viernes, 6 de junio de 2008

Notas sobre los Sad American Frogs

Grupo hoy casi olvidado, los Sad American Frogs ("Ranas americanas tristes") fue una de las bandas de rockabilly más innovadoras en el panorama musical de los 60 en EEUU. El original uso de hacían de las guitarras y la voz aguardentosa del malogrado vocalista Martin Montgomery ya los hizo destacar desde sus inicios en la agitada escena del Missisipi. Herederos inconfesados del Bluegrass negro, vivieron su época más creativa entre 1967 y 1969, último año este en el que editaron su disco más importante, "Yellow moon" (Luna amarilla). De este LP es la canción "Lula Mae in the moolight", cuya letra traducida al castellano es la siguiente:

LULA MAE IN THE MOOLIGHT
("LULA MAE BAJO LA LUZ DE LA LUNA"),
de los Sad American Frogs
(Traducido por Javier Cruz):
Los faros de mi Chrysler rompen la oscuridad
El asfalto de la noche arde bajo mis ruedas
El viento golpea los árboles en la cuneta
El mar ruge abajo, más abajo
Lula Mae bajo la luz de la luna
Lula Mae bajo la luz de la luna
A lo lejos ya se ve la ciudad
Ciudad de ángeles, ciudad de demonios
Ya aparece la luna tras el horizonte
Su luz baña mi coche que va hacia ti
Lula Mae bajo la luz de la luna
Lula Mae bajo la luz de la luna
Al final de la Avenida veo tu figura
En la esquina de siempre
Cansada de tanto amar
Cansada del frío
Que me espera
Lula Mae bajo la luz de la luna
Lula Mae bajo la luz de la luna

Domingo (Episodio 19) (Teseo)

Esperé y esperé y nada pasó. Una semana, y otra y otra más. Tenía su número de teléfono por el formulario de reparación, pero no me atrevía a llamarla. Hubiera sido demasiado atrevido. Hace una semana los periódicos sugirieron que tal vez había sido secuestrada en la guerra entre distintas facciones de bandas criminales. También leí que la policía anunciaba que tenía un testigo importante que había escapado y podría aportar información valiosa para acabar con la guerra mafiosa. Necesito su ayuda. Quiero a Karen. No puedo permitir que la maten. Necesito hablar con ella. Decirle lo que siento. Ella comprenderá y vendrá a vivir conmigo….

Domingo (Episodio 20) (Teseo)

Yo escuché aquella estrambótica historia durante un rato largo. Hecho un ovillo, debajo de la cama. Aquel tipo raro me había dado un susto de muerte, me había contado la historia más estúpida que podría haberme imaginado y ahora se echaba a llorar. El pobre diablo estaba colado hasta el tuétano por aquella pava. No sabía si tenerle lástima o envidia. En todo caso, yo debía llegar hasta Silvia, cosa que no iba a ser fácil. Ambos perseguíamos a una mujer, él para salvar a la suya de las garras de la muerte y yo a Silvia para asfixiarla con mis propias manos. En fin, no me vendría mal un poco de ayuda, aunque no sabía en qué medida aquel tipo sería una ayuda o un estorbo que me pondría en peligro. Seguía sollozando como una nenaza. Como pude salir de debajo de la cama y me senté a su lado apoyado contra la pared. Pasé mi brazo dolorido por sus hombros y lo abracé. En unos instantes sentí como sus lágrimas mojaban mis vendajes.

Domingo (Episodio 18) (Teseo)

Finalmente, mi paciencia no dio mucho de sí. Dos días tras su visita, entré en la web de budú y creé un personaje a mi medida. Me describía a la perfección, chico, treintaisiete, tranquilo, hogareño, responsable, culto y cariñoso busca chica similar. Avergonzado de que pudiera reconocerme, pusé la fotografía de un deportista, un ciclista australiano, delgado pero con cara de buen chico y me hice llamar “Perseo”. Busqué su perfil, “Ingrid Bergman”. Localizado. Estaba pendiente todo el tiempo por si se iluminaba su nick con le tomo verde que indicaba que estaba on-line. Sólo alguna vez respondió mi “hola” con otro “hola” y nada de lo que le decía por messenger a continuación funcionaba, incluso llegué a utilizar las estupideces de las que se había servido aquel imbécil. Nunca conseguía demasiada atención por su parte. Como un reloj su PC quedo inoperativo a la semana. Allí estaba ella otra vez. Seria y callada, paseaba por la tienda sin rumbo mirando sin demasiado interés el material que había en los expositores. Disculpe, ¿tiene prisa? Si no, echaría un vistazo y quizás pueda solucionar el problema. Asintió con un movimiento de cabeza, con una mirada distraída y triste. Yo simulaba estar enfrascado en aquel manojo de circuitos estúpidos mientras la observaba de reojo. Desganada se sentó en una de las sillas que tenía en el local y paseaba sus ojos cada vez más lánguidos por las paredes, el techo, las mesas. Un sollozo. Brusco, salió de su garganta, como si hubiera estado aguantando su congoja y no quisiera dejarla salir. Otro sollozo. Su bolso cayó al suelo. Karen se cubrió la cara con las manos y entre los resquicios que dejaban sus dedos infantiles se colaban lágrimas abundantes. Su cuerpo se estremecía a intervalos casi regulares en los que los sollozos arreciaban. Azorado, me acerqué a ella. Me rompía el corazón verla así. Quería abrazarla y susurrarle que yo estaba allí, con ella, que todo iría bien. No pude y me quedé plantado en medio de la habitación, sin saber que hacer. Intenté acercarme, balbuceé algo sin sentido. Me sentí avergonzado por estar asistiendo como un mirón no invitado. Di media vuelta, volví a mi mesa y agaché la cabeza detrás de su ordenador. Unos minutos después, cesó el llanto y oí como se abría y cerraba la puerta. Con el corazón en un puño, salí corriendo del local. Apenas vi como se alejaba calle abajo y dobló la esquina. Entré en su correo. El imbécil aquel la había dejado por otra y ella le rogaba desesperada. ¿Qué podía hacer yo? Sólo esperar a que volviera por su PC.

Domingo (Episodio 17) (Teseo)

Tal como habíamos acordado, regresó a los diez días. En esta ocasión vestía de blanco y su pelo estaba recogido en dos coletas como una colegiala. El sol se colaba radiante por el escaparate y Karen sonreía amable. No, no se preocupe, no le puedo cobrar nada, era una simple tontería –eso era cierto-, sí, en serio, señorita, espero que no vuelva a darle quebraderos de cabeza –ya eso no era tan cierto, esperaba que los tuviera y volviera, es más, iba a ser así, yo había programado su PC para que se colapsara a la semana. Sólo tenía que sentarme a esperarla, paciente, confiando en que acudiría a mí y no a otro establecimiento. Crucé los dedos.

Domingo (Episodio 15) (Teseo)

En ese momento apareció Karen. Entró un día en mi tienda hace más o menos tres meses. Llovía a cántaros y estaba totalmente empapada. Llevaba una falda hasta los tobillos y una chaqueta informal. Ambas negras, contrastaban con su piel extremadamente clara y su pelo rubio que le caía lacio sobre unos hombros delgados. Alta y de complexión normal, emergió como una visión de la espesa cortina de agua que no dejaba ver en la calle más allá de unos escasos metros. Algo incómoda por su aspecto, se pasó la mano por su pelo mojado y se adelantó hasta el mostrador. Creía que había entrado un virus informático en su ordenador y ni siquiera conseguía ponerlo en marcha. Su voz era delicada y suave. Le rellené un recibo de entrega y desapareció silenciosamente de la misma manera en que había hecho acto de presencia. Ese día cerré un cuarto de hora antes y me dirigí a su ordenador. El problema era una tontería con la contraseña de acceso. Era sueca, de Estocolmo. Su nombre completo, Karen Kristina Jorgensen. Acababa de cumplir VEINTICINCO años y llevaba cuatro años trabajando de azafata en la TWA y dos años con residencia en los Estados Unidos, uno en Nueva York y otro en Springfield. Fotografías con su madre y su hermano, con gruesos abrigos y gorros de múltiples colores, sonrientes, jugando con la nieve, sentados en algún café con sillas y mesas de madera y grandes ventanales. Más fotografías. La universidad. Algunos chicos. Con el uniforme de azafata, azul y blanco, con un simpático sombrero que parecía una caja circular de bombones. Nueva York: un pequeño piso en Manhatann, imágenes de la ciudad desde el Empire State, el Puente de Brooklyn, el Hudson, Staten Island, el parque de atracciones de Coney Island. Y fin de trayecto: Springfield. Y textos: correos electrónicos, pensamientos volcados en el disco duro en noches de insomnio, cálculos de gastos. En suma, una vida tranquila, pero satisfactoria. Y un hombre.

Domingo (Episodio 16) (Teseo)

Se habían conocido a través de una web de contactos sociales “budú” un par de meses antes. Localicé la página del fulano, quería saber qué tipo de hombre hacía latir con fuerza el corazón de Karen. Qué decepción. Alto, fornido, moreno y de pelo engominado, semejaba un mediocre portero de discoteca, de modales chulescos y gesto de latín lover barato. Se encendió en mí el fuego de los celos, ardiente, ulceroso. Se hacía conocer por el nick “Donatello”. Sus palabras, llenas de tópicos y lugares comunes, fórmulas millones de veces usadas, la habían conquistado por completo. Qué ojos más hermosos tienes, te alcanzaría la luna si la pidieras, daría mi vida por un beso tuyo. Frases sin imaginación, poemillas gastados, basura sentimental. Había sido suficiente para que ella estuviera a los pies de aquel tipo. Deprimido, volví a casa y me acosté sin cenar.

Domingo (Episodio 14) (Teseo)

Para referirme a la forma en que la conocí debo confesarle algo de lo que no estoy orgulloso en absoluto y las más de las veces me hace avergonzarme íntimamente. Verá, cuando alguien depositaba un ordenador en mi establecimiento para su reparación, me limitaba a hacer mi trabajo con eficiencia y nada más. No prestaba atención más que a los archivos que necesitaba para llevar a cabo mi tarea. Un día, por error, accedí a información privada de un cliente, en concreto, correos electrónicos. Eran una versión moderna de las clásicas cartas entre amantes, las primeras llenas de ilusión y “te quieros” y las que seguían, de la mujer que quiere más, que se ha cansado de pasar sola los domingos y de irse de vacaciones sola, de las promesas de divorcio. Decenas de correos comprometedores, que otro hubiera empleado para hacer chantaje, pero para mí era suficiente el tenerlos ante mis ojos. También había fotografías familiares, con la mujer y las hijas, en fiestas de cumpleaños, en la playa, con amigos. Era el material del que estaba hecha la vida, una vida que respira y late en cada palabra, cada imagen, cada nombre. Era precioso para mí. Si aquella vez ocurrió por accidente, a partir de entonces hurgué con ansia un archivo tras otro de un ordenador tras otro alimentándome de secretos ajenos, de promesas, a veces de amor, a veces no, en las que yo imaginaba ser el destinatario, de ratos felices, que los que yo de alguna manera también era partícipe, de momentos difíciles compartidos en cómplice compañía. Obtener claves y contraseñas no resultaba arduo. Así, sin darme cuenta se convirtió en una obsesión, sólo pensaba en la llegada de la hora de cierre para echar las persianas y comprobar lo que había entrado durante el día: la continuación de la historia de algún cliente fijo o lo que podía dar de sí uno nuevo. Me retraí más si cabe. Pozo de secretos ajenos, los rostros que formaban mi cotidianeidad y con los que vivía eran las esposas, hijos y amigos de otros a los que yo deseaba suplantar. A veces escenas de felicidad familiar, a veces sucesos pesarosos, y en otras ocasiones pecados inconfesables terminaron formando una costra pegajosa alrededor de mí de la que no podía deshacerme.

Domingo (Episodio 13) (Teseo)

Con los años mi padre se retiró y yo me hice cargo del negocio familiar. Sin embargo, eran ya otros tiempos. Las grandes superficies suponían una competencia demasiado dura en el comercio de electrodomésticos. Así que en el mismo local monté un negocio de venta y reparación de material informático, algo que hasta entonces había hecho a pequeña escala de manera semiprofesional y que me resultaba más estimulante que pasarme los días mostrando aspiradoras a amas de casa ociosas. Siempre he sido una persona más bien introvertida e incluso solitaria y nunca me fue fácil relacionarme y hacer amigos, por lo que me refugié en destripar ordenadores y estar al tanto de las últimas novedades de la fascinante tecnología, más sencilla y lógica que las complicaciones que conlleva el inextricable laberinto de las relaciones humanas. Todo era bastante llevadero… hasta que apareció Karen. A partir de ese momento mi vida me apareció un yermo insoportable.

Domingo (Episodio 12) (Teseo)

Señor,…¿se encuentra bien?- ¡el sicario me estaba hablando!- señor…- ¡¿a que estaba esperando para dispararme?! En cambio, se dirigía a mi con una voz tímidamente educada y con un exótico acento. Señor, siento…siento haberle asustado,… no lo pretendía en absoluto…deje que le ayude a salir de ahí- en ese momento noté la ligera presión de sus manos sobre mi brazo e instantáneamente lo retiré y me aparté con brusquedad golpeando con mi espalda la pared debajo de la cabecera de la cama. Señor, se confunde…no quiero hacerle daño…antes que nada, soy un maleducado, permítame presentarme, mi nombre es Elvis Aaron Apukrishnamurti- ¿qué estaba pasando?¿quién es este fulano?- y he venido a pedirle ayuda…verá- en ese momento parece que se sentó en el suelo a mi lado, mientras que paulatinamente mi cuerpo se relajaba pero no se decidía a salir de donde estaba-, pese a mi apellido y a mi forma de hablar que le sonará extraña, soy ciudadano americano, nací en este glorioso país hace treintaisiete años, precisamente aquí en Sprinfield. Mis padres emigraron aquí unos años antes de que se yo naciera procedentes de La India. No sé si sabe mucho de Historia, o si, incluso, pudiera interesarle. Es una de mis escasas pasiones. Durante la II Guerra Mundial la India era todavía una colonia del vasto Imperio colonial británico. En 1941 tras la entrada de este país en la contienda, el presidente esa época Franklin D. Rooselvelt, ante la necesidad de contar con el apoyo de otras fuerzas en la Asia continental, solicitó la ayuda de su homólogo británico, Winston Churchill. Éste, ante la situación que vivía Londres en esos momentos, objeto de intensos y continuos bombardeos por la Lufwafe, la aviación nazi, que se suponía un adelanto de la invasión de la isla por mar, y la necesidad de mantener controlado un incipiente movimiento independiente indio con un carácter mayoritariamente pacífico, supongo que habrá oido hablar de Gandhi, pero con algunos elementos violentos dispuestos a levantarse en armas contra la metrópoli en cualquier momento, como decía, ante esta complicadísima situación, Churchill no estaba en disposición de enviar un gran contingente de hombres. Sin embargo, brindó a Roosevelt uno de los destacamentos más importantes y mejor formados de la madre patria de mis padres, una fuerza de élite fundamental en la administración colonial: el 5º Regimiento de Lanceros bengalíes. Siguiendo la línea de los ejércitos coloniales de su majestad, era un destacamento compuesto de altos oficiales ingleses y de suboficiales y tropa nativos procedentes de pueblos y pequeñas ciudades lejanas a la capital donde debía residir. Este es un dato histórico muy poco conocido y menos divulgado: la contribución de La India en la campaña de Asia contra el expansionista ejército del emperador japonés Hiro Hito, contribución pequeña en número, eran sólo unos cientos de soldados, pero decisiva en las batallas en las que el 5º Regimiento participó. Una de ellas fue la famosa batalla de Iwo Jima, casi al final de la guerra. ¿Ha visto las películas de Clint Eastwood sobre ella, “Banderas de nuestros padres” y “Cartas desde Iwo Jima”?¿Vió algún valiente lancero bengalí en alguna de sus imágenes? Ni por asomo. La Historia se ha olvidado completamente de ellos. Pues bien, mi padre era uno de ellos y luchó valerosamente, sobreviviendo a aquella guerra junto a dos o tres docenas de lanceros. Éstos, sin embargo, al acabar el conflicto bélico, regresaron a su país y se encontraron con un desolador panorama: sus compatriotas les veían no como héroes de guerra, sino como agentes del poder colonial que les oprimía. Además, el país parecía estar al borde de la guerra civil entre la región del norte musulmán y el resto de confesión hindú. Su situación era doblemente peligrosa si cabe. Ante esa tesitura entablaron contacto con la administración americana, que les acogió con los brazos abiertos, la mayor parte de los excombatientes indios del 5º Regimiento abandonó con la mayor tristeza su patria y se asentaron en este gran país. Mis padres, como ya le dije antes, se establecieron en esta ciudad y abrieron un comercio en la avenida principal de venta de aparatos electrodomésticos: lavadoras, tostadoras, neveras, etc. Así aquella pequeña tienda prosperó al calor de la recuperación de la posguerra en una sociedad deseosa de dejar atrás el mal sueño de la contienda y de pasar página al abrigo de las nuevas comodidades de la vida moderna.

Domingo (Episodio 11) (Teseo)

¡Venían a matarme! Intenté erguirme y gritar a la enfermera que ya abandonaba la habitación, pero un latigazo de dolor lacerante me recorrió el abdomen y de mi garganta sólo salió un abortado gruñido apenas audible. Volví a caer sobre la cama como un fardo pesado y dolorido. Oí alejarse el eco de los tacones de la enfermera por un largo pasillo, en el que el sonido reverberó y luego se perdió. En su lugar, percibí unas pisadas masculinas y cautelosas de alguien que entraba y debió de pararse junto a la puerta. El estómago me latía con punzadas agudas mientras yo trataba de recuperar el aliento perdido. Entonces ¡oí como la puerta se cerró con sigilo! ¡el sicario quería hacer su trabajo sin ningún tipo de interrupción!. Con la fuerza que da el miedo a morir y a pesar de mi cuerpo descalabrado, con rapidez me giré a duras penas y busqué con los brazos el borde de la cama. La adrenalina entraba lanzada a mi circuito sanguíneo como un torrente desbocado. Agarré el travesaño metálico y frío y me levanté lo suficiente para hacer palanca y hacerme caer. Mi hombro izquierdo fue lo primero que impactó contra la dura superficie de aquellas baldosas frías. Empleando los codos traté de reptar debajo de la cama, pero mi cabeza golpeó contra la sólida estructura del camastro. Conseguí ponerme a cubierto, pero ya no podía más. Quedé de medio lado, exánime y presa del dolor. Así, sentí como se acercaban aquellos pasos, tranquilos, sin prisas. Rodearon la cama por el lado hacia el que yo había caído y se aproximaron hasta donde estaba. En ese momento pude escuchar la respiración ligeramente acelerada de aquel hombre. Ahora pareció ponerse en cuclillas y agacharse porque oí como respiraba frente a mí, mientras yo permanecía inmóvil con la cara vendada en dirección hacia donde debía estar la suya. Había llegado mi final. Imaginé la escena. Un tipo de aspecto corriente, vestido de manera discreta, con una mano adelantada agarraba de manera firme una automática con silenciador apuntándome. Y se acabó. Qué fácil era su labor. Dispararía a la cabeza de aquel cuerpo inerme, el mío, tres o cuatro veces a quemarropa, se levantaría con el rostro satisfecho del que ha terminado una jornada de trabajo más, desaparecería de aquel hospital por la puerta principal sin llamar la atención y se perdería definitivamente entre la multitud que paseaba, anónimo e indolente…

Domingo (Episodio 10) (Miriam)

VEINTIDOS dias despues desperté. No digo que abrí los ojos porque uno de ellos estaba vendado y el otro a penas se abría. Todo el cuerpo me dolia de tal manera que pense que quedarme k.o. otra vez era lo mejor que podía pasarme. Tenía muchas ganas de llorar, el dolor era insoportable y además acababa de darme cuenta de que después de haberme gastado un pico en ortodoncia, se me habían roto unos cuantos dientes. ¡Maldita fuese Silvia y aquel par de cabrones! Iba a matarla con mis propias manos en cuanto la encontrase.Una mujer entró en la habitación de forma apresurada, “Creo que está despierto, ha habido cambios en el monitor”. Oí más pasos entrando en la estancia mientras la mujer me torturaba palpándo mi descalabrado cuerpo y cegándome con una luz que dirigio a mis ojos. Quise decirle que me dejara quieto, que no estaba para que me manoseasen pero solo me salió un débil “grrrr” ”¿Podemos hablar con el?” pregunto un hombre de voz áspera y resacosa, pero la mujer le dijo que me dejara tranquilo, que si no veia que yo todavía estaba mas para allá que para acá. Sin duda la mujer sabía dar ánimos... eso sí, no se podía negar que era muy sincera, pues era completamente cierto que yo estaba medio muerto.”¿Puede oirme?” preguntó el hombre. “Déjelo tranquilo, ya le he dicho que está muy mal” contestó por mi la mujer de forma brusca. “Llevo VEINTITRES años en el oficio y le digo que este hombre ya tiene bastante con seguir respirando”En eso tenía mucha razón. El hombre no desistió en su afán de darme la tabarra. “Escuche esto, soy el sargento de la policia de Springfied. Está usted en el hospital. No sé si recuerda lo que le ha pasado, pero de no ser por los agentes de la policia que identificaron como camorristas a los gorilas y fueron a detenerlos lo hubiesen matado. Sus amigos se escaparon al ver a los agentes, pero esa gente de la camorra no deja testigos vivos, ya sabe lo que eso supone, que van a intentar terminar el trabajo. Ahora está usted en el hospital “VEINTICUATRO de Diciembre” con protección policial.En cuanto pueda usted hablar, tendrá que contestar muchas preguntas. Descanse lo que necesite y sobre todo no se muera. Nos veremos pronto.El simpatico del sargento salió del cuarto arrastrando los pies. Yo iba a vivir, porque tenía una cuenta pendiete con Silvia, y aunque fuese la ultima cosa que hiciese en esta vida, me iba a pagar todo lo que me había hecho. ”Por suerte no tiene ningún hueso roto, aunque eso sí, mazados los tiene todos. Le pondré un sedante para que se le pase el dolor” - dijo la mujer - “ Su hermano está ahi fuera. Le diré que por fin ha despertado. Se alegrará mucho, lleva todos estos dias sin moverse del hospital rezando porque se pusiese usted bien y suplicando poder entrar a verle”Un espasmo me hizo rebotar sobre la cama. Yo no tengo ningún hermano... (continuará)

Domingo (Episodio 9) (Teseo)

A ver si entiendo: la “nonna” viene a Springfield a “reorganizar la organización”...más bien, lo que hará será “joder la jodienda”...sabes perfectamente que se va a producir una guerra entre las familias...¿sabes lo que te digo? Que dentro de, a ver, VEINTIÚN minutos exactamente sale mi avión, me largo y no volveré a esta ciudad apestosa en mucho tiempo, ahí te quedas con el animal de tu marido y tus guerras mafiosas, así que good bye, auf fiedersehen, ciao...¡¿CÓOOOOMO?!...oye, rubia, si no has encontrado los espaguetis suficientes para garantizar la seguridad de esa vieja, escúchame: T-E J-O-D-E-S...conmigo no cuentes...Eres un bocazas, me decía el viejo, y tenía razón. Silvia hizo un movimiento de cabeza y aquellos dos roperos espaguetis disfrazados de polis que la acompañaban me cogieron en volandas sin que les supusiera el menor esfuerzo. Soltadme, putos espaguetis descerebrados, gritaba yo. Cabrones, hijueputas, maricones, hilvanaba yo insulto tras otro con una facilidad de palabra que nunca tuve para asuntos más útiles. Aquellos roperos con piernas (me sacaban dos cabezas de alto y otras dos de ancho) no parecían inmutarse, quizás solo hablaban napolitano, italiano o cualquier subdialecto espagueti. ¿Parla mia lingua? Bona sera, macarroni, inter de milan, bocato di cardinale. Había agotado toda la lengua espagueti que sabía por las pelis del Padrino y ni caso. Parece que me conducían hacia los baños. Pues si, porque abrieron la puerta de los aseos masculinos con mi cabeza. Por un momento pensé que quizás formaban parte de alguna rama gay de la mafia (¿no dice un dicho que “En todas partes cuecen habas”?) y por un instante temi seriamente que me sodomizaran salvajemente. Hice partícipe de mis temores a mis nuevos amiguitos y, por fin, uno de ellos encogió el gesto y mordió las primeras palabras (en perfecto inglés) que les oí. Al parecer no les interesaba el intercambio de fluidos, por no eso no debía preocuparme: sólo iban a matarme a golpes. No supe que decir. Tampoco hizo falta. Mientras el espagueti nº 1 (en adelante nº1) me agarraba de los brazos, el otro espagueti (nº2 obviamente) me zurraba alternativamente en la cara y en el estómago.Uf, uf. Uno-dos, uno-dos. Enseguida me empezaron a sangrar las cejas y los labios manchando de rojo el blanco inmaculado del servicio masculino. Nº 2 retrocedía con cada golpe, hacía medio giro con aquel torso de toro bravo y descargaba su puño ciclópeo contra mi cabeza de títere. Llegado un momento, mi sistema nervioso debió darse de baja y desapareció el dolor. Sólo había un pitido que debía provenir del interior de mi cabeza. Nº 2, jadeante y sudoroso, bajó los brazos y cedió su puesto a nº1, que continuó golpeandome la cara, o lo que quedaba de ella, con un sentido del ritmo casi musical. Yo, todavía milagrosamente consciente, paseaba mi mirada (la de mi ojo derecho, porque incluso creía que el izquierdo había saltado de mi cara hace rato y había aterrizado en uno de los lavamanos), paseaba la mirada por la pared de enfrente en aquel delirio más allá del dolor. Las pintadas la cubrían, “El Sr. Smithers es un rarito”, ponían, “Cómete mis calzones”, “Moe sirve bebida de garrafón”, “Multiplícate por cero”...fue lo último que vi mientras dejé de percibir el blanco salpicado de rojo, la cara de mastín de nº 1, el sabor de la sangre y cualquier otra sensación y todo se volvió negro...(continuará)

Domingo (Episodio 8) (Miriam)




¡Entonces esos no son policías! ¡joder! ¡me ha visto! No parece muy contenta, mas bien ahora mismo tiene pinta de arpía griega ¿es que no hay ningun policia por aqui que vea que esos dos que la acompañan son matones armados? ¡joder! ¿esta es la seguridad del aeropuerto? ¡mierda!¿Que qué hago aquí? ¡joder! y me lo preguntas. Me echas a tu marido encima y me preguntas que qué hago en el aeropuerto. ¡por supuesto que me iba a ir sin ti! ¿cómo se te ocurre? Si querias que lo nuestro continuase, no haberle dicho nada a tu marido, aunque de toda formas ya estaba sospechando.¿Qué le dijiste?, ¿que tu no querias y yo te seduje? ¿que te forcé, DIECINUEVE, VEINTE veces? ¿todas las que hemos estado juntos?No comprendo como he podido llegar a esta situación. De hecho, ya no se porque empecé con ella, ni siquiera me gusta demasiado, muy flaca... supongo que aquel día tenia el cerebro en otro sitio... otro sitio que siempre me traiciona.¡joder!Supongo que tú has venido al aeropuero de visita turística con estos dos señores, ¿eh cielo?...¡jajajaja! ¿La “nonna”? No me cuentes nada, Silvia ¡joder! se supone que las mujeres de la maffia son como tumbas y tu me lo cuentas todo, ¿que quieres? ¿que además de tu marido me persiga toda la camorra por todo lo que me has largado?Se supone que tendrias que estar enfadada conmigo por intentar largarme sin ti, como hace un segundo y no decirme que vienes a por la jefa.¿Una jefa de la camorra viajando en línea regular con una excursión de jubilados napolitanos? Sí supongo que es una buena tapadera... viene con un nombre falso ¿no?...¿y para que viene?

Domingo (Episodio 7) (Teseo)




Vaya fregado en el que me he metido yo solito. Ya me lo dijo el viejo, chico, decía, cuando Dios repartió la inteligencia, tú estabas en el baño meando. Siempre me soltaba lindezas por el estilo cuando estaba borracho. No era ni de lejos el típico padre afectuoso, pero a veces casi lo echo de menos. Está grabado a fuego en mi cabeza el día que estiró la pata, un QUINCE de diciembre, yo tenía DIECISEIS años por entonces. Lo encontré en el zaguán. Parece que no se sabe como consiguió un abeto enorme para que sirviera como árbol de navidad en casa y el esfuerzo de cargarlo lo reventó. Boca arriba y con los ojos vidriosos y muy abiertos, una pierna había quedado debajo del cuerpo. Se ahogó en sus propios vómitos, nada extraño en un alcohólico. Pobre cabrón, todo por darnos una alegría, hay que reconocer que aquel cabrón tenía sus puntos a pesar de las palizas y los insultos. Bueno, aquí estoy en el aeropuerto y compro el billete (¿DIECISIETE dólares? ¿una oferta, guapa? oye, ¿a que hora terminas?¿que me voy a Nueva York? bueno, puedes venir conmigo, jajajaj). Qué chica, esa es de las que te convienen, hubiera dicho el viejo, pero acabaras con una mujerzuela que te conducirá de cabeza al infierno. Como la vida misma. Qué razón tenía el cabrón. Bueno, ya estoy fuera de peligro hasta el fin del vuelo. No podía volver al apartamento a buscar al menos una muda de ropa. Fossy podría haber estado allí. Pero aquí es otra cosa, el simio cornudo ese no tendría nada que hacer contra los polis del aeropuerto...como esos de ahí, dos roperos con el pelo a cepillo y armados hasta los dientes, que fieron se ven junto a la mujer que acompañan, que parece un triste palillo de dien...espera...la mujer...esa cara...¡es Raquel!...¡¿qué coño hace esa estúpida aquí?!...¡ya me decía el viejo! ¡al infierno! ¡de cabeza al infierno! (continuará)

Domingo (Episodio 6) (Miriam)




Y no es que sea un cobarde, que no lo soy, pero es que Sergio tampoco es Sergio. Antes lo llamaban “Fossy”, por Diane Fossey, la de “Gorilas en la niebla”, porque ademas de parecer un gorila, con su nariz aplastada y rota por tantas peleas, la barbilla cuadrada y echada hacia fuera, y todo ese pelo negro que le cubre la cabeza, los hombros, el pecho y la espalda sin dejar un centimetro de piel limpia, ser gorila es su verdadero oficio.Es un gorila de la Camorra napolitana con, por lo menos, ONCE muertos en su haber. El circo es su escondite provisional, (es una historia larga la de porqué acabó escondido aqui) y lo de trapecista, porque es lo bastante fuerte para el oficio y algo tiene que hacer para no levantar sospechas entre el personal. No conozco a otro que sea capaz de balancearse a treinta metros de altura sin red, sujetandose por las piernas y soportar el peso de cinco de nosotros.Yo lo sé todo por ella, la muy cabrona, y me niego a ser la víctima número DOCE de “Fossey”. No sé mucho de mafiosos, pero ¡joder! seguro que lo que me va a dar por tirarme a su mujer no va a ser una felicitación. Irme a Nueva York es mi única opción o esto puedo convertirse en un “viernes TRECE”... (continuara)

Domingo (Episodio 5) (Teseo)




¿No?...¿seguro? Mentía. La conozco bien. Conozco su tono de voz cuando está mintiendo. Y cuando tiene miedo. En esta ocasión el pánico la devoraba, pese a que intentaba tranquilizarme. Mi amor, no se va a enterar de nada, decía. Y un huevo, Sergio ya lo sabía todo de pe a pa y a juzgar por el tono de Raquel quería venganza. Quizás me habia estado esperando en la casa y ahora venía hacia acá pisando hasta el fondo el acelerador de su Pontiac rojo del 64. Él mismo me decía siempre q para trabajar en el trapecio hacía falta tener no SIETE, sino OCHO vidas, y ahora resultaba que precisamente Sergio iba a acabar con todas las mías de golpe, fueran cuantas fueran. Sí, cielo, sí...te llamo más tarde...sí, voy a quedarme pronto sin batería...Corté la llamada. Debía pensar rápido. A las NUEVE había un vuelo a Nueva York, donde tenía amigos que podían ayudarme. Si no, estaba vendido. Quizás dentro de 10 minutos Sergio aparecería aquí y mi pellejo no valdría ni para hacer un par de zapatos (continuara...)

Domingo (Episodio 4) (Miriam)




Vaya mierda de bar, solo tienen CUATRO tapas diferentes con pinta de llevar CINCO dias hechas ¡ah! y tambien preparan bocadillos... pues como los hagan de esas barras de embutido que estoy viendo habrá que poner un cura de guardia en la puerta. ¡si parece que tienen moho! ¡joder, y on el hambre que tengo! Casi mejor me tomo un café y ya comeré luego. ¡Un cortado y un vaso de agua con gas, por favor!...¡mieda, el movil!.. Hola cielo,. .. no, me rajaron las ruedas del coche y acabo de perder el tren, ya no me da tiempo a verte porue no voy a ir SEIS kilometros a pie...no me vengas con eso que me tienes harto, además tenemos que hablar, tu marido esta sospechando, estoy seguro...¡joder! ¿pero se lo dijiste tú?...

Domingo (Episodio 3) (Teseo)



Bueno, por otro lado, puede que haya sido el destino...Al fin y al cabo, Sergio ya estaba sospechando. Quizás sea el momento oportuno de dejarlo: no es demasiado inteligente acostarse con la mujer de tu compañero de trabajo cuando trabajas en un circo de trapecista y que durante el cuádruple salto mortal el cornudo decida en el último momento que no le gustan sus cuernos y retire su brazo y que UNO se abra la cabeza después de un salto al vacío desde 30 metros de altura...
Muerte. Kaput. Finito. CERO. Pal’hoyo. ¡Joder! Así que va a ser que paso. Ciao, bambina. Te echaré de menos. ¡Joder! ¡Qué sucio estoy! Creo que voy a lavarme al menos la cara y el cuello al baño y luego al bar de la estación a tomarme UNA o DOS cervezas fresquitas a ver si se me pasa el sofoco. Además en los sitios de paso siempre encuentras gente interesante. Algún viajante de comercio que sepa contar chistes, un par de mochileros que hayan visitado lugares exóticos, a lo mejor alguna chica con mucho tiempo y mucha sed, yo que sé. Qué más da ¡joder! Al fin y al cabo, mañana empiezo en el circo a las TRES de la tarde, ¿quién tiene prisa? Yo, desde luego, no. (continuará)

Domingo (Episodio 2) (Miriam)


Cuatro horas deciendiendome a llamarla para quedar ¡joder! no entiendo como puedo se tan cobarde, y cuando por fin reúno fuerzas y la llamo me dice que sí, que lleva estos tres dias deseando volver a verme, ¡joder! Dos de las ruedas de mi coche aparecen rajadas ¡malditos gamberros! Corro a la estación y llego resollando y empapado en sudo (bonita manera de acdir a una cita) solamente para comprobar que el tren ya se ha ido ¡joder!... (continuara)

Domingo (Episodio 1) (Teseo)



He perdido el tren de las 6. Por cinco minutos. Joder. (continuará)

Domingo (Presentación)

El relato o novela (todavía se desconoce su extensión) "Domingo" es un proyecto por entregas a cuatro manos, es decir, entre dos personas, el autor del blog y una amiga, Miriam. La idea consiste en desarrollar una historia poco a poco y sin un planteamiento previo, sino aportando uno un fragmento y luego a continuación el otro y después de este el primero y así ad infinitum (o hasta la muerte de uno y/o dos, o simplemente hasta que nos cansemos), es decir, alternando las aportaciones de ambos. Este planteamiento de trabajo, en apariencia anárquico y con un aspecto tan "poco serio", no ha dado un mal resultado (siempre a juicio de los coautores, que, por otro lado, no pueden ser demasiado objetivos), teniendo en cuenta el riesgo de dispersión de la trama y las consecuencias en cuanto a la (poca) uniformidad del estilo incluso dentro de textos del mismo autor.

Va a publicarse en este blog de una vez todo lo redactado hasta este momento y, Dios mediante, seguirimos añadiendo periódicamente (tal vez cada 3 ó 4 días) nuevas aportaciones.

Se ruega a los eventuales visitantes (si los hubiera, que está por ver) que no sean demasiado estrictos en su crítica pues el objetivo y fin último de esta narración es divertirnos y divertir, ejercitando nuestros espíritus para empresas literarias de más ambición.

Esperamos les guste.

Saludos

Declaración de intenciones

Este blog nace con la sana intención de dar salida a determinadas (quizás no tan sanas) inquietudes de su autor. Dichas inquietudes son principalmente literarias dada la afición del mencionado autor por escribir. Así, se publicarán microrrelatos y en algunos casos (seguramente los menos) narraciones más largas. Éstas últimas serán en ocasiones realizadas en colaboración, como se está haciendo en este momento con "Domingo" en grata compañía de la querida amiga de Tenerife Miriam.
Además también serán objeto de publicación otro tipo de textos atendiendo a los (veleidosos) intereses del susodicho (recalcitrante) bloguero, tales como artículos sobre Historia, Arte, pintura, fotografía, actividades culturales y comentarios varios.
Todo esto constituye el propósito inicial del blog en la actualidad. ¿Y el futuro? ni Dios sabe...
Por último, al autor le gustaría agradecer el eventual interés que pudiera o pudiese suscitar este blog y les invita a visitarlo cuantas veces quieran.

Un saludo

Teseo