voy a quedarme pronto sin batería...Corté la llamada. Debía pensar rápido. A las NUEVE había un vuelo a Nueva York, donde tenía amigos que podían ayudarme. Si no, estaba vendido. Quizás dentro de 10 minutos Sergio aparecería aquí y mi pellejo no valdría ni para hacer un par de zapatos (continuara...)

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