-Umpié…-los labios de Sebastián que repetían por segunda vez aquel nombre se quedaron mudos cuando el gigante embozado al otro lado del claro alzó despacio pero enérgicamente la mano derecha en una orden al silencio. Con la pose de un profeta del Antiguo Testamento, sus dedos índice y corazón quedaron unidos apuntado al cielo. El sombrero negro de ala ancha proyectaba una densa sombra sobre su rostro impidiendo totalmente atisbar su semblante. La noche calló. El viento dejó de silbar entre los árboles y alrededor de las pétreas esquinas del edificio de la capilla y los grillos enmudecieron al gesto de la inquietante figura.
-Chano, Chanito- el gigante empezó a hablar al tiempo que bajaba el brazo- siempre haciéndome perder el tiempo, dándome más trabajo del estrictamente necesario, mortificándome con mil y una tonterías…-su voz era recia y grave, con el mismo acento extranjero de Sebastián, y su tono era el de una fingida regañina en la que sin embargo se dejaba traslucir una irritación subterránea- y ahora molestando a ese señor…eso no está bien…no, no…claro que no puede ser ¿cierto, Hipólito?- preguntó, mientras su pequeño acompañante movió ligeramente la cabeza en sentido afirmativo.
Sebastián pareció perder toda su fuerza. Su cuerpo se encogió sobre sí mismo y se convirtió en un muñeco desgarbado. Sentí cómo dejó apoyar todo su peso contra la lápida a nuestras espaldas, como si repentinamente no fuera capaz de aguantarse por sí solo. Giró su cara hacia donde estaba yo. Tenía una mueca de infantil impotencia, la de un niño al que han castigado injustamente. La palidez de la cara se hizo más acentuada y su barba pareció más que nunca una invasión de hormigas hambrientas en busca del indefenso ojo sano. El ojo de cristal y la espantosa cicatriz que lo rodeaba le imprimían a su persona un aire de monstruo de barraca de feria que despierta más asco y lástima que miedo. Por alguna razón que yo desconocía, estaba aterrorizado.
Frente a nosotros los hombres continuaban de pie como los tótems de dos dioses malignos.
- ¿Dices que te han expulsado del lugar donde naciste?- volvió el gigante a tomar la palabra- Dí más bien que huiste como una mujerzuela. Cometiste una grave falta y huiste para eludir el consiguiente castigo. Con tu huida sólo has conseguido aplazar la ejecución de la justicia. Pero tu hora ha llegado y aquí está ya el vengador que reparará el equilibrio perdido borrando de la faz de la Tierra la sucia mancha de tu falta- en ese momento ambos hombres descubrieron simultáneamente sus cabezas y pudieron verse sus caras. Oí cómo Sebastián no pudo reprimir un impresionado murmullo ininteligible.
Umpiérrez, el gigante, adornaba sus más de dos metros de altura con un cabello pelirrojo ensortijado de apretados rizos. Su piel lechosa sumada a su enorme constitución le hacía parecer un formidable toro blanco con rabiosas crines del color del fuego. Por el contrario, su minúsculo compañero debía parecer raquitismo o alguna horrible deformación que le daba el aspecto de una rata repulsiva. Del tamaño de un niño que aún no ha llegado a la pubertad, su tez tenía un tono entre rojizo y marrón oscuro, con una textura escamosa que era evidente al reflejo de la luz. De su cabeza caían escasos mechones ralos de pelo largos y lacios. Unos pequeños dientes de roedor asomaban en una boca sin apenas labios.
-No vales nada. No vales ni una sola de las paletadas de tierra irlandesa que cubren las tumbas de mis antepasados- tronó, demoledor, el vozarrón de Umpiérrez-, ni la inútil paja que queda en la era después de la trilla, ni tan siquiera vales el fango de los charcos que tras la lluvia cubren los caminos en la aldea de mi familia, Inisfree. Ni los ciervos rojos de Connemara, ni los cardos de las marismas ni los colimbos que anidan en los lagos del norte oirán nunca llevadas por el viento palabras que deshonren mi origen irlandés. Así, desde los altos acantilados y las rocosas bahías de la península de Dingle que sobrevuelan los alcatraces de Little Skelling hasta las aguas que bajan límpidas y frías desde el naciente del Río Shannon, e incluso mas allá de las turberas y lagos de las tierras bajas del interior, nadie podrá acusar a este hijo de su estirpe de incumplir su sagrada obligación. Así, algún día, volveré con la cabeza alta a los prados de la verde Irlanda, a arar los campos y a apacentar el ganado, a habitar de nuevo la casa de mi familia en Inisfree, orgulloso de poder considerarme digno de llamarme hombre…Terminemos de una vez. Yo no soy como tú, descastado: hay alguien que me espera en casa.
Justo en ese momento el gigante mostró a la vista un cucharón plateado para helado, cuya asa apretó dos veces con una mano ciclópea y un zas zas rasgó amenazadoramente el aire. –Hipólito- dijo, dando una orden sobreentendida al enano, que sacó de algún lugar de su famélico pecho debajo de su abrigo una urna cilíndrica de cristal transparente. En ella, como un pez de colores, nadaba un ojo con una pupila de un azul eléctrico intenso con el nervio óptico por cola, que pareció dar una alegre voltereta en el líquido y se quedó mirándonos fijamente al tiempo que de la garganta del hombre a mi lado brotaba un ahogado aullido de reconocimiento.
domingo, 28 de septiembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Declaración de intenciones
Este blog nace con la sana intención de dar salida a determinadas (quizás no tan sanas) inquietudes de su autor. Dichas inquietudes son principalmente literarias dada la afición del mencionado autor por escribir. Así, se publicarán microrrelatos y en algunos casos (seguramente los menos) narraciones más largas. Éstas últimas serán en ocasiones realizadas en colaboración, como se está haciendo en este momento con "Domingo" en grata compañía de la querida amiga de Tenerife Miriam.
Además también serán objeto de publicación otro tipo de textos atendiendo a los (veleidosos) intereses del susodicho (recalcitrante) bloguero, tales como artículos sobre Historia, Arte, pintura, fotografía, actividades culturales y comentarios varios.
Todo esto constituye el propósito inicial del blog en la actualidad. ¿Y el futuro? ni Dios sabe...
Por último, al autor le gustaría agradecer el eventual interés que pudiera o pudiese suscitar este blog y les invita a visitarlo cuantas veces quieran.
Un saludo
Teseo
Además también serán objeto de publicación otro tipo de textos atendiendo a los (veleidosos) intereses del susodicho (recalcitrante) bloguero, tales como artículos sobre Historia, Arte, pintura, fotografía, actividades culturales y comentarios varios.
Todo esto constituye el propósito inicial del blog en la actualidad. ¿Y el futuro? ni Dios sabe...
Por último, al autor le gustaría agradecer el eventual interés que pudiera o pudiese suscitar este blog y les invita a visitarlo cuantas veces quieran.
Un saludo
Teseo

1 comentario:
Me gustó el relato. Empezaré a leer con más paciencia desde el comienzo y ya te mandaré más comentarios
Publicar un comentario