viernes, 18 de julio de 2008

Domingo Episodio 27 (Teseo)

_Apu- le dije con la cara más seria que pude poner-, te darás cuenta de que por esa puerta aparecerán en cualquier momento cuatro matones que nos freirán a tiros.
-Pero, es que estamos enganchados, ya te lo he dicho- respondió con toda la seguridad del mundo.
- Oye, chico, a mi me da que lo que te faltaba era echar un polvo, pero ya vale, ¿ok? Deja de porculearme, saca eso de donde lo tienes metido porque así tenemos todos los boletos pa’l cementerio.
- E-s-t-a-m-o-s-e-n-g-a-n-ch-a-d -o-s, ¿ok? –dijo otra vez con una impertinencia que nunca le había visto.
Definitivamente, el polvo le había servido de catarsis y el Apu-perrito-perdido-busca-dueñ o-que-lo-cuide era cosa del pasado. Me alegro por él (sinceramente, no es coña, de verdad), se había ahorrado un montón de pasta en psicólogos que iban a hurgar hasta en sus recuerdos de pañales cagados. Pero, este Apu no nos convenía en este momento y no me dejaba más remedio que cortar por lo sano…
-Bueno, chico, tendremos que recurrir a la cirugía entonces- dije metiendo la boca del pistolón entre los dos cuerpos- despídete de tu pito…uno…dos…y…
Su cara se desencajó completamente y su tono de piel, habitualmente olivácea, se volvió del blanco del papel. Pero, antes de que contara tres, la nonna quedó liberada y cayó hacia atrás dando un golpe seco en el suelo y quedo a la vista el miembro recalcitrante, que de repente había encogido del susto.
-ja ja ja, lo sabía, si es que no falla, jajaja- mis risotadas hicieron que se me saltaran las lágrimas mientras Apu pasaba del susto al cabreo, lo que aumentaba la gracia de todo el asunto.
-¡eres un capullo! ¡cabrón!
-hey, chico, sin faltar…
De repente, y con recién adquirida personalidad, en pelota picada como estaba, el figura se me echó encima con cara de pocos amigos y me agarró por el cuello de la camisa y yo, ni corto ni perezoso (no estaba el horno para bollos) le planté el pistolón en tos los morros.
-hey, chico, suéltame, deberíamos ocuparnos de otras cosas, entre ellas de tu Julieta, que me da que se ha roto algo al caer.
Esta broma no le hizo ni puta la gracia al figura y me continuó jalando con una mano del cuello de mi camisa mientras la otra hizo del lento ademán de retrasarla a la vez que cerraba su puño. Al mismo tiempo, yo apreté aún más el pistolón contra su cara obligándole a girarla hacia un lado y hacia arriba pero sin que el figura aflojara un punto.Así estaba la cosa cuando oí voces en el pasillo: los espagueti nos habían localizado.
Rápidamente con un juego de brazos me saqué a Apu de encima y en dos zancadas estaba en el pasillo. Los cuatro espagueti acababan de bajar de la escalera a unos diez metros de mí y en cuanto me vieron elevaron sus revólveres y avanzaron con decisión empezando a disparar. Yo, me planté en medio del pasillo y apuntando al bulto comencé a darle al gatillo.
Dicen que cuando vas a morir toda tu vida pasa a cámara lenta por delante de tus ojos. Debió ser lo que ocurrió entonces. Bueno, no era como una película, eran como flashes que acompañaban los estampidos de las armas. Fue algo muy muy lento, eterno casi. Aquello no duraría más que unos segundos para un observador exterior pero el tiempo se congeló para mí entonces, Nunca me había pasado algo parecido.
El pistolero que tenía justo enfrente de mí arrugaba el ceño con la intención de fijar su puntería. Con ese gesto y su pelo muy moreno y una barba arreglada me recordó instantáneamente a mi viejo un día de pesca mucho tiempo atrás. Estaba concentrado intentando meter el sedal en un anzuelo demasiado pequeño y llevaba rato con aquello. El río era apenas un riachuelo en aquella zona y aquella época del año, pero por el contrario el sol lucía espléndido a media tarde y convertía el agua en oro que se deslizaba corriente abajo mansamente. Habíamos pasado un día estupendo el viejo y yo. Apenas cogimos unos peces y no eran demasiado grandes, pero estuvo bien. Por fin, consiguió enhebrar el sedal, levantó su cara, me miró y lentamente abrió su cara en una gran sonrisa. Sentí un mordisco de fuego en algún sitio de mi brazo que provino de mi izquierda mientras las balas silbaban a mi alrededor.
En este momento eterno me acordé de la vista de una playa, una diminuta cala de guijarros bañada por la espuma blanca de unas olitas. Yo veía la escena desde arriba, apoyado en una barandilla de madera. Creo que nos habían prestado una casita junto al mar en el pueblo natal de mis padres. Desde la verja de entrada había unos cien metros hasta el edificio y a lo largo de esa distancia se encontraban jaulas con animales, vacas, cabras, algunos perros, incluso recuerdo un mono. Otra bala, ardiente y explosiva, me mordió en un muslo.
Lo pistoleros estaban a unos cinco metros de mí. No paraban de disparar. Yo tampoco, erguido y quieto. Ahora me vino a la mente un pecho, un pecho blanco, con un pezón rosado. La chica tendría unos veinte años, los mismos que yo. Se había desabrochado una blusa de encaje con filigranas y a través del hueco yo colaba mi mano ávida. Y sobre mi mano caía su pelo lacio y castaño claro que rodeaba su sonrisa y su carita pecosa. Una cara que se torció con la mueca de una boca cruel tiempo más tarde, que dijo adiós burlonamente y dio la vuelta y se marchó definitivamente. Su silueta alejándose fue lo último que ví cuando un fogonazo estalló en mi cara.
Se acabó, pensé. Te han herido de muerte. Sin embargo, no tuve miedo. Me sentí orgulloso por ello. Después, me pareció un orgullo infantil y estúpido que me hizo avergonzarme. Y después…¿y después? Y después, nada.

Abrí los ojos. El techo blanco sucio. Trabajosamente me incorporé y me senté apoyado contra la pared. Balance de daños: una bala me había llevado por delante el dedo meñique de la mano izquierda, otra herida superficial en un muslo y una tercera me había hecho una marca en una mejilla desde el pómulo hasta la oreja, que casi se partió en dos. Sin embargo, no me dolía. Me puse en pie. A mi alrededor estaban los cuatro espaguetis. Todos muertos. Unos boca arriba, otros boca abajo, daban un aspecto dramático a la escena. Tuve mucha suerte. No debía haber sobrevivido, pero allí estaba. Me acerqué a la puerta del dormitorio donde debían estar Apu y la nonna: sólo se oía el frenético ñiki-ñiki de los muelles de la cama.

Declaración de intenciones

Este blog nace con la sana intención de dar salida a determinadas (quizás no tan sanas) inquietudes de su autor. Dichas inquietudes son principalmente literarias dada la afición del mencionado autor por escribir. Así, se publicarán microrrelatos y en algunos casos (seguramente los menos) narraciones más largas. Éstas últimas serán en ocasiones realizadas en colaboración, como se está haciendo en este momento con "Domingo" en grata compañía de la querida amiga de Tenerife Miriam.
Además también serán objeto de publicación otro tipo de textos atendiendo a los (veleidosos) intereses del susodicho (recalcitrante) bloguero, tales como artículos sobre Historia, Arte, pintura, fotografía, actividades culturales y comentarios varios.
Todo esto constituye el propósito inicial del blog en la actualidad. ¿Y el futuro? ni Dios sabe...
Por último, al autor le gustaría agradecer el eventual interés que pudiera o pudiese suscitar este blog y les invita a visitarlo cuantas veces quieran.

Un saludo

Teseo